Unknown Treasure: «the first glass beach album» 

Nacido bajo el alero de una generación musicalizada por MySpace, el tesoro escondido de este sábado es una prueba fidedigna y grandilocuente de que a veces más es más y no es necesario elegir entre cantidad o calidad. Formada en 2015, glass beach es una banda difícil de categorizar. Su sonido se caracterizó desde un principio por su innovación e impronta independiente que desde la vereda del “post-emo” combinó math rock, post-rock, pop-punk, jazz y electrónica ambiental. Cuatro años de ideas e incontables demos culminarían en la publicación del primer y único disco del proyecto de «classic j» McClendon, su vocalista, el convenientemente titulado «the first glass beach album».

Lanzado en mayo de 2019, el título simple y descriptivo del primer álbum de glass beach es inversamente proporcional a lo que exactamente sucede en su frenética hora de duración. El álbum es uno de los discos de música alternativa -por ponerle una etiqueta- más creativos de la historia. Divertido, tierno, brutal e intenso a partes iguales, el sonido del LP, en palabras de le vocalista, “es una fusión de nuestro diverso rango de influencias, incluyendo jazz de los 60, new wave, música antigua de sintetizador y emo, todo presentado con la dureza e irreverencia del punk”. El disco adopta la tendencia de una “ausencia de género”, reflejo de la creciente irrelevancia de los sellos discográficos y la democratización de la música a través del internet, jugando con los límites musicales hasta el punto de lo absurdo.

Sin embargo, a pesar de lo alegre y divertida que es la música, la lírica rara vez coincide con ese tono optimista. El álbum “en un intento por capturar el mundo externo con todo lo bueno, lo malo y, especialmente, lo confuso, se deleita con la falta de una narrativa enfocada, que retrata muchas perspectivas a la vez y cambia el estado de ánimo por puro capricho”, afirma j; cuya particular voz, que vacila naturalmente entre falsetes, palabras habladas y toda la fuerza de sus entrañas, se puede definir a ratos como una versión off-Broadway de «The Black Parade». El álbum está lleno de temas preocupantemente recurrentes en el día a día, narrados de una forma lúdica y metafórica, como los trastornos de salud mental, el abuso, la identidad de género y la distancia física y emocional, por nombrar algunos. De todas formas, tampoco deja de contener mensajes sumamente esperanzadores de amor y unión que hacen sentir al disco como el abrazo de un viejo amigo, que te mete en el mosh y te hace llorar de emoción.

En el álbum, glass beach separa sus largas ráfagas de electro-punk en «bedroom community», «yoshi’s island» o «dallas» con instrumentales más breves y oníricos que actúan como el jengibre en este banquete de sushi musical. “Siempre me ha gustado más la idea de escuchar todo un álbum de principio a fin”, explica McClendon; una filosofía que dota al álbum de una sensación de secuencia incluso en medio de sus exageraciones más frenéticas. En ese sentido, el tema que abre el disco «classic j dies and goes to hell part 1» es el mejor ejemplo de su maximalismo, que en 5 minutos mezcla jazz, math-rock, punk y elementos navideños en un plan “tómalo o déjalo” y nos presenta una banda con personalidad que no deja ninguna duda frente a la dirección de su música.

A pesar de su larga lista de semejanzas con el sonido revival de The World Is A Beautiful Place & I Am No Longer Afraid to Die, los ritmos complejos e irregulares de American Football, el fenómeno cyber-pop de 100 gecs o los elementos electrónicos experimentales de The Brave Little Abacus, nada en el LP se siente como un copiado y pegado. Incluso cuando su sonido o su lírica puedan sentirse levemente ligeros, la música es transmitida con una convicción y confianza que provienen del comprometerse con una decisión artística que casi nadie más tomaría, aprendiendo que la conexión genuina significa, a veces, olvidarse de tratar de atraer a las masas.

Desde su lanzamiento, la promoción del álbum ha sido reducida a un par de presentaciones en vivo en locales pequeños y unas particulares sesiones recientes de streaming. Por su parte, la entrevista-documental «the making of the first glass beach album» nos muestra en casi 90 minutos el proceso de creación y producción del disco canción por canción, gracias al interés puesto en el grupo por el sello «Run For Cover Records»

glass beach apareció de la nada y debutó con un álbum realmente sincero, dotado de una genialidad, personalidad y carisma musical fuera de serie. Es fácilmente uno de los discos más absolutamente disparatados, creativos, caóticos y reconfortantes del siglo 21 que, pese a su poca promoción y su carácter “de nicho”, ha sabido convertirse en un favorito incomparable para muches. Sin lugar a dudas, el disco merece un mayor reconocimiento hacia su música lúdica y su lirismo intrigante. Es, seguramente, una muestra adelantada a su tiempo de hacia dónde se dirige la música alternativa, y cualquier fan del género debería darse el tiempo de escucharlo.