THE LUMINEERS EN MOVISTAR ARENA
la identidad, la comunidad y la esencia de la nostalgia
Reseña por Jota
Fotografias por @andieborie (vía @dgmedios)
¿Estamos en 2026, en medio de un montón de guerras sin sentido, con el panorama político mundial cayéndose a pedazos y topándonos con inteligencia artificial en cada rincón; o estamos de vuelta en 2012, el pleno apogeo hipster, con los bigotes, las coronas de flores, y por supuesto la combinación de sombrero y suspensores? La noche del primero de mayo, junto a The Luminners, pareció ser mucho más la segunda.
Con 15 minutos de retraso comenzó el concierto, con los roadies acomodando los últimos instrumentos y las últimas personas del público acomodándose rápidamente en sus ubicaciones, antes de que apagaran las luces y comenzaran las visuales referentes a su último disco, «Automatic», entonces se dejaron sonar los primeros acordes de la primera canción de dicho disco, «Same Old Song». La respuesta del público fue inmediata y no decayó a lo largo de todo el show.
«Flowers in Your Hair» nos llevó de vuelta a un tiempo más simple, con la alegría de los panderos y varias guitarras acústicas al unísono, con aplausos y gritos de júbilo, mientras que «Angela» tocó fibras sensibles en muchos de los asistentes, podemos declarar que lágrimas fueron derramadas en el recinto. Entonces, Wesley se dirigió al público por primera vez, agradeciendo nuestra presencia y agradeciéndole también a la vida por su banda y por su vínculo con Jeremiah, el otro miembro fundador, dando paso a «You’re All I Got», un momento muy emotivo entre ambos.
Luego, quiso hacer un brindis, comentando que todos sus amigos le han reconocido que la primera impresión que les dió al conocerlo es que era un idiota, que quizás es una buena idea desconfiar de quienes se presentan como perfectos, porque pueden ocultar sus peores defectos, pero quien se presenta como un idiota puede ser el único que te diga la verdad cuando más lo necesitas, y se vuelva un gran amigo, brindando entonces por todos los idiotas presentes y dando paso a «Asshole».
Si bien en todo momento se sintieron los coros del público, conociendo de memoria las letras de todo el repertorio, «Ho Hey» casi reventó la cúpula, con todos los asistentes gritando cada palabra, saltando y bailando, regresando a nuestra adolescencia.
«Dead Sea» nos regaló un momento más tranquilo, sobre todo para equilibrar lo que pasaría después, ya que durante «Brightside», Wesley decidió bajar del escenario y recorrer la cancha completa, los fans no tardaron en sacar sus cámaras e intentar acercarse, aunque sin pasarlo a llevar, otro punto para el público. Este momento de euforia se vio coronado con «Sleep on the Floor», la favorita de muches, razón por la que fue la elegida para el disparo de confetti.
Las visuales acompañaron el espectáculo de una forma preciosa, adaptándose al clima emocional de cada canción, y las luces generaban una atmósfera tan acogedora como épica. Wesley vuelve a dirigirse al público, comentando sobre idea de una canción presente en su último álbum, que es una canción de amor desde la perspectiva de una droga, tentándote a tomarla, procediendo a tocar «Ativan».
«Automatic» marcó uno de los momentos más sensibles de la noche, y «Ophelia» volvió a traer la energía, tanta energía que Wesley lanzó su pandero al suelo y este estalló en pedazos, lanzando luego esos pedazos al público. Aprovechó «Big Parade» para presentar a toda la banda, dándole una estrofa a cada uno para cantar, pero el baterista, Derek Brown, no se entusiasmó con la idea, prefiriendo deleitarnos con un épico solo de batería en su lugar.
Sin duda no hubo azar en la selección de las últimas dos canciones, dejando a «Cleopatra» como penúltima, con Wesley cambiando el jockey que usó todo el show por el sombrero clásico de la banda, procediendo a tocar «Stubborn Love» para cerrar una noche increíble, nuevamente con absolutamente todos los asistentes gritando la letra y aplaudiendo al compás.
El concierto recorrió toda la discografía de la banda, con 25 canciones y casi 2 horas ininterrumpidas de duración, y terminó en una nota altísima, sacando fotos desde el escenario y lanzando todo: uñetas, baquetas, setlists y trozos de pandero. Definitivamente muches fanáticos se llevaron una cuota extra de felicidad y un recuerdo para presumir.
Manteniendo una estética visual y musical similar a lo largo de casi toda su carrera, The Lumineers demuestra que es capaz de mantenerla viva, y de revivir en nosotros lo que nos generó cuando estuvo mucho más de moda. Además, su cercanía con el público le da otro nivel de complicidad a toda la propuesta, nos sentimos parte de una banda que se extiende hasta nosotros, y no podemos esperar para repetir la experiencia.