«In The Mood For Love»

27-08-2026 | Jueves de Cine

El cine de Wong Kar-Wai se caracteriza por cómo el cineasta plasma en la pantalla la complejidad de las relaciones humanas, la soledad en zonas urbanas, atestadas de gente, llenas de luces de neón, completamente frías, dónde no existe una conexión humana. Su fotografía cuidada, llena de colores contrastantes, cámaras caóticas e historias corales le dieron el estatus de autor de culto dentro de una comunidad cinéfila que solía rebuscar títulos en vídeo-clubs y foros de internet, enamorados de está estética cuidada, realizada por David Doyle, encargado de fotografía de todas las producciones de Wong, destacando entre los fanáticos los filmes «Chungking Express» (1994) y «Fallen Angels» (1995).

Con «In The Mood For Love» (2000), el director logró dar el salto al cine comercial, teniendo  éxito tanto con la prensa especializada, como con el público general, quienes se adentraron a conocer una de las historias de amor más hermosas, tristes e influyentes de la historia del cine, considerando esta película como la mejor de su década (e incluso siglo) por varios expertos en la materia, y la mejor historia de amor llevada a la pantalla, de la mano de su actor fetiche Tony Leung y la maravillosa Maggie Cheung.

En palabras del mismo realizador para la revista «Sight & Sound» (Agosto del 2000): “Desde muy al inicio supe que no buscaba hacer un film de un affair. Lo encontraba demasiado aburrido, muy predecible, y sólo tenía dos posibles finales: ambos escapaban juntos o cada uno seguía viviendo sus propias vidas. Me interesaba más la forma en que la gente se comporta y se relaciona entre sí en las circunstancias mostradas en esta historia. La forma en que ellos descubren y comparten secretos”.

En la mayoría de sus películas, Wong Kar-Wai da a las imágenes y a los diálogos la misma importancia que la música en su narrativa, siendo un hilo conductor relevante en la historia que nos desea contar. En este film es utilizada sútil y poderosamente para hilar de manera consistente la relación que comienza a surgir en los protagonistas, una historia sobre el deseo reprimido, la soledad y el ancia de sentirse amado. La elección de la banda sonora y su uso no fue deliberado, Wong le pidió a su diseñado/editor, William Chang utilizar la música como camuflaje para la omisiones dentro de la película, siendo parte del entramado del lenguaje no verbal de sus imágenes, lo que agrega sutileza, pero ayuda al espectador a entender y empatizar con los personajes en pantalla.

Desde los créditos iniciales la música toma un rol protagónico, dejándonos escuchar en el tema «Zhuang Tai Bao Xi – Zhong Guo Xi Qu» pista tradicional china de ópera y narrativa musical (Pingtan), interpretada por Zhu Xueqin y Xue Huijun, siendo parte del contexto sociocultural y político de la historia, el Hong Kong de comienzos de la década de los 60’s, época en la que la zona era una colonia inglesa,viviendo una transformación radical marcada por un acelerado auge industrial textil y manufacturero, tensiones de la Guerra Fría, dando como paso el nacimiento de una identidad cultural local e híbrida única, reflejada completamente en el soundtrack. La musicalización nos ayuda a presentar a nuestros protagonistas, la Sra. Chan, una secretaría que junto a su marido, que se dedica al comercio internacional, se mudan a uno de los apartamentos de la Sra. Suen, al mismo tiempo que nuestro segundo protagonista, el Sr. Chung, un periodista deportivo casado con una secretaria de una agencia de viajes, quién se muda al mismo tiempo al departamento de al lado, arrendado por el Sr. Koo.

El leitmotiv que vemos repetido a lo largo de toda la película, utilizándose para los constantes encuentros entre la Sra. Chan y el Sr. Chow, es su tema central «Yumeji’s Theme», compuesta por el japonés Shigeru Umebayashi, originalmente para el film «Yumeji» (1991), del director Seijun Suzuki, la cuál narra la vida y obra del artista y poeta Yumeji Takehisa, una historia oscura y de fantasmas. Aunque «In The Mood For Love» no es una historia de fantasmas, pero el director escuchó en ese anhelo el eco escondido de los deseos más profundos, acoplándose a la perfección a la moral y modales perdidos en el Hong Kong de la década de los 60’s. La intensidad y momentos en que se utiliza nos deja ver en un inicio la lejanía de ambos, apenas un saludo cordial que se desvanece, pero a medida que vamos avanzando las miradas de ambos se comienzan a cruzar, hasta llegar a la preciosa escena de la habitación del Sr. Chow, un plano abierto con los violines sonando mientras ambos se encuentran frente al otro, compartiendo un lazo de complicidad.

Siguiendo por esta línea de acompañar el lenguaje no verbal del film, «Quizás, quizás quizás» de Nat “King” Cole, en su versión en español, acompaña a la Sra. Chan y sus temores respecto a la naturaleza de su relación con Chow y cómo afrontar la infidelidad de parte de su marido. Tal vez para nosotros, hispano hablantes, el uso de esta canción no es tan sutil, pero tomando en cuenta el hecho de que su idioma original es el mandarín, ayuda a seguir está línea planteada alrededor de todo el largometraje. Así mismo sorprende la amplia utilización del catálogo al español del cantante, ya que durante el film tenemos tres boleros interpretados por el cantante, agregando a la lista «Aquellos ojos verdes» y «Te quiero dijiste», reforzando el carácter multicultural de la época y lugar retratado, utilizándose para enfatizar el acercamiento de nuestros protagonista, mostrando el quiebre emocional de la Sra. Chan al descubrir el amorío de su esposo o cómo van floreciendo los sentimientos del Sr. Chow, manteniendo siempre ese halo ambigüo y sutil del lenguaje.

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