Gente Triste: «Dance Fever»

Acá ya sabemos lo que los domingos significan: tristeza. Hoy, a casi un mes de su estreno, hablaremos de un álbum que a primera oída no suena tan triste, pero que esconde una tristeza profunda nacida de la cuarentena y todos los temas que nos hizo sobreanalizar. Nos referimos a «Dance Fever» de Florence + the Machine.

Es el quinto álbum de la banda, publicado el 13 de Mayo del 2022, siendo por un lado, un retorno sonoro a sus raíces, y por otro, una búsqueda de nuevos caminos en los que mezcla estridencia salvaje, un pop bailable, una canción casi completamente a capella y lo que ya conocemos y amamos de Florence, siempre protagonizado por su voz potente, versátil y maravillosa.

Se había propuesto grabar el disco en Nueva York a principios del 2020, colaborando con Jack Antonoff y Dave Bayley por ejemplo, pero la pandemia hizo lo suyo y la obligó a volver a su hogar en Londres y seguir trabajando desde ahí, con algunas canciones escritas antes y otras durante su aislamiento.

El título del álbum, así como el de una de sus canciones, se desprende de la “coreomanía” o la “fiebre de baile”, un fenómeno ocurrido entre el siglo XIV y el siglo XVII en Europa, que consistía en grupos de gente que bailaban erráticamente, a veces cientos o miles a la vez, por horas o incluso días hasta colapsar por cansancio o heridas e incluso morir. Y si bien se puede usar algunas canciones del álbum para bailar, también se puede llorar un montón, quizás ambas a la vez.

El álbum abre con «King», en la que Florence reflexiona sobre los arquetipos que trae el ser mujer y el ser ella misma, entre ser “Rey” como una manifestación de su ego como performer y también un cargo de poder máximo para el que no necesita a un otro (hijx o pareja), o ser “Madre” o “Novia” como estos cargos que nacen de la relación con un otro, además de representar su conflicto con el deseo de la estabilidad de una vida más doméstica, y la imposibilidad de balancear ambas cosas en el estilo de vida que quiere tener.

«Free» nos habla sobre la ansiedad de la que sufre Florence, el cómo a veces se apodera de ella y es incapaz de controlarla, que no tiene sentido intelectualizarla porque el intelecto y las enfermedades mentales existen en la cabeza al mismo tiempo, y que aunque solo exista en la cabeza, pueden tener graves efectos en la salud en general, pero por un momento, cuando escucha/hace música y baila, es libre. Florence contó en algunas entrevistas que necesita el movimiento para ahuyentar los malos pensamientos, porque si se sienta en su tristeza, esta nunca se va. Si la ansiedad nunca se va, hay que hallar una forma de bailar con ella.

Si en «Free» bailamos con la ansiedad, en «Choreomania» bailamos hasta morir. Comienza con un relato de un ataque de pánico por algo irracional, sobre el lado imaginativo de la ansiedad que crea los peores y más improbables escenarios para paralizarnos, como saber que algo viene por nosotros pero es invisible para los demás, y lo compara con esta fiebre de baile con música imaginaria sin poder detenerse jamás. Cuando menciona en el coro: “Something’s coming, so out of breath”(Algo viene, sin aliento), vuelve a hablar sobre la cualidad profética de sus letras, ya que esta canción la escribió en el 2019, y luego vino el Covid. Además incluye una reflexión sobre el rock and roll, que no ha muerto solo porque mutó y pasó a las manos de mujeres geniales, solo que hay personas que no lo reconocen como tal, comparándolo con el regreso de Jesús pero con un hermoso vestido.

En «Back in Town», hecha prácticamente a capella con unos coros angelicales de fondo, habla sobre el proceso creativo y práctico de grabar el álbum, de irse a otra ciudad con la fantasía de que será un lugar vivo y mágico, pero que la mayor parte del tiempo estará sola en una habitación, entonces va por el placer de su fantasía, pero se queda por el dolor de la realidad. *Aplica para múltiples situaciones.

Como la primera canción de pandemia, «Girls Against God» expresa el enojo de Florence contra Dios, ya que ella considera el escenario como su iglesia y la performance como su práctica de la fé, y la pandemia no solo se lo había arrebatado, sino que lo había vuelto ilegal, por lo que ella lo toma como un exilio del cielo. Mezcla esto con la nostalgia de su juventud incluso antes de que existiese la banda, años de una libertad salvaje, que incluso sin pandemia no podría revivir, lo que no aminora su furia contra Dios, que lamentará que se metió con ella. De todas maneras es bueno estar viva llorando en el cereal a medianoche, y habiendo sido exiliada del cielo, termina haciendo un pacto con el diablo.

«Dream Girl Evil» es la primera muestra de este paso hacia la oscuridad, y nos habla sobre las expectativas que tienen los hombres de las mujeres que desean, una idealización tan imposible de cumplir que pasan de ser ángeles a seres malvados a sus ojos por cualquier tropiezo. Un himno poderosísimo lleno de frases desafiantes que nos hacen cuestionarnos el lugar en el que nos ponen lxs demás y también el lugar en el que nosotrxs lxs ponemos. En «Prayer Factory» vuelve a tocar el tema del exilio del cielo, con la línea: “all this work gone to waste, you made me climb and you shut the gates”(todo este trabajo desperdiciado, me hiciste escalar y ahora me cierras las puertas), también aplicable a una relación tóxica, cerrando abruptamente tal y como se vió encerrada por el Covid.

«Cassandra» era una princesa de Troya a quien Apolo otorgó el don de la profecía, pero al negarse a revelarle su propio futuro, la castigó manteniendo el don pero haciendo que nadie le creyera. En la canción Florence se compara con Cassandra al ser ambas castigadas por una divinidad que les otorgó un don, pero luego les quitó su forma de manifestarlo. Además, en el encierro y la cotidianeidad Florence sufrió un bloqueo que no le permitía escribir nada, perdió su habilidad de plasmar profecías en sus letras y perdió la audiencia que las escuchaba en vivo. Ahora con un enojo cada vez mayor hacia los dioses, el cielo está sobrevalorado, pero en «Heaven is Here» lo resignifica con brujería, música y poder femenino y ahora el cielo está aquí si lo quieres.

Un año después de «Cassandra» llega «Daffodil», aún con la pandemia ardiendo, con más casos cada día y nuevas variantes del virus, pero todo durante la primavera, que suele significar esperanza y nuevos comienzos. “Daffodil” es el nombre británico para la flor de narciso, que florece en esa época en la que Florence volvió a sentir un poquito de esperanza, y en la que vuelve a “ver el futuro”, marcando el regreso de sus poderes liricistas.

En «My Love» vuelve a explorar su bloqueo de escritora derivado de estar encerrada en su cotidianeidad por la pandemia, donde este ejercicio que siempre había tenido sentido para ella, ahora le resultaba imposible, entonces si no es en las páginas y las canciones, ¿dónde pone su amor?. “My arms emptied, the skies emptied, the billboards/buildings emptied”(mis brazos se vaciaron, el cielo se vació, los carteles/edificios se vaciaron) hace referencia a todo lo que cambió el Covid: ya no poder abrazar a tus seres queridos, menos aviones en el aire por el cierre de las fronteras, la cancelación de cientos de conciertos y espectáculos y mucha gente trabajando desde sus casas, vaciando los edificios de oficinas.

«Restraint» vuelve a tocar el tema de las mujeres en el rock and roll, emulando una voz tipo Iggy Pop  y preguntando si ya está lo suficientemente callada/calmada como para gustar, siendo una mujer en la industria de la música. Ha mencionado en entrevistas que recuerda mucho más las críticas negativas que las positivas, y que un elemento recurrente que le critican es que su música es “demasiado abrumadora”, y después de «Daffodil» y «Cassandra» se ríe un poco de eso.

El freno de «Restraint» parece haber funcionado, ya que «The Bomb» es mucho más calmada en ritmo, pero es un terremoto emocional. Habla tanto de una relación con otra persona como de la relación con el arte mismo y lo atractivo de la inestabilidad y el caos para la creación. El autosabotaje, el empecinarse en una relación condenada al fracaso o peor, que ni siquiera existirá nunca, en la idealización de una relación futura imaginaria que conociendo el destino, con una persona que no nos da nada, igual ponemos todo de nuestra parte, construimos el barco para que naufrague y nos enamoramos de la bomba que nos destruye. A veces conseguimos lo bueno, a veces conseguimos el arte.

Finalmente, en «Morning Elvis» hace un paralelo entre el Rey, que falleció sentado en el baño por una sobredosis, y ella misma debido a sus antiguas adicciones, refiriéndose a un episodio en particular en el que no quería dejar la fiesta, hizo que su banda se fuera sin ella y bebió y se intoxicó hasta terminar en el suelo de un baño para mantenerse fría. El final de la canción con el público aplaudiendo es el símbolo de cómo ella sí logró despertar la mañana siguiente y llegar al escenario, al contrario de Elvis, por lo que sabe lo que significa “ser salvada” y ahora se encuentra completamente sobria hace años.

Un disco que nos hace reflexionar sobre los años que sobrevivimos, pero que nos quitaron tantas cosas, sobre lo que significa ser mujer en la industria y en el mundo, cargado de furia y tristeza, pero también de empoderamiento y esperanza, todo musicalizado magistralmente haciéndonos llorar, desafiar a Dios y bailar hasta morir.

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