Caroline Polachek
Cada cierto tiempo, la industria de la música nos sorprende con figuras que rápidamente logran robarse nuestro corazón. Y hoy, en un nuevo viernes de mujeres bacanes, sobrellevamos el frío invierno junto a la historia de una artista que, gracias a su versatilidad, talento y gran desplante, ha dado mucho de qué hablar. En esta ocasión, nos referimos a Caroline Polachek.
Oriunda de la Gran Manzana, Nueva York, Caroline creció en constante movimiento, entre mudanzas a diferentes rincones del mundo y bajo la influencia de diversas raíces musicales. Desde la música de anime hasta la música clásica y el post-punk, sus padres fueron alimentando en ella un amplio y variado interés por la música.
Desde muy pequeña mostró un interés genuino por la música y la interpretación, llegando a participar en el coro de su escuela y a crear sus primeras composiciones, muchas de ellas cargadas de sintetizadores, gracias al teclado que su padre le regalaría. Durante su adolescencia, comenzó a involucrarse cada vez más con la escena musical neoyorquina, una ciudad que visitaba siempre que tenía la oportunidad.
Fue precisamente en uno de estos acercamientos a la vida nocturna de Nueva York donde protagonizaría una curiosa anécdota: en una ocasión, su identificación fue rechazada en un local, por lo que Mike Patton terminó interviniendo para ayudarla a ingresar.
Estas experiencias la llevarían a formar distintas bandas desde la secundaria hasta la universidad. Sin embargo, el verdadero comienzo de su historia llegaría finalmente durante sus años universitarios, cuando conoció a Aaron Pfenning y Patrick Wimberly, con quienes formaría la banda Chairlift en 2005. Junto a ellos publicaría tres álbumes y dos EPs, manteniéndose activa hasta 2017, año en que la banda se separaría definitivamente.
Pero eso no la detendría. En paralelo a su trabajo con Chairlift, comenzó a desarrollar su carrera como solista bajo el seudónimo Ramona Lisa, publicando sus primeros trabajos en 2014. Alejada de los convencionalismos, a lo largo de su carrera la artista se dedicaría a experimentar con el pop, el rock y otros géneros, construyendo una identidad musical cada vez más particular. Unos años más tarde, llegaría su colaboración con Danny L Harle, mientras que el verdadero salto en su carrera se produciría en 2017, cuando comenzaría a dejar atrás sus distintos seudónimos para adoptar definitivamente su nombre real.
Poco a poco, fue ganando popularidad dentro de la industria, tanto por su peculiar voz como por su discurso y por la postura que adoptaba frente a festivales y recitales que no se adecuaban a sus ideales, especialmente aquellos relacionados con la igualdad de género y el respeto por las diversidades sexuales. Estas convicciones marcarían profundamente su carrera y contribuirían a convertirla en una figura vinculada a las luchas feministas contemporáneas.
Pero eso solo sería la punta del iceberg. Su carrera también se ha destacado por las grandes relaciones que ha construido con sus colegas, muchas de las cuales terminarían dando paso a importantes colaboraciones. Entre ellas encontramos su trabajo con Blood Orange en «Chamakay»; sus colaboraciones con Charli XCX, tanto en «Tears» como aportando voces al final de «Delicious», ambas pertenecientes a «Pop 2»; y, especialmente, su participación en el universo musical de Beyoncé, para quien trabajaría como compositora en «No Angel». Su vínculo con el álbum «Beyoncé» terminaría llevándola incluso a los Grammy, donde recibió una nominación a Álbum del Año como parte del equipo de compositores y colaboradores del disco en 2015.
En 2019, Caroline publicaría «Pang», su primer álbum de estudio bajo su propio nombre. Un trabajo cargado de adrenalina, amor, ansiedad y pánico, donde comenzaría a consolidar de manera mucho más clara esa identidad que posteriormente se convertiría en su sello personal.
Su crecimiento también se trasladaría al escenario. Participaciones en festivales, presentaciones televisivas y una recordada aparición en Tiny Desk ayudarían a mostrar otra de sus grandes virtudes: su capacidad para convertir una presentación en una experiencia mucho más teatral. Y, por supuesto, también tuvimos la oportunidad de verla en nuestro país en 2022, cuando formó parte del cartel del recordado Primavera Sound Santiago.
Sin embargo, sería en 2023 cuando Caroline alcanzaría uno de los puntos más altos de su carrera con «Desire, I Want to Turn Into You». Un álbum que, desde su propio título, parecía resumir buena parte de la esencia de la artista: deseo y transformación.
Canciones como «Welcome to My Island», «Bunny Is a Rider», «Blood and Butter» y «I Believe» terminarían convirtiéndose en piezas fundamentales dentro de su repertorio. Y si «Pang» había servido para presentar a Caroline ante un público mucho más amplio, «Desire, I Want to Turn Into You» terminaría demostrando que no estaba dispuesta a conformarse con repetir la fórmula que ya le había funcionado.
El reconocimiento crítico tampoco tardaría en llegar. «Desire, I Want to Turn Into You» recibió una nominación a los Premios Grammy 2024. Y aunque muchos podrían pensar que después de un álbum tan celebrado lo lógico sería comenzar inmediatamente una nueva era, Caroline decidió hacer algo un poco diferente: seguir explorando.
En 2024 apareció «Desire, I Want to Turn Into You: Everasking Edition», una edición ampliada del álbum que incorporó nuevas canciones y colaboraciones, incluyendo una nueva versión de «Butterfly Net» junto a Weyes Blood. Pero la historia no terminaría ahí. Durante 2025, Caroline continuaría expandiendo su presencia a través de distintas colaboraciones. Uno de los ejemplos más interesantes sería «On the Beach», canción creada para «Death Stranding 2: On the Beach», el videojuego dirigido por Hideo Kojima.
Hoy, a más de una década de haber comenzado su carrera solista, Caroline se encuentra en una posición bastante particular: es una artista reconocida por la crítica, respetada por sus colegas y capaz de moverse entre el pop, la electrónica, la música experimental, las bandas sonoras y las colaboraciones sin perder aquello que la hace reconocible.
Quizás todavía no sabemos cuál será su próximo gran capítulo, pero si algo nos ha enseñado Caroline Polachek durante todos estos años es que es una artista que nunca deja de superarse a sí misma. Y si su trayectoria hasta ahora nos ha demostrado algo, es que todavía le queda una gran historia por escribir.