«Bewitched» de Laufey
El amor rara vez es sencillo; más bien, cada vez que sentimos que lo comprendemos se vuelve más complicado. Por eso, este nuevo domingo de gente triste queremos hablar de la música que nos ha sostenido en los momentos en que el corazón pesa más de la cuenta. Desde el vacío que deja un amor no correspondido hasta la nostalgia de aquello que alguna vez fue y ya no volverá, hay un disco que abraza con delicadeza cada rincón del desamor. Hoy hablaremos de «Bewitched», el segundo álbum de estudio de Laufey.
Si es la primera vez que escuchas su nombre, te contamos un poco sobre ella. Laufey es una cantante, compositora y multiinstrumentista chino-islandesa de 27 años que ha conquistado al público gracias a un sonido que entrelaza con naturalidad el jazz, el pop, el soul e incluso la bossa nova. Publicado en septiembre de 2023, «Bewitched» marcó un antes y un después en su carrera: recibió elogios de la crítica y le valió el premio Grammy a “Mejor álbum de pop vocal tradicional”, una categoría que ha distinguido a grandes nombres como Frank Sinatra y Tony Bennett.
El disco abre con «Dreamer», una balada optimista para les soñadores, como menciona la propia artista, que invita a abrazar la soledad, la independencia y esa sensibilidad que muchas veces asusta. Desde el comienzo conocemos a una protagonista que intenta convencerse de que no necesita una relación para ser feliz, aunque pronto descubrimos que no es tan sencillo.
A medida que el álbum avanza, la ilusión con la que comenzó termina por resquebrajarse. El desamor deja de ser una posibilidad para convertirse en una herida abierta. Canciones como «Second Best» y «Haunted» retratan el dolor de amar a alguien que nunca podrá corresponderte de la misma manera. Hablan de esa amarga sensación de saber que mereces algo mejor, pero aun así conformarte con las sobras de un cariño que nunca termina de ser suficiente.
De posponerte una y otra vez con la esperanza de compartir un segundo más, incluso cuando sabes que jamás serás la prioridad de esa persona. Laufey reconoce que esa relación alimenta sus inseguridades y la hiere constantemente, pero aun así decide quedarse, aferrándose a la ilusión de que las cosas podrían cambiar. Es precisamente en esa contradicción, tan humana como dolorosa, donde el álbum encuentra su mayor fuerza y donde resulta casi imposible no verse reflejado.
“I know he don’t love me quite like I love him, I swear to myself as he leaves at dawn. This will end, ‘til he haunts me again”
(“Sé que él no me ama tanto como yo lo amo, me lo juro a mí misma cuando se va al amanecer. Esto terminará hasta que me persiga de nuevo).
Con sus baladas románticas y teatrales, Laufey construye un refugio íntimo donde expone, sin reservas, sus mayores miedos, inseguridades y errores. Canta sobre los límites que debemos imponer para sanar, la distancia necesaria para volver a encontrarnos y la dificultad de sostener esas decisiones cuando el corazón insiste en regresar a la misma persona. Porque sanar nunca es un camino recto y, cuando se trata del amor, siempre existe la posibilidad de volver a caer.
Pero sus letras no se limitan a explorar el proceso del desamor por si solo. A lo largo del álbum, Laufey amplía esa mirada para abordar las múltiples contradicciones que acompañan al amor y al crecimiento personal. La artista reflexiona sobre la idealización de las relaciones, las expectativas que depositamos en otras personas y la inevitable decepción que surge cuando la realidad no coincide con aquello que imaginamos. También pone en palabras el miedo a no ser suficiente, la vulnerabilidad que implica abrir el corazón y el constante conflicto entre lo que dicta la razón y aquello que, pese a todo, sigue sintiendo el corazón.
“So I broke my promise, I called you last night. I shouldn’t have, I wouldn’t have, if it weren’t for the sight of a boy who lookеd just like you standing out on Melrose Avеnue” (Así que rompí mi promesa y te llamé anoche. No debería haberlo hecho, no lo habría hecho, si no fuera por un chico que se parecía a ti parado en Melrose Avenue).
Con «Bewitched», Laufey nos recuerda que incluso las emociones más contradictorias merecen ser sentidas. El anhelo, la incertidumbre, la esperanza y el dolor conviven a lo largo del álbum sin buscar respuestas fáciles, validando un proceso que, de una u otra forma, todos hemos atravesado. Solo al llegar al final comprendemos el verdadero significado de su título: estar “embrujada” («Bewitched») no habla de magia, sino de ese estado en el que el desamor nos mantiene atrapados entre los recuerdos y lo que pudo haber sido. Un hechizo silencioso del que nadie puede escapar por voluntad propia y que solo el tiempo es capaz de romper.