Ana María Vahos
Con sonidos acústicos, una voz suave y letras reflexivas, en este viernes de Mujeres Bacanes celebramos a Ana María Vahos, artesana actual de la tradición de cantautores latinoamericanos. Su vínculo con la música empieza desde la niñez, cuando se imaginaba en el escenario, interpretando canciones de sus cantantes favoritos. Este impulso creativo la llevó a participar en coros y bandas a lo largo de su infancia y adolescencia, cantando villancicos y covers. A los 15 años aprendió a tocar la guitarra de manera autónoma, luego de recibir el instrumento como un regalo de cumpleaños, desde entonces letras y acordes propios la han acompañado.
La música de Ana María, llena de intimidad e introspección, nos envuelve en un aura de profundidad, con letras directas que cuestionan las relaciones con otros y con nosotros mismos, apoyadas por acompañamientos principalmente acústicos y pulsados. Con una discografía que incluye dos EPs y dos discos de larga duración, la trayectoria de Ana María incluye escenarios como el Festival Estéreo Picnic.
Esta cantautora colombiana inició su camino en la escena musical independiente de su país en 2018, con el lanzamiento de su primer EP, «Anana, Primer Balbuceo». Las tres canciones que lo componen están acompañadas en su totalidad por la guitarra, y sus letras son un diálogo interno al que se nos da acceso. Según el orden, parecen resaltar las etapas de una relación, pero iniciando con el final: el EP nos recibe con «Canción para el Otro», donde la cantautora habla de los anhelos y expectativas que otros pueden reflejar en nosotros, sin ofrecer lo mismo de vuelta. Luego, con «La Frontera», explora los límites, su flexibilidad y su razón de ser y finaliza con «Quererte Mirar», una canción directa y coqueta, que explora el gusto que se tiene por alguien más.
«Amor Profundo», el segundo trabajo de corta duración de la cantautora, llega en 2020. Se nos presenta desde la primera canción como una propuesta musical más exploratoria, que se desarrolla a lo largo de seis canciones que se responden entre sí. Temáticamente, el EP parece estar dividido en dos, con una primera parte dedicada al amor y una segunda enfocada en el desamor. La canción homónima que abre el disco tiene ritmos de danza parecidos al bambucocon, una ligereza y esperanza que se expresan melódica y líricamente, mientras que «Desengaño», canción que inicia la segunda parte, utiliza un tempo más lento, y con letras de despedida.
«No Tiene Nombre» es la canción intermedia de la segunda parte y observa en retrospectiva una relación que acaba de terminar, respondiendo a «Canción Enamorada» con letras idílicas, que son apoyadas por una trompeta que suena a lo lejos. En «No Soy de Callar», ya se ven las primeras grietas del amor, donde la necesidad de comunicar lo que se siente se antepone al no querer incomodar. Su respuesta es «El Viento», la canción final del disco y la más corta, con una letra reflexiva sobre lo que nos puede unir o alejar de una persona. La canción termina con una pequeña cita del motivo musical de la primera canción del disco.
Dos años después, Ana María lanza su primer disco «Los días», producido por Santiago Navas bajo el sello discográfico independiente In-Correcto. Con 13 canciones, la cantautora extiende su paleta musical con una producción más redonda, utilizando bajos y coros que apoyan la interpretación, además de contar con invitados para algunas de sus canciones. Estos nuevos elementos refuerzan la intimidad, profundidad y melancolía propias de la música de Ana María dotándola de más contrastes y matices. La cantante nos guía por las fases del amor usando como marco el transcurso de un día.
Con «Buenos Días», una pieza corta principalmente instrumental con un acompañamiento acústico y tranquilo, da inicio a la primera sección del disco, dedicada a la mañana. Pasa del despertar junto a quien se quiere al momento de partir de casa en búsqueda de otros caminos, sin antes dejar un mapa de regreso hacia quien la espera, como se aprecia en «Cartografía». «Helena» se presenta como una de las canciones más llamativas del disco, con una línea de bajo bastante presente que apoya las letras, en las que se expone el deseo de que ese alguien esté cerca, de compartir las experiencias de lo exterior con esa persona. La mitad del disco está marcado por «Mediodía», una variación totalmente instrumental de la canción que abre este trabajo musical. Ana María nos muestra una nueva sonoridad en «Del Otro Lado», utilizando sintetizadores además de guitarras y bajos, señalando las primeras grietas en ese amor idílico matutino. Así, llega «Los días», una canción de cuna que apacigua y reconforta el malestar del conflicto para dar lugar «Al Amanecer», en el que el sueño se presenta como la aceptación de lo que ha pasado.
La discografía de la cantautora colombiana se expande en 2025 con su segundo disco de larga duración «Todas Las Aguas», conformado por 9 canciones. La influencia de ritmos latinoamericanos es mayor en este disco, situando siempre a la guitarra como base principal del acompañamiento. Las letras exploran un viaje interno que ubica al cuidado como eje central, como se deja claro en la canción inicial «Si Mis Palabras» coescrita con Daniel Cortés. «Agüita» destaca en la primera parte del disco, mostrándose como un rezo que nos ayuda a sanar y a transitar las heridas que llevamos dentro, mientras «Dulce Deseo» se entrega al anhelo en un bolero tranquilo. En este viaje de introspección y de poner en valor lo propio, llega «Rareza», coescrita con Manuela Ocampo, usando como acompañamiento una única línea de bajo y algunos elementos percusivos; el coro es especialmente llamativo al separar las voces con elementos rítmicos. Y por último, como grito de confesión y advertencia, aparece «Batalla», canción a capela en la que se expone cómo los conflictos internos pueden salir y lastimar en el exterior, con una interpretación cruda y honesta por parte de Ana María.
Así, la trayectoria musical de esta cantautora es una constante invitación a la honestidad y a ahondar en nuestros recovecos, brindándonos compañía a través de sus letras y melodías, y animándonos a la vulnerabilidad, la sensibilidad y la empatía.