«Solid State Survivor» de Yellow Magic Orchestra
La segunda mitad del siglo XX nos entregó una compleja variedad de escenas musicales que, de no ser por la aparición de las primeras tecnologías que nos permitieron grabar en soportes físicos, no hubiesen existido ni viajado por el mundo, lo que generó nuevas creaciones musicales.
Así mismo, gracias a la guerra fría y el boom de la ciencia ficción, la música occidental se vió envuelta en una aureola de futurismo, metal y plástico por medio de instrumentos electrónicos, como el revolucionario moog, que vieron la luz a finales de la década de los 50 y comienzos de los 60, se dio paso a una de las más grandes revoluciones artísticas del siglo pasado, el krautrock y, junto a este, a Kraftwerk, pioneros de la música electrónica, poniendo como epicentro de la vanguardia a la ciudad de Berlín.
Pero hablar de pioneros del techno y la electrónica sin mencionar Tokio o a Yellow Magic Orchestra es mantener una narrativa occidental de la historia de la música global. YMO (Yellow Magic Orchestra) fue una agrupación musical japonesa, formada entre 1977 y 1978 por los músicos Haruomi Hosono, Ryuichi Sakamoto y Yukihiro Takahashi.
Concebida originalmente como un proyecto de estudio, que buscaba la sátira y la subversión a la visión del orientalismo, fusionando esta idea exótica con música electrónica, aunque no dejaron de lado las percusiones acústicas en sus primeros lanzamientos. Por ello hoy, en este Lunes de Icónicos, hablaremos de su LP de culto, «Solid State Survivor», de 1979.
Siendo este su segundo lanzamiento al mercado, se convirtió en un éxito tanto para la crítica como en ventas, siendo un pionero del synth pop en Japón, uno de los primeros álbumes en acuñar la palabra “techno” en una de sus canciones, «Technopolis». Fue tan exitoso en su natal Japón, que la agrupación obtuvo el premio a mejor álbum del año en los Japan Awards, con más de dos millones de copias vendidas, permitiéndoles hacer un lanzamiento global en Estados Unidos un año después, diversificando sus formatos a CD y cassette, además del LP.
El álbum abre con «Technopolis», una pista instrumental cargada de sintetizadores, pero aún con sonidos acústicos, como la batería de Takahashi y un bajo en slap que nos va marcando el pulso, junto a voces robóticas que envuelven el ambiente.
En la segunda canción, nos adentramos mucho más profundamente en esta fantasía orientalista, con «Absolute Ego Dance». Se mantiene lo instrumental y se agregan voces femeninas paneadas para dar un efecto envolvente, llamando a nuestro espíritu a desbordarse en la pista.
«Rydeen», el sencillo principal, nos presenta un espectacular video musical, lleno de efectos y luces láser, mostrando al trío en trajes coloridos. Establece la batería como uno de los motores principales de su sonido, llevando al límite el imaginario occidental sobre cómo debe sonar el Oriente.
En su cuarto track, «Castalia», rompemos esta lógica de fiesta, teniendo un título completamente oscuro, de sonidos pesados, melancólicos y atmosféricos, que nos hunde más en esta idea de distopía en la que se basa el LP. Totalmente ambient, y retomando un poco las pistas pero de forma un poco más seria, continúa su sucesora «Behind the Mask».
«Day Tripper» se nos presenta como una canción con letra, la primera dentro del disco, completamente en inglés, nos sumerge en un rock electrónico, pesimista y experimental, tal como la siguiente pista, «Insomnia», la cual podría ser perfectamente incluída en la banda sonora de un vídeojuego. Nos cuenta la imposibilidad de dormir que sufre el narrador, adicto a la cafeína, a través de una melodía llena de texturas sombrías y voces metálicas.
Para finalizar, tenemos la canción homónima del disco, «Solid State Survivor», que nos despide con un sonido entre el ska y el synth, cerrando la narrativa de distopía, iniciada desde la portada. Nos habla de un mundo de mentes nubladas y ojos desconectados de la realidad.