«Hu Hu Hu» de Natalia Lafourcade

29-08-2026 | Unknown Treasures

Mucho antes de ser la icónica musa del folclore latinoamericano, desde ambos volúmenes de «Musas» en adelante; y un poco antes de lanzar uno de los discos insignia del indie pop, «Hasta la Raíz», en 2015, Natalia Lafourcade se despedía de su juventud con una obra donde la fantasía del amor romántico se quiebra ante la incertidumbre de la adultez. Por eso, en este sábado de Unknown Treasures hablamos de «Hu Hu Hu», un disco relegado por el tiempo, pero que redefinió el camino de la cantante mexicana.

Para finales de los 2000, el nombre de la originaria de Veracruz era conocido, mas no un referente en la escena musical de su país. Sus mayores éxitos provenían de sus apariciones dentro de bandas sonoras de cintas como «Amarte Duele» («En el 2000») o «Temporada de Patos» («O Pato», cover del tema de João Gilberto).

En 2009, Lafourcade tenía siete años sin lanzar un álbum en solitario, ya que durante mediados del nuevo siglo había decidido formar una agrupación junto a César Chanona, Alonso Cortés y Yunuen Viveros

Apropiadamente llamada Natalia y la Forquetina, la banda no tendría una vida próspera, pues tras un único álbum («Casa», 2005), sus integrantes anunciaron su separación y la compositora veracruzana tomaría un descanso de la música.

En un acto sorpresivo, Natalia retornaría dos años después con «Las 4 Estaciones del Amor», un EP de composiciones instrumentales inspiradas en las cuatro estaciones del año que, aun siendo un trabajo de carácter orquestal, mantiene su interés por el pop, aunque con un toque barroco.

Esta vuelta no sería pasajera, pues tras ese breve experimento, a lo largo de 2008, la artista comenzaría a grabar su tercer disco, «Hu Hu Hu». Así que, después de este extenso contexto, por fin podemos hablar de lo que hace a este álbum una joya olvidada en la aclamada trayectoria de su autora.

Desde la lectura del título, hay un misterio frente a nosotres: ¿qué es lo que representan estas palabras dentro de su concepto? La realidad es que no hay una respuesta concreta.

Si bien uno puede leer en distintos sitios sobre cómo hace referencia a que, según Lafourcade, es una expresión de felicidad, no hay una fuente o cita oficial que hable al respecto. Tampoco es relevante cuando el propio disco te lo dice a la cara: «Hu Hu Hu» es la sensación de que nada es imposible.

Es el cliché de estar enamoradx y ver el mundo pintado de rosa, un pastel que no empalaga, un poema cuyas palabras emprenden vuelo con el viento y el deseo de que el tiempo, por más veloz que sea, no nos robe los pequeños instantes.

Claro que eso es lo que se rescata en una melosa lectura; aquí lo que diferencia a la arreglista latinoamericana del resto es que en el subtexto de su romántica premisa descansa un argumento sobre el ir y venir del crecimiento personal.

La particularidad del disco recae en su uso del cuento infantil como forma narrativa sobre el desarrollo humano. Por el lado estético, su portada rememora a los diseños de las bestias protagonistas del libro para infancias, «Donde Habitan los Monstruos», de Maurice Sendak. La temática escapista del texto refleja a la perfección el desenfreno juvenil en el cual Natalia se ve enfrascada.

Desde lo composicional, muchas de las premisas en las canciones giran en torno a esta etapa temprana de la vida. Iniciamos con «Cursis Melodías», una perfecta introducción en sonido e ideas a lo que es el proyecto; en ella, una madre le suplica a su hije dejar de crecer y que se mantenga en esa inocencia e ingenuidad que solo se experimentan en la infancia.

Por un lado, habla del inigualable aprecio que la compositora tiene por su madre, como protectora y tutora, pero también sobre lo fugaz que es esta relación fraternal cuando su ocaso es inminente.

En su paleta sonora, escuchamos una transformación radical de lo que venía haciendo la veracruzana. Sus primeros trabajos giraban hacia el dance pop y el pop rock de la época; a veces, había curiosidades como sus cortes de bossa nova o las intenciones de alternativas, presentes con La Forquetina.

Sin embargo, en «Hu Hu Hu», por primera vez la música de cantautor y el folk se harían presentes en su arte. No es un hecho menor, son los géneros por los cuales se le aclama en la actualidad, aunque, en este álbum se entremezclan con un chamber pop, un psychedelic pop, un indie pop y un art pop que lo vuelven cercano en impresiones a Joanna Newsom.

Esa locura se demuestra en ráfagas de viento que bailan en euforia y un piano cuyas teclas son interpretadas con la intensidad de alguien que vive al límite. Es un trabajo cuyos temas inician desde la simpleza de unas pisadas o los acordes de una guitarra acústica para culminar en una orquesta de loops, sintetizadores, glockenspiels, capas de coros, metales y cuerdas.

Volviendo al listado de canciones, a la intro le sigue su secuela directa: «No Viniste». Aquí los miedos de abandono de la madre se hacen realidad y el retoño que tanto adoraba la va dejando de lado. En contraposición a la alegría instrumental de la entrega anterior, en esta ocasión, el ambiente lo lleva de la mano un bandoneón que guía la desolación de la progenitora.

Esta misma decadencia emocional continúa en «Siempre Prisa», corte que demuestra la ambición musical presente en el disco. Este es aquel primer momento de desilusión, aquella pared con la que se choca cuando se llega a un romance “maduro”.

Parte por un sencillo arreglo de guitarra, cuya tensión avanza paulatinamente hasta romper en psicodelia pura, gracias a las líneas vocales de Lafourcade. Aunque la temática tiene una seriedad palpable, su interpretación es traviesa, ya sea porque mimetiza el filo de la guitarra acústica o porque verbaliza sonidos ininteligibles que crean melodías por sí mismas, siendo muy similar al estilo de Animal Collective en «Sung Tongs».

A continuación, sigue «Tiempo al Viento», producida junto a uno de los maestros del pop noventero y fundador de Café Tacvba, Meme del Real. Entre sus claras influencias art pop y el cómo Natalia canta en un registro más agudo de lo habitual, es una oda al romance donde cualquier tipo de duda cae rendida ante la vulnerabilidad del amor.

Frases como “El sol no miente, cuando amanece cambia el color de todo” explican la cualidad revolucionaria que tiene este sentimiento, sobre todo en una etapa tan disruptiva como la adultez joven.

En una nota similar se encuentra la canción titular del álbum. Su brevedad no impide hacerla un momento relevante en la cultura pop mexicana, pues tiene la aparición de, nada más y nada menos, Julieta Venegas. Titánica figura de la música latina y amiga cercana de Lafourcade, su unión se conjuga en una composición con tintes de indietronica que tiene a ambas en completa devoción al cariño de su pareja.

Hay un trío de canciones que llegan a generar opiniones divididas en este disco. «Let’s Get Out», «Running Too Fast» y «Look Outside» pertenecen a una extraña tendencia de la escena mexicana en los 2000 y principios de los 2010, donde, por el motivo que sea, siempre había, al menos, un tema en inglés.

Bandas como Zoé o Porter acostumbraban a esta práctica, como se aprecia en «Human Space Volt» y «Host of a Ghost», respectivamente. A veces existían casos extremos como el homónimo de Ximena Sariñana, cuyo tracklist está constituido, casi en su totalidad, por composiciones en dicho idioma.

Los motivos pueden variar; en el caso de Sariñana, respondía al interés de su disquera por que la cantante jalisciense incursionara en los Estados Unidos. En cuanto a las bandas previamente mencionadas, parece responder a sus influencias musicales.

Respecto a lo hecho por Natalia Lafourcade, vive en un punto medio entre el interés por llegar a nuevos oyentes y por el hecho de que las inspiraciones inmediatas de «Hu Hu Hu» provienen de artistas y grupos anglosajones. Aunque desentonan en lengua, las tres valen la pena de rescatar.

«Let’s Get Out» destaca por su actitud inocente sobre el fugaz enamoramiento de su protagonista. «Running Too Fast» sobresale por tener la interpretación de la cantautora mexicana y sus arreglos de guitarra al centro del escenario; ahí se notan esos destellos de maestría para tocar fibras sensibles con su temática acerca de la suficiencia del cariño ante las incógnitas del mundo.

Para cerrar esta sección, tenemos al final del disco, «Look Outside». La colaboración con Juan Son, vocalista y compositor de los antes mencionados Porter, es sin dudas una de las obras más extrañas en la discografía de Lafourcade. Una canción de freak folk que basa su estructura en el juego de coros y voces de ambos cantantes. Se disfruta como la celebración de las excentricidades que revolotean por el disco.

Otro momento que destaca en el proyecto es «Niño Hojas». Su realismo mágico contrasta la imagen fantasiosa del personaje titular atravesando vivencias adultas como viajar en tren, ir al trabajo o llegar a altas horas de la noche.  

Este complejo de Peter Pan que se retrata sirve como metáfora de la propia productora veracruzana respecto de su deseo por no volver a enamorarse, para no sufrir las consecuencias sentimentales del desamor. Además, su vaivén de clarinetes es de los puntos que mejor retratan la magia que busca crear su autora.

Nunca se debe omitir en algún tipo de conversación sobre este proyecto a «Ella Es Bonita». Si «Hu Hu Hu» nunca atrajo al ojo público, con este corte sucedió todo lo contrario. El segundo sencillo evoca un sentimiento del cual todos hacemos oídos sordos, pero que es imposible no haberlo experimentado: los celos.

Un tema de indie pop que tiene una irritada performance de Natalia debido a la indecisión de su interés amoroso entre ella y otra chica. La canción representa esto en su entramado que corta su momentum en repetidas ocasiones hasta marear al propio escucha.

Lo que termina por cautivar es su trasfondo. Aunque en un primer momento parece dirigirse a una temática de desprecio, la realidad es que evoca las constantes comparativas de las que muchas adolescentes son objeto; es un espejo de características misóginas que habla más allá de lo evidente.

De todas las flores que merece este álbum, la que se lleva el jardín entero es «Azul». Lanzada como primer sencillo, la pieza no recibió apoyo alguno por parte de Sony (disquera de Lafourcade), por lo que la propia intérprete decidió promocionarla por la red social del momento, MySpace.

La aceptación por parte de sus fanáticos la llevó a dirigir, junto a sus amigos, un video musical. Ya desde ahí uno intuye la importancia que tiene dentro del trabajo.

«Azul» es la médula espinal de la obra; su magnum opus donde las diferentes tramas comulgan en un listado de inseguridades de la cantautora costeña. Los motivos que acompañan al tracklist (tiempo, viento, la relación madre e hija, la ruptura) se homogenizan en el miedo de perderse a uno.

Natalia le habla a su dismorfia corporal, a su depresión, a sus derrotas y al mero hecho de ser ella. Es un instante donde los temores la consumen y le nublan la vista. Sin embargo, la belleza de esta canción es el clímax de su puente; es aquí donde se afirma que ese color celeste es el que da tono a la vida de Lafourcade, un pigmento relacionado sin dudas con el mar donde creció y que la simboliza como persona.

La música explota en catarsis, porque, sin ser la conclusión del disco, es su pico artístico. Un monumento donde sus seis minutos de intensidad crecen y crecen hasta ser un grito de esperanza por recuperarse a uno mismo. Si bien la versión de estudio es alentadora, la interpretación presente en la edición especial desde el «Teatro Fru Fru» te hace experimentarla como una de las mejores canciones de la historia. Tal vez lo sea.

«Hu Hu Hu» no suele estar dentro de las discusiones de los mejores álbumes de la artista y, seguramente, tampoco lo hará a futuro. Sin embargo, esos debates no nos deberían interesar.

Su legado no es ser “infravalorado” o “sobrevalorado” en comparación con sus hermanos musicales. Sin este disco no se entiende lo que ha sido la carrera de Natalia Lafourcade. Es imposible escucharlo y no notar cómo su propuesta terminó por sentar las bases de su futuro como cantautora de época.

Escuchas «Ella Es Bonita» y sabes que sin ella no existe la dulzura exacerbada de «Limosna» en «Mujer Divina» o cómo la secuencia instrumental de «Siempre Prisa» fue el primer paso para que el chamber pop iconoclasta de «Llévame viento», presente en «De Todas Las Flores», naciera.

Fuera de las consecuencias que trajo en su trayectoria, este disco se sostiene por el salto creativo que fue para su autora. Uno donde su sensibilidad estaba expuesta como no había sucedido antes y donde el impulso a salir de su zona de confort la llevó a convertirse en directora, compositora, arreglista y escritora principal de su arte.

El cierre al que llega Natalia sabe ser maduro, porque no deja morir la fantasía con la que creció, a pesar de que florecer y marchitar sean inevitables; el hechizo sigue ahí en ese cuento encantado llamado música.

En sus propias palabras: «Para mí, la música es algo súper mágico, es algo que me mantiene feliz y que hago todos los días. Yo siento que la música te tiene que hacer feliz; […] si no te hace feliz, no vale la pena”.

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