Travis en Teatro Coliseo
La magía del re-encontrarse
Reseña por: vxl.ink
Fotografías por: Gary Go para Fauna Producciones.
Tras una exitosa gira por Chile, marcada por un memorable paso por el Festival REC en Concepción, la banda escocesa Travis se despidió de nuestro país con una noche cargada de emoción, recuerdos y una profunda conexión con su público en el Teatro Coliseo.
Con más de 30 años de trayectoria, Travis ha logrado trascender generaciones. Su música ha acompañado a millones de personas alrededor del mundo, y Chile no ha sido la excepción. La tarde del miércoles 1 de abril, el Teatro Coliseo comenzó a llenarse rápidamente de fans que llegaban con la expectativa de re-encontrarse con una banda que no visitaba el país desde hace ya un largo tiempo. Pero no era solo un concierto lo que esperaba a les asistentes; era también la oportunidad de revivir momentos, canciones y emociones que, de alguna manera, forman parte de la historia personal de quienes crecieron escuchándolos.
La noche comenzó a las 20:00 hrs con la participación de la banda nacional invitada, We Are the Grand, quienes sorprendieron al público con una especial adaptación de su show en formato acústico. Esta decisión no solo aportó una atmósfera más íntima a la velada, sino que también se alineó perfectamente con el espíritu del concierto que estaba por venir. Con una recepción cálida y entusiasta, el público acompañó cada canción con aplausos y luces, generando desde temprano un ambiente de complicidad que permaneceria toda la noche.
A las 21:00 hrs, las luces del recinto se tiñeron de rojo y la expectación crecía con mayor intensidad. Entonces apareció Travis sobre el escenario, dando inicio al espectáculo con «Bus» y desatando una explosión de gritos y aplausos que sacudió todo el teatro. Desde los primeros minutos quedó claro que la conexión entre la banda y el público seguía intacta. Francis Healy, con su cercanía habitual, no tardó en bromear sobre pequeños errores al iniciar algunas canciones y en agradecer una y otra vez el recibimiento chileno, generando una atmósfera relajada y profundamente humana que terminó por conquistar definitivamente al público.
Entre anécdotas, reflexiones y llamados a la empatía, la banda fue entregando una noche donde la música se mezclaba con mensajes sobre la importancia del autocuidado, el rechazo a la violencia intrafamiliar y el poder que tiene la música para unir a las personas. Así, comenzaron a aparecer canciones como «Love Will Come Through» y «Writing to Reach You», preparando el camino hacia uno de los momentos más celebrados de la noche: «Side», la que sonó bajo un juego de luces verdes que dibujaba ondas sobre el escenario y acompañado por un coro intenso que celebraba la reunión con uno de los clásicos más queridos del grupo.
La emoción alcanzó uno de sus puntos más altos cuando Francis Healy se dirigió al público con palabras que llenaron el recinto de un silencio cargado. O bueno… casi, si no contamos los intensos gritos de “te amo” desde el público, mismos que serían respondidos por la banda entre risas.
“Este es un momento para recordar a quienes más queremos, incluso si ya no están entre nosotres”. Con esa introducción comenzó «Closer», transformando el teatro en un espacio íntimo donde más de une dejó escapar una lágrima. El momento continuó con «Sing», que se convirtió rápidamente en uno de los instantes más coreados de toda la velada.
Más adelante, la banda se tomó un momento para reflexionar sobre la división generada por ciertas figuras políticas y estructuras de poder, antes de interpretar «Selfish Jean». La energía en el recinto volvió a encenderse mientras el espectáculo de luces se volvía más dinámico y colorido, acompañando la intensidad de la canción y gritos del público contra el actual presidente.
La noche también tuvo espacio para la improvisación y el humor. Problemas técnicos con la guitarra de Francis terminaron convirtiéndose en un momento memorable cuando, en un gesto de frustración cómica, decidió lanzarla lejos, provocando carcajadas de les asistentes. Entre risas y complicidad, el concierto continuó con temas como «Gaslight», «Turn» y «Flowers in the Window».
En medio de estas presentaciones, Healy compartió reflexiones sobre la paternidad, señalando incluso a un niño entre el público que vestía una polera similar a la que usó en el video de «My Eyes». Sus palabras derivaron hacia pensamientos sobre el paso del tiempo, el mundo que habitamos y la salud mental, abordando con honestidad lo difícil que puede ser mostrarse vulnerable en una sociedad que muchas veces castiga la diferencia. Las respuestas del público no tardaron en llegar en forma de aplausos alegres y gestos de apoyo.
Cuando la noche comenzaba a acercarse a su final, Travis aún guardaba uno de sus momentos más explosivos. Con una mezcla de ironía, humor y vulnerabilidad, la banda interpretó «Why Does It Always Rain on Me?», junto con una premisa que desató nuevas risas en el recinto: “Ustedes allá arriba no pueden saltar porque este teatro se caería, solo disfruten como saltamos aquí abajo”, refiriéndose a las personas en platea. Así se desató una auténtica fiesta en el teatro con saltos, palmas y un público cantando con fuerza una canción que, a estas alturas, era un himno para diferentes generaciones.
Con esa energía desbordante, la banda se preparó para despedirse. Pero antes de abandonar el escenario, Travis volvió a agradecer el cariño del público chileno y prometió regresar en el futuro, esperando que esta vez la espera no sea tan larga. Y como broche final, Francis Healy levantó la voz para lanzar el clásico grito: “¡Chi, Chi, Chi!”, recibiendo de inmediato la respuesta ensordecedora del público.
Así terminó una noche que fue mucho más que un concierto. Fue un puente entre el pasado y el presente, entre canciones que marcaron distintas etapas de la vida y una banda que, después de tanto tiempo, sigue demostrando que su música continúa viva en el corazón de quienes la escuchan. Travis volvió a Chile para recordarnos que las canciones pueden acompañarnos durante años, atravesar generaciones y, aun así, seguir sonando tan cercanas como la primera vez. Porque al final, sin importar de dónde venimos, dónde estamos o a qué generación pertenecemos, todes compartimos lo mismo: el amor por la música.