The Fall Of Troy en Teatro Cariola
La impredecible aparición de un antiguo ídolo
Reseña por @Improbablynot
Fotografìas por Rubén Garate (@brutal_pebre_)
El tiempo pasa y, lamentablemente, se empieza a volver muy difícil para muchas bandas girar hacia latinoamérica, especialmente si no están en su momento más álgido.
Sin embargo, 20 años no fueron suficientes para acallar la ilusión de poder ver a The Fall Of Troy por primera vez en nuestro país, una fecha especial por contar como el vigésimo aniversario de su disco «Doppelganger», trabajo que significó mucho para su reconocimiento mundial. Es así que este 5 de marzo en Teatro Cariola, su público acérrimo demostró tener energía de sobra, dándolo todo desde el principio de la jornada, cuando las bandas teloneras se tomaron el escenario.
Unos pocos minutos antes de las 19:50 hrs., los integrantes de Matar a Grax fueron directo al hueso: desorden, excentricismo y canciones que alternan lo caótico con lo pulcro. La ambientación, típica de la banda, ya vaticinaba esta particularidad teatral e irónicamente infantil, con peluches de Bilz y Pap, gorros de animales, de cthulhu y el uso de inflables para lanzar al público y motivar los primeros mosh pits de la jornada. Es así que el show desató la violencia “con amor” desde temprano, logrando sentirse cercanos con les asistentes a través de interacciones entretenidas entre ellos y con la gente, además de poder escuchar adelantos de sus próximos lanzamientos, al parecer, agendado para dentro de un mes.
Por otro lado, si el show de Matar a Grax mostró una propuesta de nuevas generaciones, Delta es la voz de la experiencia y perseverancia. Con más de 20 años de existencia, la banda nacional de rock/metal progresivo tuvo una presentación impecable, concentrándose en su último lanzamiento «Gemini» (2024) y su nueva era junto a la vocalista Paula Loza, incluyendo también canciones de sus álbumes más queridos y sencillos que, en sus propias palabras, son sus canciones para fiesta.
Desde el momento de la bajada de Delta, la ansiedad y expectación del público se empezó a hacer cada vez más palpable. Entendible, pues la aparición del baterista Andrew Forsman como Pedro por su casa para probar sonido rápidamente, no hizo más que encender los ánimos de esta caldera que venía a fuego alto constante. De hecho, aunque el show empezaba a las 22 hrs. la gente empezó media hora antes a creer que podrían salir en cualquier momento, ilusión también manejada por las típicas transiciones entre canciones de espera y bajadas de luces sutiles que daban la sensación de que el show ya quería comenzar.
Finalmente, siendo casi las 22 hrs., The Fall Of Troy empezó su presentación en nuestro país. La euforia se volvió palpable desde la entrada del bajista Jon-Henry Batts y el cantante-vocalista Thomas Erak, comenzando en alto con la rememoración de «Laces Out, Dan!», «Mouths Like Sidewinder Missiles», «I Just Got This Simphony Goin’», canciones de su álbum más icónico.
Desde ese primer momento, la cancha se convirtió en un mar de saltos y moshs generalmente orgánicos, aunque a veces retomando fuerzas gracias al apoyo y peticiones del cantante. Asimismo, el setlist tampoco dejó tiempo al descanso, con canciones rápidas, vertiginosas y variadas como «Ex-Creations», «Problem?!», «Semi-Fiction» y «Straight-Jacket Keelhauled», dando espacio tambièn para otros trabajos de su discografía como «Manipulator» (2008) y «In The Unlikely Event» (2009), algo que sus fanáticos más fieles definitivamente agradecieron. Por otro lado, temas como «Rockstar Nailbomb!» y «Reassurance Rests In The Sea» revivieron la nostalgia más lejana, al ser trabajos solo presentes en su álbum homónimo de 2003.
La pulcritud de la banda se vio en todo momento por parte de sus integrantes, con ritmos difìciles pero precisos, así como con un Thomas Erak que fue capaz hasta de abanicarse mientras tocaba. De este modo, nos iban entregando distintos actos de su álbum «Doppelganger», siendo «Whacko Jacko Steals the Elephant Man’s Bones», «You Got a Death Wish, Johnny Truant?» y, por sobre todo, «Act One, Scene One», las que trajeron de los momentos más álgidos de la noche con interpretaciones impresionantes por parte del grupo.
Sin embargo, una de las cosas que es imposible no mencionar es el problema del sonido del teatro, el que debido a la exagerada reverberancia, no lograba traducir las distorsiones y ruidosas baterías en una sensación clara de los diferentes instrumentos. Esato fue algo notorio para la mayoría de les asistentes, murmurándose en varios grupos de amistades a la salida del show, dejando un pequeño sabor agridulce sabiendo lo detallista de cada sección instrumental construida por los integrantes. Aún así, esto en ningún momento se convirtió en un inconveniente para el público, quienes no soltaron el centro de la cancha hasta el final.
Volviendo a las interacciones, se notaba la cercanía por parte del grupo con su querida audiencia, quienes no dudaron en molestar a Thomas y Jon con tomarse un vaso “al seco”, quienes respondieron, a modo de broma, que “esto no es una fiesta de fraternidad”. También, la banda tomó en consideración la petición de un fan en medio de la cancha con un pequeño cartel con la canción «Chapter V: The Walls Bled Lust», parte del álbum conceptual «Phantom on The Horizon» (2008), y de la que también pudimos escuchar «Chapter I: Introverting Dimensions». El bajista vio el papel a mitad del concierto, apuntándolo y diciendo que se venía, para que unas cuantas canciones más adelante, Thomas lo apuntara riéndose, para proceder a tocarla.
El final se acercó con «Macaulay McCulkin», último tema de «Doppelganger», quedando la guitarra de Thomas en un loop, hasta terminar en un escenario con luces apagadas. Las luces volverían a encenderse luego de los incansables gritos del público que sabía que faltaba su canción más importante.
Al momento de encenderse las luces, Thomas Erak subió sin compañía, para interpretar la canción «Caught Up», otra de las que fueron pedidas por el público, esta vez desde un celular del palco. El momento de paz y reflexión fue la preparación perfecta para, ahora sí, para la llegada de «F.C.P.R.E.M.I.X», canción más famosa del grupo y que trajo la euforia de la gente, coreando a todo pulmón estrofas y coros.
La despedida fue larga, con sus integrantes sacándose fotos con el público detrás, dando la mano a las primeras filas, junto a un Thomas que salió para volver al rato por segunda vez, con la intención de decir adiós de manera más informal. Lindo detalle que sirve como agradecimiento para toda esa gente que estuvo horas haciendo fila, esperando dentro del recinto, cantando, gritando, saltando y entregando su alma a un proyecto que, aunque costó que llegase, finalmente pudo dar su gratitud a sus fans chilenos y latinoamericanos a través de esta última gira. Un show que se transformó en la llegada tardía pero necesaria de una de las referencias más grandes del emo y post-hardcore en los 2000. Porque nunca es tarde para emocionarse con lo que tanto nos apasiona.