«Day and Night» de Carly Rae Jepsen

21-10-2026 | Reseñas

El encuentro crepuscular de la emoción

Reseña por Daniel y Valentina

La dualidad no es algo nuevo en la carrera de Carly Rae Jepsen. Desde el lanzamiento de «E•MO•TION» en 2015, la artista ha expandido el universo de sus álbumes con proyectos complementarios de lados B, donde reúne canciones que amplían la experiencia de cada disco y demuestran que una misma etapa creativa puede tener distintas formas de expresión.

Esta práctica se convirtió en una tradición que continuó con «Dedicated» en 2019. Para 2022 y 2023, Jepsen llevó esta idea un paso más allá con «The Loneliest Time» y «The Loveliest Time», dos trabajos que se sienten como partes de un mismo universo musical. Fue precisamente en esta etapa de su carrera donde surgió la inquietud que daría forma a su más reciente lanzamiento.

«Day and Night» marca la primera vez que Jepsen reúne ambas facetas de su música en un mismo álbum. A lo largo de sus 24 canciones y poco más de 90 minutos, queda claro que ambas mitades se complementan y dependen mutuamente. Esta conexión se hace evidente desde el momento en que pasamos de una a otra: aunque cada parte tiene una identidad propia, juntas construyen un relato mucho más amplio.

La primera mitad, ‘Day’, puede entenderse como una versión más sofisticada de los sonidos que Carly ya exploraba en «The Loveliest Time». Sus melodías combinan un pop elegante con ese estilo bailable que la artista ha perfeccionado con los años, mientras su voz encaja con naturalidad y dulzura entre los sintetizadores que acompañan cada canción.

Esta faceta comenzó a tomar forma con «On Wires», lanzada a comienzos de este año, la primera muestra del universo sonoro del proyecto. La canción retoma ese espacio romántico y onírico que caracteriza buena parte de su música, esta vez envuelto en una atmósfera de pop psicodélico con ecos de los años setenta. Sin embargo, su propuesta va más allá de la nostalgia: un patrón de piano y un curioso sample vocal añaden nuevas capas a los versos antes de desembocar en un estribillo expansivo, donde brillan la guitarra eléctrica y la entrega vocal de Jepsen. La incertidumbre de sus palabras, «no te dejaré leer mi mente, te quiero… ¿qué haremos entonces?», resume bien esa tensión entre el deseo de acercarse a alguien y el temor a revelar demasiado.

El enamoramiento y sus múltiples matices han sido un territorio familiar para las composiciones de Jepsen. Basta con remontarse a «Call Me Maybe», el éxito que la llevó a conquistar las listas del pop comercial, o a «Run Away With Me», la canción que terminó de convertirla en un ícono de culto. Por eso, resulta gratificante encontrar esta faceta en tan buena forma. Varias canciones de «Day and Night» vuelven sobre el amor, pero no se conforman con retratar su lado más idealizado: también exploran sus dudas y el caminar sobre un suelo que tal parece no es tan seguro.

Desde el comienzo, «After All» establece ese tono con una sensualidad que parece surgir de la seguridad de un vínculo consolidado. «Soy tuya, tú eres mío, nada complicado, después de horas, todas las noches, incluso después de todo«, canta Jepsen, en una declaración que transmite cercanía y confianza. Es, además, uno de los cortes más destacados del álbum y, en palabras de la propia artista, «el corazón del disco».

En los últimos años, la vida de Jepsen también ha atravesado cambios importantes, desde su matrimonio hasta la llegada de su primer hijo. Tras un periodo de pausa, su regreso estuvo acompañado de especulaciones sobre la dirección musical que tomaría, incluidos rumores de una posible colaboración con el productor A. G. Cook. Sin embargo, más que intentar anticipar su siguiente movimiento, estas canciones parecen invitarnos a observar cómo una nueva etapa personal puede convivir con la curiosidad y el deseo de experimentar. El proyecto transmite una mayor estabilidad afectiva sin renunciar a la inquietud creativa que ha definido su trayectoria.

Aunque el equipo de producción incluye nombres habituales en el universo de Jepsen, entre ellos su marido y colaborador, el músico estadounidense Cole MGN, una de las características más interesantes del disco es la sensación de que la artista continúa explorando territorios nuevos. «Versailles» es quizá el ejemplo más evidente: una canción de estructura poco convencional cuyo ingenio recuerda a los mashups más inesperados del «The Eras Tour» de Taylor Swift. El paso abrupto de unos versos vibrantes a un estribillo de dulzura casi épica puede desconcertar al principio, pero termina funcionando gracias a una combinación tan extraña como efectiva.

La favorita definitiva de ‘Day’ podría ser «Burning Heart», coescrita por Finn Keane y construida alrededor de una producción brillante. Los sintetizadores llenan el ambiente hasta dar paso a un imponente solo de saxofón, que convierte la canción en una celebración de la complicidad y la lealtad. Su espíritu evoca el vínculo inquebrantable de las protagonistas de «Thelma y Louise», película a la que también dedica un pequeño guiño.

Por su parte, «Wild Child» y «Something Tragic» se adentran en los pensamientos agridulces del amor romántico desde perspectivas distintas. La primera coquetea con el folk y el country, estilos que podrían abrir caminos interesantes para futuras incursiones de Jepsen. La segunda incorpora pinceladas de jazz, presentes en otros momentos del álbum, y las combina con otro estribillo memorable y un desenlace instrumental que recuerda una de las mayores virtudes de la artista: equilibrar la experimentación con una identidad pop reconocible.

En su segunda mitad, ‘Night’, Carly demuestra que aún quedan caminos por explorar y nos conduce a un territorio sonoro distinto dentro de este mismo universo, donde el glamour y la sensualidad adquieren nuevos matices. Si ‘Day’ representa la luminosidad del enamoramiento, la calidez de los vínculos y la curiosidad por aventurarse en terrenos desconocidos, incluso cuando no ofrecen certezas, esta parte se adentra en las contradicciones que surgen cuando aquella luz comienza a apagarse y las dudas cobran cada vez más fuerza.

Con una atmósfera más introspectiva, urbana y misteriosa, Carly nos invita a dejarnos llevar por lo desconocido. Su sonido se traslada completamente a la pista de baile de los setenta y ochenta y construye un paisaje que funciona tanto para las noches solitarias, cuando los pensamientos parecen no dar tregua, como para aquellas en las que la ciudad se convierte en una invitación a vivir nuevas aventuras.

Desde la dinámica «Never Let a Good Thing Die» hasta el cierre con «Super Sage», Jepsen explora distintas formas de relacionarse con los demás y, sobre todo, de descubrirse a sí misma. Los encuentros y desencuentros, las dudas frente al futuro, las inseguridades y la necesidad de encontrar un camino propio atraviesan esta segunda parte. Lejos de limitarse a repetir las virtudes de su antecesora, ‘Night’ las observa desde otro ángulo y demuestra que incluso los vínculos más cercanos pueden despertar preguntas difíciles de responder.

Aquí, el amor deja de ser únicamente un espacio de descubrimiento y complicidad para convertirse también en un territorio incierto, donde no siempre sabemos si estamos tomando las decisiones correctas. Las canciones reflejan este cambio mediante arreglos que, en ocasiones, se toman su tiempo para desplegarse. «No Labels, I Love You» es un ejemplo de ello: su desarrollo más pausado permite que las melodías respiren entre los sintetizadores, sin perder la sensibilidad pop que caracteriza a Jepsen.

Así, ‘Night’ representa esa faceta que pocas veces dejamos salir a plena luz. Mientras que durante el día las emociones pueden parecer más claras y fáciles de ordenar, la noche abre espacio para aquello que permanece oculto: los pensamientos que regresan una y otra vez, los sentimientos que no terminan de resolverse y las miles de facetas que conviven dentro de nosotres. Carly encuentra belleza en esa distancia entre el día y la noche, dos realidades que revelan distintas formas de habitar una misma vida.

El recorrido culmina con «Super Sage», una canción que termina de afianzar la identidad de esta segunda mitad y cierra un trayecto que se siente menos como una colección de temas aislados que como un viaje por diferentes estados emocionales. Ambiciosa como ella sola, esta era nos acerca al proceso de Carly hacia un nuevo capítulo de su vida. No lo hace desde la distancia, sino que nos invita a entrar en su mundo, acompañar su crecimiento y mirar desde su perspectiva. El día y la noche se convierten así en relatos paralelos de una misma existencia, cada uno con su propio encanto, sus luces y sus sombras.

Llena de colores, oscuridad y color al mismo tiempo, Carly Rae Jepsen encuentra en esta dualidad la oportunidad de ampliar los límites de su propio lenguaje, mantener la esencia melódica que ha marcado su carrera y, al mismo tiempo, asomarse a rincones menos evidentes de su sensibilidad, entregando un disco honesto, cercano y construido alrededor de una historia que no necesita seguir un orden lineal para conectar con nosotres. Porque hay vidas que no se comprenden desde una sola perspectiva, sino que se revelan poco a poco entre diferentes momentos del día tal como nuestra propia personalidad, convirtiéndose así en un disco digno de explorar.

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