a 20 años de «The Black Parade»
El canto a sobrevivir que nunca morirá
Reseña por Valsito
Hay discos que sorprenden, hay discos que trascienden y hay otros que salvan vidas, My Chemical Romance logró con «The Black Parade» estas tres cosas, apostando por un sonido más rockero y una propuesta nueva tras el éxito mundial de su lanzamiento anterior, los jóvenes de New Jersey quisieron hacer algo más grande y con más propósito, menos ficción y más realidad, sobre todo, honestidad.
Es así como, a pesar de casi costarles la vida, este disco se lanzó el 20 de octubre de 2006, en el momento más crítico de la banda conformada por Gerard Way, Frank Iero, Mikey Way, Ray Toro y, en ese entonces, Bob Bryar. Dificultades como la ansiedad, depresión y excesos fueron piedras en el camino, pero a la vez combustible para componer un álbum que, aunque trata sobre la muerte, está lleno de vida.
Hoy, a 20 años de su lanzamiento, celebramos uno de los mejores discos conceptuales del rock alternativo. Una ópera rock, un funeral, y un grito desesperado por seguir viviendo que inspirado en artistas como Queen, David Bowie y Pink Floyd hoy sigue resonando más fuerte que nunca en quienes caminamos solos por el mundo.
El sonido de un monitor cardíaco y una guitarra acústica nos invitan al trágico incidente que comenzaría en la cama de un hospital en donde yace The Patient, un hombre vulnerable que está muriendo de cáncer y recuerda su vida por medio de un diálogo con la muerte mientras se acerca el final. El hombre presenta una carta de resignación a la vida a través de «The End», el primer track del disco que abre el telón a una historia que es como la vida misma.
Los gritos por ayuda se ven interrumpidos en cuanto el corazón del protagonista se detiene y comienzan a sonar las cuerdas eléctricas de «Dead!» Estrepitosa, desafiante y sarcástica, esta canción viene a cuestionar al paciente haciendo un recuento de su vida: “¿Obtuviste lo que querías? “Nunca te enamoraste”, y lo más importante, “si la vida no es más que una broma, entonces ¿por qué nos reímos? Son preguntas de una muerte anunciada que, cansada del devalúo de su importancia, hace comedia sobre la tragedia inminente que algún día nos alcanzará a todes, y que, en este caso, presenta el panorama para el resto de la narrativa del disco: al protagonista le quedan solo dos semanas de vida.
La reacción a tal pronóstico se desarrolla en «This Is How I Disappear», cuando los platillos iniciales y la primera progresión eléctrica crean una atmósfera de ultratumba que anuncia lo que pareciera ser una carrera contra la propia memoria del paciente, quien, consciente de su cualidad de imperdonable, pretende contactar a un ser amado a través del espiritismo, con el propósito de que su recuerdo no muera junto con él. Esta canción deja oír la inestabilidad psíquica del protagonista en este punto, al ser desafiado y burlado anteriormente, se hace presente el miedo en forma de desesperación en un puente suplicante que pide alguna señal sobre el más allá. El paciente se desvanece pretendiendo ser indefenso para conseguir respuestas, pero al no lograrlo, estalla nuevamente en un quiebre emocional en el que amenaza que se puede hundir aún más, lo que se relaciona estrechamente con la siguiente canción del álbum.
La ironía del hablante se extiende hasta «The Sharpest Lives», en donde los versos abordan la imprudencia con la que se vive una vida llena de excesos bajo la mirada de la indiferencia. Aquí el protagonista sigue siendo consciente de su aberrante estado, pero ya opta por sacarle el máximo provecho. Esta canción describe a una persona a quien ya no le importa nada, sin embargo, el resentimiento del sujeto aflora en el tono del vocalista, que va en crescendo hasta desahogarse en la línea “so you can leave like the sane abandoned me” / “así que puedes irte como me abandonaron los sanos”. Llena de metáforas y rabia, «The Sharpest Lives» es la canción más violenta de «The Black Parade», y con justa razón, pues es reflejo de quienes no valoran su vida y la viven de forma autodestructiva, al filo de la muerte. La narrativa deja al análisis moral bastantes actitudes de la conducta humana, pero concluye con una sola teoría: las vidas más arriesgadas son las más propensas a morir.
El desamparo de The Patient encuentra la tregua en «Welcome to the Black Parade». El hito musical que se vendría es adelantado por una nota musical en piano que hoy define a toda una generación, y por los tambores del desfile que acompañaría al protagonista hasta su muerte. Al fin resignado, el paciente rememora las vivencias de su infancia con su padre, quien le motivó e inspiró a enfrentar las dificultades de la vida en nombre de los más desvalidos y, a pesar de que la muerte esté rondando, el coro es un llamado a seguir. Como una muestra del indómito espíritu humano, «Welcome To The Black Parade» se ha transformado en la canción más famosa de My Chemical romance y consolidado como un himno del rock alternativo, pues el ímpetu de sus versos son hoy en día un manifiesto social para quienes han luchado contra la muerte como el protagonista, y que, tal como él, siguen dando la batalla orgullosamente con cicatrices que esto conlleva.
Ya de cara con la muerte, los corazones tanto del hablante como del oyente se quiebran con «I Don’t Love You», en una balada que desata la derrota y la decepción ante lo que fue una relación pasada. Es una canción de desamor que contiene una de las pocas narrativas literales del disco, lo que le ha otorgado el título de clásico alternativo de las rupturas amorosas.
Retomando el sentido estoico que ha alcanzado en este punto el protagonista, «House of Wolves», reúne las consecuencias de lo que será su muerte en una pieza que es lo más cercana al rock clásico. En esta canción bastante “oreja”, el paciente se entrega a las consecuencias de su muerte, haciendo una fiesta al respecto, antes de nuevamente caer ante el golpe de realidad más duro del álbum, «Cancer».
Tan brutal como la enfermedad, «Cancer» es una balada principalmente en piano, acentuada con cuerdas y batería, que sitúa al paciente ya agonizando y manifestando sus últimos deseos, el más importante: la honestidad. Es probablemente la canción más dolorosa del álbum, siendo una expresión cruda de los efectos del cáncer y al mismo tiempo una metáfora de los distintos abismos en los que podemos caer sin ser estos particularmente enfermedades físicas.
El universo narrativo de The Black Parade se expande con «Mama», que funciona en el álbum como una especie de clímax de la historia, presenta un relato autónomo dentro del universo conceptual pero a la vez contextualizando el mismo, y dando rastro de un pasado difícil: un personaje que sería un soldado de guerra advierte lo que será el infierno a través de una carta hecha canción en la que intenta tener una última conversación sincera con su madre. El narrador habla desde una condena inminente y un arrepentimiento por poder haber sido alguien mejor ante una figura materna estricta personificada a través de la voz de Liza Minelli. Entre sirenas y bombas de guerra, «Mama» es la canción más teatral del disco y la más divertida de presenciar en vivo gracias a la performance diseñada por la banda en sus conciertos, inspirada visualmente en el universo cinematográfico de Tim Burton. Lo fuerte de letra y lo potente de la composición musical crean una obra de resistencia que al día de hoy simboliza las luchas internas de muchos de los fans y es un canto de protesta para las diversidades.
El clímax de la historia continúa hasta «Sleep», una de las canciones menos populares del álbum, pero la que contiene parte de la narrativa más densa que atormenta al protagonista. Basada en los terrores nocturnos que sufría Gerard durante el tiempo en que se grabó este disco, «Sleep» es una mirada testigo de los escombros que ha dejado la guerra (o la vida) y la recreación musical de lo que es tener voces en la cabeza que hablan más fuerte de lo que uno puede soportar. De forma autorreflexiva el protagonista brinda por los horrores celebrando su apatía sin remordimiento alguno y pide que lo dejen ir. Intensa e inmersiva, esta canción mezcla la experiencia del vocalista con efectos de voz, sintetizadores y teclados que componen su atmósfera onírica, explotando con todo en el puente y desvaneciéndose en un outro insistente de la guitarra de Iero, como si en efecto de una pesadilla se tratara.
Los horrores continúan en «Teenagers» pero de forma menos tormentosa y más irónica. Siendo una de las canciones más populares de toda la discografía de la banda, esta canción se puede catalogar como un clásico. Entretenida y pegajosa, acercándose un poco al pop, «Teenagers» representa una visión pesimista de una vida que el narrador ya parece haber vivido. La letra advierte sobre la realidad que todos los adolescentes subversivos tendrán que afrontar eventualmente: someterse ante la máquina que es una sociedad conservadora. En este clásico tanto el narrador como el vocalista admiten: yo también fui joven y alocado pero todo termina igual, y te pasará a ti también, así que bailemos al respecto. Si bien la canción se siente un poco fuera del concepto de The Black Parade, funciona como una memoria pasada más ligera del protagonista y sus días como un simple mortal.
Nos acercamos al desenlace de la historia y las cuerdas acústicas de «Disenchanted» anticipan un último grito de justicia por una vida que para El Paciente no fue la mejor. Entre nostalgia y resentimiento, el protagonista juega sus últimas cartas de valor sólo en nombre de su memoria. Es la canción más sentimental del disco, la más infravalorada y el epítome musical de “¡¿todo esto solo para morir una tarde cualquiera de martes?!” La canción finaliza tal como inicia, con los mismos acordes desvaneciéndose en el vacío de un recuerdo que nadie puede garantizar.
Toda obra tiene un gran final y The Black Parade no es la excepción, la banda dejó lo mejor para cerrar el disco con una épica propia de una historia legendaria como lo es la de The Patient. «Famous Last Words» es la canción más fuerte y enérgica del álbum, y es la resolución definitiva del destino del paciente. El hablante del más allá apela a la voluntad del protagonista y expone las dos caras de la moneda ante el paciente: ¿morir o vivir? Escrita por Gerard durante el periodo más oscuro de la banda y dedicada a su hermano Mikey para lograr convencerlo de volver a tocar con ellos, «Famous Last Words» es un ultimátum acerca de la vida, que ofrece la salvación independiente del destino: seguir viviendo como insignia de valentía y fortaleza o morir en la misericordia de la vida eterna a través de quienes nos aman. Dos opciones en una sola lírica desgarradora que reduce a banalidades las complicaciones más difíciles de la experiencia humana para decir “llegaste hasta aquí a pesar de todo, y si no, serás honrado por intentarlo”. El monólogo de esta presencia suprema se complementa con la mejor muestra del talento rockero de la banda y un canto incesante a sobrevivir que nunca morirá.
Desde las cenizas del último acto de The Black Parade aparece Blood como un alivio cómico tras el desastre. El paciente elige vivir y esta canción es un pequeño canto de marcha irónico y sarcástico que saca una sonrisa y celebra lo absurdo de batallar contra la muerte solo para sobrevivir aún en una vida que no es la ideal.
A 20 años de su lanzamiento, The Black Parade es una obra tan bien escrita que hasta el día de hoy se puede prestar para múltiples interpretaciones, y eso es lo bello de su concepto, ya que la muerte es un tema universal que a todes nos afecta de distintas formas, y en esta historia, El Paciente es un reflejo fiel de las emociones más humanas que normalmente no nos permitimos exteriorizar: la incomodidad, la rabia, el resentimiento y la profunda agonía de sentirse muerto en vida son cosas que puedes escuchar en este disco sin sentirte culpable sino entendido. My Chemical Romance no romantiza la experiencia humana, el mensaje es crudo y directo, y eso es lo que hace a este proyecto tan excepcional, y a pesar de haber sido el fruto de una época que destruyó la banda, también es la obra que les salvó de ellos mismos y les dio esperanza para continuar, levantando sus espíritus y en consecuencia también los nuestros.
Musicalmente es un arreglo perfecto de ópera rock, se atrevieron con algo totalmente distinto a sus trabajos previos: contar una historia casi lineal con melodías que mezclan lo clásico y lo contemporáneo y logran crear un universo propio. Es destacable la complicidad en la fusión de las guitarras rítmicas y solistas de Frank Iero y Ray Toro, tanto como la profundidad que aporta el bajo en manos de Mikey a los relatos más densos de la historia, complementándose perfectamente con la gran capacidad vocal que tiene Gerard Way para estar al mando de este desfile.
The Black Parade es un álbum que da vida cuando ya no la hay, traerá risas, reflexiones y lágrimas cuando creas no poder sentir nada, y cada vez que lo escuches, el talento de los cuatro jóvenes de New Jersey que alguna vez estuvieron igual de desamparados estará ahí para recordarte que cuando ya no puedes más, hay que seguir.