a 15 años de «Suck It and See»
Entre las encrucijadas propias del crecimiento, la decepción frente a la modernidad y una búsqueda interior que se iría profundizando de forma gradual, hace más de 15 años Arctic Monkeys atravesó uno de los capítulos más experimentales y trascendentales de su carrera. Tras el lanzamiento de dos álbumes enormemente exitosos que los catapultaron a lo más alto de la escena musical, llegó «Humbug», un disco que dividió a la crítica, pero que también abrió la puerta a nuevas perspectivas.
Así, a mediados de 2010, tras una pausa de la banda y la composición de la banda sonora de la película «Submarine», Alex Turner comenzó a experimentar una transformación en su manera de escribir canciones. Su composición se volvió más introspectiva, detallista e integrada, una evolución que, casi sin proponérselo, lo conduciría a la creación de un álbum provocador y sincero que hoy, a 15 años de su estreno, nos reuniría una vez más. Tomando prestada una clásica expresión británica que da nombre al álbum, espontánea y sugerente por naturaleza, nos encontramos ante «Suck It and See».
Con mucho por decir, pero sin un rumbo del todo definido, Arctic Monkeys se puso manos a la obra para dar forma a lo que sería su cuarto álbum de estudio. Un disco que actuaría como un puente entre el pasado y el futuro de la banda, integrando su característico sentido del humor, el romanticismo y la ironía que siempre habían marcado su identidad, pero abrazando al mismo tiempo una libertad creativa mucho más amplia y caótica.
Lejos de la oscuridad y el misticismo de «Humbug», el grupo optó por explorar nuevos caminos, construyendo una obra que se distanciaba de todo lo que había hecho hasta entonces y que encontraba su fuerza precisamente en la espontaneidad, la contradicción y el deseo de experimentar sin restricciones.
Publicado oficialmente en 2011, «Suck It and See» nos da la bienvenida con «She’s Thunderstorms», una canción repleta de detalles que capturan de inmediato la atención del oyente. A través de imágenes evocadoras y una lírica llena de encanto, Turner aborda la experiencia de conocer a alguien cuya naturaleza impredecible resulta completamente fascinante.
La canción construye una metáfora en torno a esa atracción por lo inesperado, por aquello que escapa a cualquier intento de definición. Sin embargo, el propio Turner nunca pareció interesado en revestirla de una complejidad excesiva, dejándola libre a la interpretación de la fanaticada.
Continuamos con «Black Treacle», impulsada por un rasgueo de guitarra distintivo que le otorga una presencia más marcada y enérgica que la de su predecesora. Desde sus primeros compases, la canción abraza un tono más dramático, desarrollando una narrativa concebida para ser enigmática e intencionalmente ambigua.
A lo largo de su letra, Turner retrata una relación tormentosa marcada por constantes idas y vueltas, donde los límites del vínculo se vuelven cada vez más difusos y absurdos. Se trata de una conexión que parece incapaz de avanzar, atrapada en un fracaso que se percibe inevitable. Sin embargo, lejos de abandonarse por completo al desencanto, la canción encuentra espacio para la esperanza, aferrándose a los momentos luminosos y a la posibilidad de rescatar aquello que aún conserva valor.
Completamente cruda, «Brick by Brick» se presenta como una de las propuestas más particulares dentro de la discografía de Arctic Monkeys. No solo destaca por contar con Matt Helders como voz principal, sino también por la espontaneidad que rodeó su creación.
La idea de la canción surgió durante una gira, cuando la banda, reunida en un bar entre presentaciones, comenzó a desarrollar una composición que terminaría tomando forma en cuestión de horas. Inspirada en una anécdota que Alex Turner había escuchado de Iggy Pop, «Brick by Brick» apuesta por la inmediatez y la sencillez, construyendo su identidad a partir de una energía arrolladora y una actitud directa que contrasta con el lirismo más elaborado presente en otras piezas del álbum.
Alejándose de la fuerza arrolladora de su antecesora, «The Hellcat Spangled Shalalala» destaca por su carácter más luminoso y dinámico. Su inconfundible riff de guitarra, frecuentemente comparado con el estilo de Johnny Marr, aporta una sensación de ligereza que contrasta con la complejidad emocional de su letra.
Bajo una superficie aparentemente sencilla, la canción desarrolla una serie de versos cargados de matices, retratando la extraña dinámica entre dos personas atrapadas entre el conflicto y el deseo de reparar aquello que se ha roto. Sin embargo, cada intento de acercamiento parece producir el efecto contrario, ampliando aún más la distancia que las separa.
Aunque Turner ha reconocido que parte de la inspiración surgió de experiencias personales, nunca ha pretendido que esa sea la única lectura posible. Como ocurre con gran parte de «Suck It and See», la canción permanece abierta a múltiples interpretaciones, permitiendo que cada oyente encuentre en ella sus propios significados.
El primer vistazo que el público tuvo de esta nueva etapa fue «Don’t Sit Down ‘Cause I’ve Moved Your Chair», una canción que nació de manera espontánea durante las sesiones en las que Alex Turner trabajaba en la banda sonora de «Submarine». Fiel a ese origen improvisado, el tema abraza el absurdo y la imprevisibilidad desde sus primeros versos.
La canción parece desenvolverse en dos formas de interpretación. Por un lado, presenta una sucesión de situaciones extravagantes, ridículas e incluso peligrosas, como una invitación a hacer cualquier cosa antes que quedarse sentado. Por otro lado, es posible encontrar una lectura más metafórica, vinculada al cambio, a la incertidumbre y a la necesidad de enfrentarse a lo inesperado. En ese sentido, el acto de retirar una silla deja de ser una simple broma para convertirse en una imagen sobre cómo la comodidad y la rutina pueden generar una falsa sensación de seguridad.
“No hay que buscarle demasiado sentido”. Así se ha referido Turner a «Library Pictures», una de las canciones más frenéticas y explosivas de «Suck It and See». Lejos de ofrecer una narrativa lineal o un significado claramente definido, el tema se construye a partir del caos, las imágenes fragmentadas y una energía que parece desbordarse en cada momento.
Impulsada por una intensidad constante, la canción funciona como una descarga de adrenalina que choca con la realidad, lo salvaje y lo impredecible, funcionando como un conector a lo largo del álbum.
Y eso comenzaría a notarse de aquí en adelante, en donde poco a poco, el disco toma una faceta mucho más introspectiva, alejándose de lo salvaje, lo caótico y lo espontáneo para adentrarse en terrenos más personales, donde las emociones y las inseguridades ocupan un lugar central. En ese sentido, «All My Own Stunts» se convierte en uno de los ejemplos más representativos de esta transición.
A través de referencias al imaginario de las películas del oeste, la canción construye el retrato de alguien que anhela alcanzar una versión más grandiosa de sí mismo, persiguiendo ideales que parecen mucho más atractivos que su propia realidad. Bajo esa fantasía de heroísmo y aventura se esconden, sin embargo, sentimientos más complejos: la sensación de insuficiencia, el deseo de escapar de las propias limitaciones y una soledad que permanece latente entre líneas.
Seguimos, y con un bajo característico y protagónico que guía gran parte de la composición, «Reckless Serenade» es, en esencia, una canción de amor. A través de su letra, Turner retrata lo paralizante e intimidante que puede llegar a ser el amor romántico, explorando una atracción tan intensa que oscila constantemente entre el cautiverio emocional y la evasión de la realidad.
La canción describe cómo el mundo parece comenzar a girar alrededor de una sola persona, convirtiéndola en el centro absoluto de todos los pensamientos. Es el instante previo a perder la cabeza, el momento en que la voz de la razón comienza a desvanecerse y uno es plenamente consciente de que esos sentimientos solo lo volverán más torpe, vulnerable y desesperado ante emociones que resultan imposibles de controlar.
Originalmente escrita para la banda sonora de «Submarine», «Piledriver Waltz» nos presenta la otra cara de la moneda. Si «Reckless Serenade» explora la intensidad del enamoramiento, aquí nos encontramos frente al peso del desencanto y la pérdida. La canción aborda el desamor desde una perspectiva profundamente humana, retratando el dolor de aferrarse a algo que inevitablemente se está escapando.
Con una sensibilidad melancólica que abre espacio para los momentos más contemplativos del álbum, la canción captura la decepción, la nostalgia y la dificultad de aceptar una realidad que ya no puede ocultarse. Su energía agridulce transmite la sensación de observar cómo el amor se escurre entre los dedos, dejando tras de sí una mezcla de tristeza, resignación y recuerdos imposibles de recuperar.
Una muestra aún más directa de esta melancolía llega con «Love Is a Laserquest». Evasiva, orgullosa y profundamente contraproducente, la canción nos sitúa frente a uno de los momentos más dolorosos del álbum sin recurrir a disfraces ni artificios. Aquí no hay lugar para la fantasía: solo la soledad, el arrepentimiento y la deprimente realidad de un corazón roto que comienza a aceptar que perder también forma parte de la experiencia de amar.
Construida como una conversación de un solo lado, repleta de preguntas que jamás recibirán respuesta, la canción sigue a un narrador que intenta dejar atrás a una persona que alguna vez creyó destinada a permanecer en su vida. Con una amargura contenida, reconoce que no fue simplemente otro amor pasajero, sino alguien que dejó una huella imborrable en su historia. Sin embargo, también comprende que aferrarse ya no tiene sentido y que, por doloroso que resulte, debe seguir adelante.
Al mismo tiempo, la canción reflexiona sobre la idealización y el inevitable derrumbe de las imágenes que construimos sobre les demás. Porque detrás de los recuerdos, las expectativas y la nostalgia, la humanidad vuelve a hacerse presente, revelando a las personas tal como son y no como quisiéramos recordarlas.
Por su parte, «Suck It and See», la canción que da nombre al álbum, se aleja parcialmente de esa tristeza contemplativa para ofrecer un último impulso de energía emocional antes del desenlace. Aunque conserva la sensibilidad romántica que atraviesa gran parte del disco, lo hace desde una perspectiva más intensa, impulsiva y visceral.
Ambigua, tormentosa y profundamente sincera, la canción evita caer en clichés para explorar una forma de amor casi obsesiva, marcada por la urgencia de aprovechar el momento antes de que desaparezca. Turner retrata el encuentro entre dos personas que, en medio de la extrañeza e imprevisibilidad de la vida, encuentran algo genuino el une en el otre. Incluso siendo conscientes de sus defectos, de sus contradicciones e incluso de la posibilidad de un fracaso inevitable, ambos deciden entregarse a la experiencia.
Y así llegamos al final del disco con «That’s Where You’re Wrong». Similar a la estructura de «505», esta canción funciona como un epílogo para muchas de las ideas que atraviesan el álbum. A través de sus versos, Turner reflexiona sobre el peligro, las consecuencias de nuestros actos y el peso que pueden llegar a tener los deseos y las expectativas que depositamos en otras personas.
La canción abraza el caos como una parte inevitable de la experiencia humana y reconoce que, por mucho que lo intentemos, existen aspectos de la vida que jamás podremos controlar por completo. Los vínculos ambiguos, las contradicciones y los errores vuelven a hacerse presentes, pero esta vez desde una mirada más madura, capaz de aceptar las lecciones que han dejado las experiencias anteriores. No se trata de encontrar respuestas definitivas, sino de aprender a convivir con la incertidumbre y seguir adelante haciendo lo mejor que podemos.
Sincero, humano y profundamente emocional, «Suck It and See» ofrece una mirada tan caótica como honesta sobre el deseo, el amor y las ironías que acompañan el proceso de crecer. El álbum actúa como un puente fundamental entre los primeros años de Arctic Monkeys y las etapas que vendrían después, conservando la espontaneidad y el ingenio de sus inicios, pero incorporando una sensibilidad mucho más introspectiva y madura.
Su cercanía emocional acerca al oyente a una realidad compleja. A lo largo de sus canciones, el álbum explora lo que significa vincularse con otres, convivir con la incertidumbre y encontrar belleza incluso en la imprudencia y el error. Quizás por eso, quince años después de su lanzamiento, continúa sintiéndose sorprendentemente vigente y como ese compañero que más de una vez necesitamos para sobrellevar la vida.
«Suck It and See» nos invita a complicarnos, a hablar, a correr riesgos y a intentarlo una vez más. Porque, en el fondo, la verdadera libertad no consiste en evitar el fracaso, sino en atreverse a actuar a pesar de él.
Con esta etapa, Arctic Monkeys estaba listo para dar el siguiente paso. Uno que la propia banda terminaría describiendo como una transformación hacia un sonido mucho más grande y ambicioso. Sin saberlo, estaban a punto de crear una obra que marcaría a toda una generación. Pero esa ya es otra historia.