Pulp en Chile 2026
La dicha del volver a encontrarse
Reseña por @vxl.ink
Fotografía por @fauna_prod
¿Cómo se puede resumir la trayectoria de una banda que ha dejado una huella imborrable en la música británica? La respuesta es simple: no se puede. Hay historias que no caben en unas cuantas líneas, y la de Pulp es una de ellas.
La noche de ayer, Chile vivió algo más que un concierto. Durante un par de horas, miles de personas encontraron un refugio frente a la rutina, el frío, las tensiones políticas y el peso cotidiano de los días. Entre luces, aplausos, el tiempo parecía detenerse. Era el esperado reencuentro con una banda que siempre nos hizo creer que podía haber más, porque, después de todo, siempre queremos más. Así se vivió el regreso de Pulp.
La velada comenzó junto a la banda nacional Solar, encargada de abrir una noche marcada por la complicidad inmediata con el público. Entre juegos de luces y una energía contagiosa, agradecieron el cálido recibimiento de les asistentes y prepararon el escenario para lo que vendría después. Puntualmente, a las 21:00 horas, y tras una serie de breves cortometrajes que aumentaron la expectación del recinto, apareció Pulp. Bastaron apenas unos segundos para que la agrupación proveniente de Sheffield conquistara el corazón de la audiencia.
Acompañados por enormes figuras inflables, iniciaron el espectáculo con «Sorted for E’s & Wizz» y «Disco 2000», provocando una explosión inmediata de saltos, bailes y euforia colectiva. En un diálogo constante entre pasado y presente, canciones como «F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E» y «Pink Glove» fueron construyendo un puente entre generaciones. Desde el escenario, Jarvis Cocker saludaba al público; desde la multitud, miles de voces respondían al unísono. Lo que comenzó como un concierto se transformó rápidamente en algo mucho más íntimo.
Y es que allí estaban todos: adultes que crecieron con la banda, jóvenes que la descubrieron años después e incluso niñes que vivían su primer encuentro con ella. Pulp demostraba una vez más que la música es capaz de encontrarnos más allá de la edad. Cocker, dueño de una presencia escénica única, recorría el escenario de un extremo a otro, señalando al público, lanzando objetos y convirtiendo hasta el gesto más mínimo en complicidad. Nadie quedaba fuera de la experiencia; incluso quienes observaban desde las tribunas se convertían en protagonistas.
Casi sin darnos cuenta, el concierto avanzó con una velocidad vertiginosa. Entre bromas, coreografías y una energía inagotable, «Underwear» hizo estallar el recinto. Sin embargo, uno de los momentos más memorables llegó con el cierre de «This Is Hardcore». Miles de personas corearon al unísono el ya emblemático “’What exactly do you do for an encore?”transformando el espectáculo en una forma de enfrentar la realidad, de resistir y, por un instante, dejarla atrás. Una mirada que ha acompañado a la banda durante décadas y que hoy, en tiempos de incertidumbre económica y recesión, sigue resonando con la misma fuerza.
«Sunrise» marcó el final del primer acto y dio paso a un breve interludio. Pero la pausa traía una sorpresa: el público tendría la oportunidad de elegir una canción. Las opciones eran «Seconds» y «Help the Aged». La votación dividió al recinto, generando uno de los momentos más participativos de la noche. Finalmente, la victoria fue para «Help the Aged», aunque por un margen que dejó en evidencia el cariño que existe por ambas canciones.
El segundo acto comenzó con una delicada versión de «Something Changed», presentada con una intimidad que recordaba el espíritu de un Tiny Desk. Fue entonces cuando la música cedió espacio a la memoria. En un español entrañable y esforzado, Jarvis relató la historia del regreso de la banda. Mientras la canción sonaba, imágenes de distintas épocas aparecían en las pantallas, llevándonos en un viaje por casi cinco décadas de historia y recordando a quienes ya no están, como Steve Mackey, fallecido en 2023, emocionando profundamente al público y arrancando más de una lágrima.
Más adelante llegaron canciones como «O.U. (Gone, Gone)», acompañadas por la divertida disputa entre las letras O y U propuesta por Cocker, quien insistía en que no se trataba de una competencia, aunque el público pareciera pensar lo contrario. Entre recuerdos de presentaciones anteriores, como su paso por Fauna Primavera o el inolvidable concierto en el Teatro La Cúpula, surgió una pregunta desde el escenario: “¿Se acuerdan de aquella primera vez?”. La respuesta fue inmediata. El recinto estalló en saltos y gritos cuando comenzaron a sonar los acordes de uno de los clásicos más queridos de su repertorio.
Pero las sorpresas estaban lejos de terminar. “Tengo algo para ustedes en esta caja”, anunció Jarvis. El regalo había sido preparado por Freddy, uno de los rostros detrás de Pulp Chile. Así el cantante comenzaría a lanzar los regalos hacia el público, profundizando aún más la sensación de cercanía que había acompañado toda la jornada. Lo que ya parecía una reunión entre viejos amigues se volvió todavía más entrañable.
«Got to Have Love» mantuvo la intensidad de la noche, seguida por «Babies» y una serie de imágenes que mostraban a un Pulp joven, recordando aquellos años en los que todo estaba por escribirse. Sin embargo, el momento culminante aún estaba por llegar.
Porque toda historia tiene una canción destinada a trascenderla, y para Pulp esa canción es «Common People». Himno indiscutido que marcó el britpop, su coro ha cruzado generaciones, fronteras y contextos sociales y anoche no sería la excepción. Desde la primera nota, el recinto se convirtió en una sola voz. Gritos, aplausos y abrazos acompañaron una interpretación que hizo temblar cada rincón del lugar. Durante esos minutos, la canción volvió a demostrar por qué sigue siendo un símbolo de crítica social, identidad y pertenencia. Fue el inicio del final, aunque antes aún quedaba espacio para «A Sunset», encargada de cerrar el segundo acto.
Y cuando parecía que todo había terminado, llegó una última sorpresa. Pese al resultado de la votación, la banda decidió interpretar también «Seconds», provocando una ovación inmediata de un público que ya se resignaba a no escucharla. Fue un gesto sencillo, pero profundamente significativo.
Finalmente, el concierto llegó a su cierre con «Open Strings». La banda se despidió agradeciendo el cariño de quienes han acompañado su historia durante décadas, construyendo un vínculo que parece mantenerse intacto pese al paso de los años. Un lazo que sigue siendo tan genuino como el primer día.
Fue una noche de emociones, reencuentros y canciones que han aprendido a desafiar el tiempo. Al abandonar el recinto, miles de personas seguían cantando fragmentos de las canciones, sonriendo como quien acaba de despertar de un sueño particularmente hermoso.
Y si algo quedó claro después de esta visita, es que nunca será suficiente. No importa cuántos años pasen ni cuántas veces regresen: siempre vamos a querer más. Y ojalá que la próxima vez no tarde demasiado en llegar, porque nos merecemos más Pulp.