Taller Dejao

27-05-2023 | Unknown Treasures

En este nuevo Unknown Treasure de día sábado, nos referimos a un desconocido proyecto de un artista chileno sumamente famoso. Hoy hablamos de la banda Taller Dejao.

Daniel Riveros, mejor conocido como Gepe, es un baterista chileno que, conociendo su perfil actual, sería difícil adivinarlo como solo eso. Sin embargo, en 2005 esta idea sería obvia, pues dentro de la escena musical chilena era conocido por tocar batería en el primer álbum de Javiera Mena, pero incluso antes por su participación en Taller Dejao.

Daniel comenzó tocando batería al ser inspirado por un álbum que compilaba presentaciones del mítico festival «Woodstock» de 1969. Sin embargo, como él mismo confesaría en el documental «Al Unísono», no era el mayor fan del rock, pues prefería el folk y el pop. Acá es donde entra en acción la segunda parte de Taller Dejao: Javier Cruz, un bajista conocido por su manera peculiar de tocar bajo, usando sus tonos más agudos rasgueando casi como una guitarra.

El grupo tenía una composición extraña: bajo y batería, aunque no del todo inédita, pues en la escena indie mundial había una tendencia a volver a lo básico, con bandas con la misma composición cómo Lightning Bolt y Death From Above 1979. No obstante, mientras estos otros artistas tomaron un talante agresivo y ruidoso, Taller Dejao no utiliza la distorsión para llenar el espacio, sino que toma un cariz más extasiado y catártico. Esto hizo que en su momento, sus tocatas fueran conocidas por su intensidad y el sentimiento comunal que produjo en públicos principalmente universitarios.

El único disco que editaron, «El brillo que tiene es lo humano que le queda», es una muestra clara de la sinergia que compartían Daniel y Javier. En términos rítmicos y percusivos se ve de todo, desde ritmos casi andinos y folk hasta un motorik beat que nos conecta con el mundo del punk. Por su parte, el bajo de Javier es increíblemente versátil, que incluso en algunas canciones como «No Quiero Querer a Nadie» puede confundirse por una guitarra acústica. Esta cualidad melódica recuerda a veces el trabajo de Peter Hook en New Order y genera una musicalidad que complementa perfectamente las melodías de Daniel en voz.

Lo comunal de estas canciones surge de que cada una llama al coreo masivo, como cuando Daniel extiende las vocales de la frase “Y ver volar los elementos” en «Natur y Maleza». Por lo demás, las baterías también ayudan en este sentimiento de excitación grupal, como la velocidad que toman en «Caminito». Es tal la intensidad de esa canción, que parece que los “laralalalai” de Daniel le salen más por instinto e inercia que por un movimiento calculado para hacer algo pegajoso. En «Taino» la energía que traen las baterías y el grito en el coro parecen ir tan rápido que te hacen sentir que en cualquier momento puedes despegar y volar.

Es que las baterías en «El brillo…» están tan bien grabadas y mezcladas que llega a dar gusto. Los platillos desorientan y las notas extras de los toms y las cajas están tan bien puestas en el espacio sónico que parecen dar vueltas alrededor del oyente, como si estuviésemos dentro del kit mismo. Es esta batería propulsiva que convierte la melodía de canción de cuna de «Gegen y el Jabao» en una marcha de batalla. Sin embargo, en la mezcla hay espacio para el bajo de Javier y las voces de Daniel, pues les dan espacio de respirar a cada componente, nunca sobrepasando los límites de estimulación.

No obstante, cuando se ven canciones como «Cuando Canto Hacia Dentro» es obvio que Daniel tenía otros planes para su carrera. En la letra proclama lo personal que es la música para él y por lo mismo es evidente que estar en una banda no es lo mejor para sus intenciones personales. Según lo contado por ambos miembros, el fin del grupo fue más bien armónico, pues sus interacciones personales siempre tenían un tono fluido e improvisado. Esto se nota en «El Dolor», la última canción del álbum que termina un poco de manera anticlimática y abrupta, cómo si se les hubiese olvidado que tenían que tocar otra.

El final del álbum deja un sabor de boca que indica que la historia está inconclusa y que queda más por ver, pero simplemente no es así. Después de su separación en 2005, Daniel continuó con su proyecto de Gepe con cada vez mayor éxito y Javier pasó por varios cambios vocacionales y de lo último que se sabe es que vive en Brasil. En 2018 se reunieron para tocar un único espectáculo en el «Festival Neutral» en Matucana 100, festival en que tocaron previamente en 2003 o 2004. En el mismo 2018 el sello Quemasucabeza reedita su único álbum para las diferentes plataformas digitales.

Tanto Daniel como Javier mencionaron en una entrevista la existencia de temas que no habían grabado o de demos que se perdieron con el computador de un productor. En la misma entrevista hablan de la posibilidad de regrabar algunas de sus canciones viejas, pero no hay noticias de que esto vaya a suceder. No obstante, señalan que su relación es buena y que solo no tocan juntos porque no se dan las ganas de hacerlo. Han pasado cinco años desde las últimas noticias de este dúo, pero su influencia en la escena chilena se siente desde entonces. Daniel menciona que tanto Niños del Cerro y Emisario Greda recuerdan el álbum sin haberlo vivido en persona, pues vive de alguna manera como un mito en internet.

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