«Vaho» de asia menor
El vapor más denso
Reseña por Natalia Hurtado
El segundo disco de asia menor, «Vaho», editado bajo el catálogo de Sello Fisura y lanzado el 10 de septiembre de 2026, presenta una propuesta arriesgada y de corte experimental que actúa como continuación y, simultáneamente, como una profundización del camino trazado en su exitoso debut, «Enola Gay» (2023). Sin embargo, esta nueva entrega se sumerge en una densidad y espesura sonora marcadamente superiores.
La banda temuquense, integrada por Aníbal Vergara, Cristóbal Mora, Diego Seguel y Jorge Scheuerman, se gradúa con honores en su exploración dentro del rock experimental, el post-punk y el art rock. Además, para los cortes de cierre, «Mehuín» y «Calor», la agrupación sumó la colaboración de Narval Orquesta, inyectando sofisticadas capas tímbricas y texturas a una identidad musical muy peculiar que ya gozaba de gran solidez.
Se trata de un disco ruidoso, áspero y desafiante; un entramado sónico que exige una escucha atenta, analítica y dispuesta a la sorpresa. Esta premisa colisiona frontalmente (y de ahí su profundo valor contracultural) a propósito de los hábitos de consumo de las plataformas de streaming actuales como Spotify, las cuales atomizan las obras privilegiando el formato de sencillos. «Vaho» es un álbum concebido como un recorrido, diseñado para ser experimentado de principio a fin de manera ininterrumpida. Su escucha sumerge al oyente en una tensión armónica constante y en la búsqueda de una resolución o calma que nunca llega: un riguroso bricolaje sonoro esculpido a partir de extenuantes sesiones de improvisación y microedición en el estudio.
El disco arranca con fuerza mediante «Lo bueno que tiene, lo malo que ignoro», una potente tarjeta de presentación que explicita la naturaleza impredecible y formalmente compleja del álbum, exhibiendo constantes síncopas, modulaciones métricas y quiebres rítmicos a lo largo de sus 6:20 minutos de duración. A partir de este punto, el disco no concede tregua emocional ni dinámica. Continúa con «Seis lagunas», una pieza de gran lirismo melódico que desemboca en un clímax final de alta intensidad distorsionada. Acto seguido aparece «Metal», el corte más melódico y más oreja del disco, caracterizado por líneas de bajo más memorables y un pulso rítmico muy atrayente. Por su parte, «Cartas» se erige como el track más breve, operando como un súbito impacto de ruido fuerte y saturación analógica; una transición idónea para adentrarse en «Luego también», pieza que funciona como el núcleo lírico y musical de la obra. En ella, versos como “Hay algo en el agua / Algo que impide / Desaparecer esta sed” encapsulan una atmósfera de deseo incesante y angustia existencial.
Ambas pistas configuran la antesala perfecta para «Vi al diablo», primer sencillo de adelanto del álbum. Este corte explora la identidad sureña de la agrupación a través de una lírica vinculada a la mitología local y a lo ominoso del tránsito hacia la adultez, manifestado en el extrañamiento del propio cuerpo y la perturbación de la mirada especular. En este punto, el disco estalla en un paroxismo de guitarras abrasivas para luego transicionar hacia las dos piezas en las que interviene Narval Orquesta. Este cruce formal combina los quiebres estructurales y la distorsión eléctrica de la banda con el ruido análogo y las disonancias de los vientos y cuerdas de la orquesta, consolidando un cierre tan libre como prometedor.
Este juego de sutiles pero sucesivas capas no solo se manifiesta en la producción del sonido, sino también en el plano textual. La banda utiliza la deconstrucción del sentido y el fragmentarismo, como se aprecia en «Cartas»: “La distancia cambió / No achicó ni creció / Cambió de olor, de color”. Tanto en las partituras como en las líricas, Asia Menor construye y destruye los mismos pilares semánticos que edifica, alterando las nociones de consonancia y disonancia para ofrecer una experiencia de goce estético e intelectual. Por ejemplo, «Mehuín» se presenta como la transcripción cruda y rasgada de un diario de vida personal, apelando a una suerte de asociación libre: “Bitácora de día domingo / espero que bitacora se escriba así / Estamos en la playa de Mehuín / Echados en la arena / el ruido del mar me tranquiliza”.
En definitiva, «Vaho» es un disco incómodo pero estrictamente necesario dentro de la escena del rock chileno contemporáneo. Funciona como un vector de fuga que desafía tanto los cánones del rock alternativo tradicional como las fórmulas comerciales de la industria actual. Es un trabajo riguroso y con un norte artístico claro que, gracias a su factura técnica y su carácter disruptivo desde su primera obra, ha catapultado a la banda hacia hitos de gran envergadura internacional, asegurando su presencia en el festival Fauna Primavera 2026 y pavimentando sus próximas giras por México, Colombia y Europa. Al hacer honor a su título, la propuesta del álbum se consolida en esa densa suspensión atmosférica: un “Vaho” sonoro donde los instrumentos saturan el espacio como partículas flotantes de humo, cómo dice María Luisa Bombal en el cuento “Islas nuevas”: “Un vaho a cada instante brota del suelo”. Este disco es una neblina auditiva espesa, pesada y texturizada, que empaña la superficie de lo predecible y demuestra que, en la música de Asia Menor, la opacidad y el misterio poseen mucha más fuerza y profundidad que la transparencia inmediata.