Mujeres Bacanes: Kathleen Hanna

La protagonista en este último viernes del mes es considerada una heroína por muchas razones. Mezclando siempre música y activismo, la carrera artística de Kathleen Hanna se destaca por ser la vocalista y líder de la banda Bikini Kill, que además fue pionera en el desarrollo del movimiento Riot Grrrl a principios de los 90. Desde la vereda del feminismo, Hanna sería el estandarte de un movimiento artístico dedicado a denunciar el acoso, la violencia hacia la mujer y la falta de espacios seguros para las artistas.

Además del éxito y el carácter histórico que ha adquirido la banda con el paso del tiempo, Kathleen también se ha desempeñado artísticamente a través de la banda de dance-punk Le Tigre y su proyecto The Julie Ruin. Su abrupto alejamiento de los escenarios el año 2005, tras un tardío diagnóstico de la enfermedad de Lyme, no le ha impedido seguir siendo la protagonista de un movimiento que terminó siendo un nicho de importantes expresiones artísticas y una plataforma de respaldo y organización femenina. Su impacto se asemeja al de artistas icónicas como Siouxsie Sioux o Patti Smith y sus composiciones son un bastión del arte hecho por mujeres, que busca refundar el vínculo entre el feminismo y la música.

Nacida en Oregon el año 1968, el interés de Hanna por el feminismo y el arte se remonta a su infancia gracias a la influencia de su madre y su cercanía con los movimientos por los derechos de las mujeres. “Entonces me llevó a esta cosa del día de la solidaridad, y fue la primera vez en que he estado en una gran multitud de mujeres gritando, y realmente me hizo querer hacerlo para siempre”, afirmaría la artista al respecto. Tras lograr entrar a la universidad, Kathleen debió trabajar como stripper para pagar su matrícula. Durante este periodo incursionaría en el arte a través de la fotografía y la creación de Reko Muse, una galería de arte independiente, feminista y contraria a la censura que había sufrido en instituciones académicas.

En un principio Kathleen estaría dedicada al spoken word, abordando el sexismo y la violencia sistemática hacia la mujer. Sin embargo, lo cambiaría prontamente por la música tras una conversación con la escritora e ícono contracultural Kathy Acker. “Me preguntó por qué escribir era importante para mí, y le dije: ‘Porque siento que nunca me han escuchado y tengo mucho que decir’, y ella me dijo: ‘Entonces, ¿por qué estás haciendo spoken word? ¡Nadie va a shows de spoken word! Deberías tener una banda”. Así, y tras la formación de pequeñas bandas que no prosperaron, Hanna fundaría Bikini Kill junto a la baterista e ícono punk Tobi Vail a comienzos de 1990.

La banda no tardó en hacerse conocida gracias a su música contestataria y su meta de inspirar a otras mujeres dentro de la escena punk de la época, que era ampliamente dominada por hombres. Cansadas de esta situación, se organizarían a través de tocatas y presentaciones autogestionadas en las que surgiría la famosa frase “Girls to the front!” (“¡Chicas al frente!”), con la que invitaban a los hombres a abandonar, por una vez, las primeras filas, convirtiendo el espectáculo en un espacio seguro para las mujeres. Siguiendo una filosofía Do It Yourself (hazlo tú misme), el carácter feminista de la banda no solo se vería plasmado en sus shows, sino en la creación, edición y publicación de fanzines y revistas donde difundirían su mensaje, llegando incluso a compartir un histórico manifiesto el año 1991.

Los 2 primeros EP de la banda se lanzarían conjuntamente en un CD el año 1993. Posterior a este, la banda lanzaría 2 álbumes más: «Pussy Whipped» en 1994 y «Reject All American» en 1996. Luego, el año 1998, el sello Kill Rock Stars (al que pertenecía la banda) lanzaría «Bikini Kill: The Singles», una colección de singles y compilaciones de la banda alrededor de los años. Posteriormente ese mismo año, la banda llegaría a su fin de manera amistosa, pero impactada por el trato condescendiente de la prensa, que las alejaría de las entrevistas al no estar de acuerdo con la forma en que se las representaba.

Lejos de alejarse del mundo musical, y manteniéndose siempre al margen del mainstream, Kathleen desarrollaría su proyecto solista Julie Ruin el año 1999, parcialmente inspirado por el trabajo de la filósofa feminista Julia Kristeva. Ese mismo año, y con el uso de tan sólo una máquina de ritmos, su proyecto lanzaría un LP homónimo grabado y autoproducido en su habitación, mostrando una faceta más íntima e introspectiva que la cultivada en Bikini Kill. “Quería que el disco de Julie Ruin sonara como el disco de una chica en su habitación, pero que luego no lo tiró a la basura o lo guardó en su diario, sino que lo sacó y lo compartió con la gente”, comenta Hanna al respecto.

Tras mudarse a Nueva York a comienzos de los 2000 y con la colaboración de les artistas Johanna Fateman y JD Samson, la artista formaría la banda Le Tigre, que incursiona en la música electrónica, el baile y los beats sin dejar de lado el espíritu punk que la caracteriza. Habiendo publicado 3 álbumes de estudio, Kathleen abandonaría la banda el año 2005 tras haber sido diagnosticada tardíamente de la enfermedad de Lyme. Durante la segunda parte de la década, Hanna estuvo enfocada en su recuperación y en actividades relacionadas al arte desde un punto de vista académico hasta el año 2010, cuando retomó su proyecto solista Julie Ruin, esta vez transformándolo en una banda llamada The Julie Ruin, junto a Kenny Mellman y Kathi Wilcox. En junio de 2013 la banda lanzó su primer single «Oh Come On» y su primer álbum «Run Fast» fue lanzado en septiembre del mismo año. 2013 también sería el año en que vería la luz «The Punk Singer», documental de Sini Anderson sobre la vida, obra e intimidad de la artista.

Al día de hoy, y estando libre de enfermedad desde el año 2015, la figura de Kathleen Hanna es insuperable en muchos sentidos. No es sslo su contribución musical lo que la destaca, sino su compromiso social y político para con un público históricamente invisibilizado. Además de su expresión artística contingente y contestataria, su existencia se destaca por ser la gestora de un movimiento y una plataforma que reivindicó la figura y posición de las mujeres en la escena musical local y mundial. El género Riot Grrrl, del que Hanna fue figura central, ha sido acreditado como un sitio histórico para el empoderamiento de las mujeres y el moldeamiento de nuevas ideas feministas.