«Aftersun»
¿Cómo eran tus vacaciones cuando eras niñe? Quizás viajabas con toda tu familia, quizás pasabas el tiempo en casa, quizás compartías esos días sólo con algune de tus padres o, tal vez, esos recuerdos hoy se ven muy distintos a como los viviste en ese momento. Precisamente sobre esa idea reflexiona la película que nos acompaña en este nuevo jueves de cine: nos referimos a «Aftersun», película escrita y dirigida por Charlotte Wells.
En su debut como directora de largometrajes, Wells construye un relato profundamente íntimo sobre Sophie (Frankie Corio), una niña de 11 años que viaja junto a su padre, Calum (Paul Mescal), a un resort en Turquía para disfrutar de unas vacaciones de verano. A simple vista, parecen ser unas vacaciones como cualquier otra: días de piscina, excursiones, juegos, fotografías y grabaciones con una cámara de video. Sin embargo, poco a poco comienzan a aparecer pequeñas grietas que revelan una realidad mucho más compleja.
En su debut como directora, Wells nos narra la historia de Sophie (Frankie Corio), una niña de 11 años que, junto a su padre Calum (Paul Mescal) viajan a Turquía por sus vacaciones de verano. Es aquí donde nos vemos inmersos en su viaje, explorando su relación padre e hija, la forma en la que ambos ven la vida y cómo lidian con sus conflictos internos.
A medida que avanza la historia, somos testiges de la relación entre padre e hija desde una mirada profundamente humana. Sophie comienza a descubrir el mundo con la curiosidad propia de la adolescencia, mientras Calum intenta ser el mejor padre posible, ocultando una batalla interna que apenas logra contener.
Con una sensibilidad extraordinaria, «Aftersun» se presenta como una reconstrucción de la memoria. Más que observar unas vacaciones, acompañamos a una Sophie adulta que intenta comprender aquellos días junto a su padre desde una perspectiva completamente distinta. La película nos recuerda que los recuerdos cambian con el paso del tiempo y que, muchas veces, sólo al crecer somos capaces de entender aquello que, cuando éramos niñes, simplemente pasaba frente a nuestros ojos sin que pudiéramos darle un significado.
Por un lado encontramos a Sophie, quien comienza a relacionarse con otres adolescentes, experimenta nuevas emociones y da sus primeros pasos hacia la adultez desde su curiosidad por la novedad de un mundo que cada vez se hace más grande. Por otro lado, Calum representa a un hombre joven, apenas en sus treinta años, que intenta equilibrar su rol como padre mientras enfrenta una profunda lucha con su salud mental. Wells aborda este conflicto con enorme delicadeza, evitando caer en explicaciones evidentes y permitiendo que sea le espectador quien complete muchos de los espacios vacíos que deja la narración, acercándonos a la perspectiva de Calum, uniéndonos a su sentir.
Pero uno de los aspectos más memorables de «Aftersun» es, sin duda, su música. Lejos de funcionar únicamente como un acompañamiento, la banda sonora se convierte en un vehículo emocional que ayuda a reconstruir tanto la época como los estados de ánimo de sus protagonistas. Las canciones aparecen de manera orgánica, como parte de los espacios que habitan los personajes: suenan en bares, fiestas, karaokes o reproductores portátiles, transformándose en recuerdos sonoros que permanecen mucho después de terminado el filme. Espacios que permanecen como un personaje más y que refrescan aún más la autenticidad de sus protagonistas.
La selección musical captura con precisión la atmósfera de finales de los años noventa e incluye artistas fundamentales de la época como Blur, R.E.M., Pulp, Queen y David Bowie, entre otres. Cada una de estas canciones aporta una identidad muy particular a las escenas, contrastando la aparente felicidad de las vacaciones con la melancolía que lentamente comienza a instalarse en el relato.
Sin embargo, existe una canción que sobresale por encima de todas: «Under Pressure», interpretada por Freddie Mercury y David Bowie. Su utilización durante una de las secuencias finales se ha convertido en uno de los momentos más recordados del film. La intensidad de la interpretación, unida a la letra y al montaje, logra condensar todas las emociones que la película había construido silenciosamente hasta ese instante. Frases como «This is our last dance» (este es nuestro último viaje) adquieren un significado profundamente desgarrador cuando se entienden desde la relación entre Sophie y Calum, convirtiendo la música en el lenguaje que expresa aquello que los personajes nunca logran decir con palabras.
En su debut cinematográfico, Frankie Corio entrega una interpretación sorprendentemente natural, demostrando una enorme sensibilidad frente a la cámara. Su química con Paul Mescal resulta completamente creíble y es precisamente esa conexión la que sostiene gran parte de la carga emocional de la película. Por su parte, Mescal ofrece una actuación contenida y profundamente conmovedora, consolidándose como uno de los actores más destacados de su generación gracias a un personaje lleno de matices y emociones que rara vez se expresan de forma explícita.
Llena de silencios, pequeños detalles y momentos que invitan a la reflexión, «Aftersun» es una película que permanece en la memoria mucho después de terminar. Nos habla sobre la infancia, la memoria, la relación entre padres e hijos y la importancia de la salud mental, pero también sobre aquello que nunca alcanzamos a comprender cuando somos niños. Es una obra delicada, profundamente emotiva y merecedora del reconocimiento que ha recibido tanto por parte de la crítica como del público, consolidándose como uno de los debuts cinematográficos más destacados de los últimos años.