Mac DeMarco en Teatro Caupolicán

19-04-2026 | Reseñas

La libertad en el pertenecer

Reseña por: vxl.ink

Fotografías por: Gary Go para Fauna Producciones.

La pasada noche de sábado, el Teatro Caupolicán vivió el regreso de un artista que no solo ha marcado a una generación completa con su música, sino que también ha sabido construir un vínculo genuino con su audiencia.

Con dos shows agotados, largas filas y un teatro que se veía cada vez más repleto, la velada comenzó junto a María y los Templos, quienes cautivaron a les presentes desde el primer momento. A eso de las 21:00 hrs, de manera puntual, Mac DeMarco subió al escenario, saludando con calidez y, antes que todo, presentando a sus compañeros de banda uno por uno, acercándolos al público e iniciando así lo que sería una noche mágica.

El inicio, con canciones como «Shining» y «For the First Time», transformó rápidamente el ambiente en todo el teatro. Coros al unísono, gritos y aplausos llenaron el lugar, emocionando a un Mac que, cada vez que bajaba la intensidad, invitaba a todo el mundo a cantar con más fuerza, a aplaudir con más ganas y a moverse con aún más energía.

Entre bromas, historias y reflexiones sobre la bendición que es cantar y recorrer el mundo interpretando sus canciones, DeMarco conectó profundamente con quienes llevaban años esperando verlo en solitario. Entre quienes lo veían por primera vez y quienes lo seguían desde sus presentaciones pasadas, Mac no dejó indiferente a nadie, robándose el corazón de todes les presentes.

«Salad Days» fue prueba de ello: con un coro cada vez más fuerte y un teatro completamente entregado, la canción abrió paso a una nostalgia compartida que parecía recorrer cada rincón del recinto. Siendo un viaje colectivo hacia esos días de juventud que, aunque ya no están, siguen latiendo muy dentro de nosotres. A más de diez años del lanzamiento del álbum del mismo nombre, su impacto permanece intacto, atravesando generaciones y remeciendo a muches con una sensibilidad que no pierde vigencia. 

En ese momento, el tiempo pareció detenerse, como si cada persona en el público estuviera habitando simultáneamente su propio recuerdo. Luego, «I Like Her» irrumpió suavemente, transformando por completo el ambiente: el ritmo se aquietó y dio paso a una atmósfera íntima, donde las emociones ligadas a la compañía, el deseo y la conexión con otres comenzaron a florecer con una delicadeza palpable.

Con «Home» y «No Other Heart», todes acompañaron a Mac DeMarco en una complicidad evidente, de esas que no necesitan explicación. Había algo profundamente humano en la forma en que las canciones se entrelazaban con las voces que se alzaban sin esfuerzo. Incluso cuando se detuvo para disculparse por problemas de salud y hablar brevemente sobre su regreso, el ambiente no se quebró; por el contrario, se volvió aún más cercano. Su honestidad, lejos de generar distancia, reforzó ese vínculo genuino con sus oyentes, recordando que, detrás del artista, hay una persona.

Ya hacia la mitad del concierto, «Heart to Heart» logró emocionar a más de une. Los recuerdos de quienes ya no están se hicieron presentes de manera inevitable, especialmente al evocar la memoria de Mac Miller, cuya partida sigue resonando con fuerza en la canción. La interpretación adquirió un peso distinto, más íntimo, más vulnerable, dejando entrever que el legado de esa amistad trasciende el tiempo y el escenario.

En ese cruce entre melancolía y cariño, quedó claro que no solo DeMarco lleva ese recuerdo consigo, sino también todes quienes, de una u otra forma, encuentran en esa canción un lugar donde sostener la memoria.

Entre solos de guitarra, bajo y batería, momentos donde sus compañeros brillaron con luz propia, y con un Mac incluso haciendo acrobacias de cabeza que desataron risas y sorpresa, llegó «Freaking Out the Neighborhood», haciendo estallar la cancha. Saltos, euforia y una energía contagiosa, aún quedaba mucho por compartir.

Presentando «Holy», uno de los singles principales de su nuevo álbum «Guitar» (2025), Mac DeMarco comenzaba a despedirse, pero lo hacía a su manera: sin apuro, estirando cada momento como si no quisiera soltar del todo la noche. La canción se sintió como un puente entre su presente y todo lo que lo trajo hasta aquí.

Aunque, el final no podía llegar sin antes detenerse en uno de los puntos más altos de la velada. Desde sus primeros acordes, «Chamber of Reflection» envolvió el teatro en una atmósfera fuera de este mundo; el público, completamente entregado, comenzó a imitar su instrumental con voces que se mezclaban con la música. Las luces de los teléfonos se alzaron, iluminando el recinto, volviendo todo mucho más mágico.

Pero un show de Mac DeMarco no podría cerrar sin aquella canción que, en su momento, revolucionó internet y marcó a toda una generación; esa misma que quizás te traiga más de un recuerdo, ya sea dulce, agridulce o incluso inesperadamente cómico. Porque hay canciones que sin querer quedan adheridas a momentos específicos de la vida. Y así, llegó «My Kind of Woman». Bastaron los primeros acordes de su inconfundible riff de guitarra para que todes reaccionaran de inmediato. Las voces se alzaron con fuerza, pero también con emoción, en un canto colectivo donde cada palabra fue coreada con una intensidad especial, hasta desembocar en ese “Show me your world” que no solo se gritó, sino que se sintió en el cuerpo, en la memoria y en el corazón de quienes estaban ahí.

Con su carisma, sencillez y entrega, Mac DeMarco se confirma como un artista libre, genuino en cada gesto y en cada paso que da. Un encuentro cercano, donde el caos del mundo parece detenerse por algunos momentos. Un show profundamente humano, lleno de risas, llantos y emoción. DeMarco reafirma su presencia como un artista capaz de hacer sentir a cada persona parte esencial de su música, siendo pieza de algo mucho más grande.

Así, nos despedimos de la primera noche de Mac en Chile; esperamos el inicio de su segunda fecha y agradecemos, una vez más, a un artista que, construyendo un espacio para todes, ha sabido regalarnos una compañía que abraza y trasciende.

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