Si nos situamos mentalmente en el panorama cultural de Estados Unidos en 1989, nos encontraremos frente a un escenario saturado de contraste ideológico, violencia armada, racismo y hasta la epidemia del crack en pleno apogeo, en ese entonces la televisión dominaba el ocio mientras alternaba drásticamente entre videoclips relucientes y reportes de tragedias, todo con un simple botón, este contexto motivó a Janet Jackson a decidir que su arte no podía surgir de la condescendencia.
«Rhythm Nation» fue el segundo sencillo de su cuarto trabajo discográfico del mismo nombre, una pista que fusiona dance-pop funky con el new jack swing clásico de los hermanos Jackson y el hip hop neoyorkino de la época, una epopeya musical que catapultó a Janet Jackson a la máxima popularidad comercial.
Esencialmente, es una declaración que resguarda la principal tesis del álbum, una invitación militarizada para la celebración colectiva, un llamado a formar una nación utópica sin fronteras ni discriminación racial centrada en el baile como artefacto de poder y resistencia.
En el listado del álbum «Rhythm Nation 1814», la canción se introduce con el interludio «Pledge», compuesto por un segmento en spoken-word en el que Janet, con voz grave y casi apocalíptica, declara sobre campanas distantes: «somos una nación sin límites geográficos, unidos a través de nuestras creencias».
Luego, el beat aparece abruptamente como si cambiaras de canal en la televisión, con un groove industrial-funk pesado, construido sobre un riff de guitarra sampleado de la canción «Thank You (Falettinme Be Mice Elf Agin)» de Sly and the Family Stone, pero transformada en algo más drástico, una propuesta sonora casi metálica. Así, gran parte de la música que Janet produjo en esta época se caracterizaba por explorar el potencial instrumental en los límites melódicos entre pop y metal.
Las percusiones en la mezcla amplían la autenticidad de una pista que ya de por sí es compleja, sonando como botas pesadas que marchan sobre asfalto; los sintetizadores flotan como si fuesen consignas atemporales, y la voz de Janet impacta con audacia, es una artista encontrando el máximo esplendor de su obra sin abandonar su preocupación por el racismo y la violencia en su contexto.
«Rhythm Nation» no era exactamente una canción sutil, con el coro «people of the world unite, we can get it right one time” presentaba a Janet gritando sobre un bajo producido a detalle para invitar al movimiento, en el cuerpo pero también en la consciencia.
Fue el instante en que los oyentes se dieron cuenta de que su nombre podría eclipsar la sombra familiar de su apellido, y la exploración musical de esta era de Janet fue tan imprescindible para la época, que incluso años más tarde el propio Michael Jackson retomaría inspiración de ahí para definir el carácter sonoro de algunas de sus incursiones musicales.
Mientras muchos artistas de la época (e incluso más en la actualidad) separaban el entretenimiento de la protesta, Janet fusionó ambos con auténtica naturalidad, un hito histórico para la realización de una diva pop, pues para entonces, Janet apenas había reclamado la atención central con el previo lanzamiento de su «Control» de 1986.
En la actualidad no es difícil creer que la mayoría de disqueras no permitirían tan fácilmente la ruta de politización con alguna de sus estrellas más prometedoras, incluso cuando el clima sociopolítico contemporáneo reclama arte cada vez más consciente.
El video es otra pieza emblemática del pop ochentero, un visual completamente en blanco y negro, protagonizado por Janet y sus bailarines portando uniformes militares estilizados y ejecutando coreografías sincronizadas perfectas. Una celebración de diversidad corpórea moviéndose como una sola, aquí Janet propuso que el baile en sí mismo contenía un acto de resistencia y a la fecha, este es un supuesto que se manifiesta como idea central en muchísimos proyectos de música pop y electrónica.
Cabe resaltar que lo que hace que «Rhythm Nation» perdure no es únicamente su groove impecable producido por el dúo Jimmy Jam y Terry Lewis durante su auge creativo, sino también que fue un ejemplo ahora clásico de la creación de una comunidad imaginaria pero tangible a través de cassettes, radios y las pistas de baile.
En el contexto de su carrera, esta era marcaba la evolución de la Janet de «Control», quien reclamaba autonomía personal hacia una visión más amplia. El álbum entero alterna temas sociales con románticos y bailables, pero esta pista representa, sin duda, su corazón conceptual.
Esta canción ayudó a que el disco fuera uno de los más vendidos de su época, incluso si ahora su legado no se comenta tanto como el de sus contemporáneas como Madonna o Kylie Minogue, lo más importante es que convirtió a Janet en referente para jóvenes de distintos backgrounds, pues representaba a una mujer negra en control total de su arte.
Escucharla hoy, casi cuatro décadas después, resuena de inmediato pues el mensaje sigue siendo necesario. Las divisiones raciales y la injusticia social, son males que persisten. Pero también resuena la esperanza de que el arte y el movimiento colectivo puedan motivar la conciencia al respecto, especialmente en plena era de algoritmos que fragmentan la atención y polarizan fácilmente las discusiones sociales en Internet.
La coreografía del video se enseñó después en escuelas de baile, se replicó en flashmobs e inspiró a generaciones de artistas que mezclan baile e introspección. «Rhythm Nation» es un recordatorio de que en cualquier momento el pop femenino puede contener una reacción directa respecto a temas sociales de relevancia, y para el legado de Janet Jackson, es una canción esencial en su catálogo de clásicos, así como un indicio innegable del inmenso potencial artístico que estaba justo por explotar tanto en ese disco, como en posteriores.