Asobi Seksu
Si te gusta el shoegaze más reconocido de principios de los años 90 o si te estás familiarizado con la impresionante escena japonesa del mismo género, este miércoles de recomendaciones te presentamos a una agrupación que fusiona lo mejor de ambos panoramas.
Asobi Seksu tuvo una identidad singular. Durante más de una década, transitó por el limbo entre el underground y el mainstream, convirtió el muro de sonido en una de sus principales señas de identidad y construyó una discografía esencial que merece ser redescubierta.
Aunque en cualquiera de sus discos encontrarás más de una joyita poco conocida del género, hoy nos concentramos en su aclamado trabajo de 2006, «Citrus».
En medio de un panorama musical tan diverso, surgió Asobi Seksu, un proyecto de dream pop liderado principalmente por el dúo de Yuki Chikudate y James Hanna.
Su trayectoria estuvo marcada por constantes cambios en la formación secundaria, algunas particularidades curiosas y, sobre todo, una comprensión brillante de las posibilidades sonoras del estilo en el que incursionaron.
Chikudate nació en Japón, un país donde la influencia británica del shoegaze fue adoptada rápidamente, dando lugar a una escena propia y reconocida. A los 16 años se mudó a Brooklyn, Nueva York, una ciudad que por entonces representaba un epicentro multicultural. Fue allí donde conoció a Hanna y juntos formaron Sportfuck, proyecto con el que lanzaron su primer EP en 2001.
Una vez que las bases de su propuesta estuvieron más claras, uno de los primeros cambios que experimentaron fue el de nombre. Pasaron de la franqueza excéntrica de Sportfuck a una expresión más discreta: Asobi Seksu, cuyo significado oscila entre «sexo casual» y «sexo juguetón». Bajo esta denominación, autoeditaron su debut homónimo en 2002, aunque el disco sería relanzado en 2005 por Friendly Fire Recordings, un sello emergente interesado en el rock local.
Pese a sus cualidades, Asobi Seksu mantuvo un perfil discreto en comparación con otros nombres de la misma escena. En 2006, Hanna comentó en una entrevista: «Es bastante difícil conseguir que la gente te preste atención. Sin duda, tocamos durante dos años para nadie o para amigos a los que les rogábamos que vinieran».
Su primer LP era una obra sólida y multifacética, pero sus experimentos con el noise pop y sus aproximaciones más sutiles al post-rock alcanzaron mayor consistencia en su segundo lanzamiento: el mítico «Citrus», publicado en 2006. Con este trabajo, el dúo consiguió atraer a una audiencia más amplia y obtener un respaldo más contundente de medios relevantes de la crítica especializada, como Pitchfork.
En «Citrus» encontramos a Asobi Seksu en su máximo esplendor. Las voces de Chikudate atraviesan los muros de guitarra de Hanna como si fueran un instrumento más. La cantante interpreta tanto en inglés como en japonés y, siguiendo la tradición de Cocteau Twins, incorpora una dimensión abstracta que se convierte en parte fundamental del encanto de cada composición. Puede abordar una relación en declive en «Thursday» o desarrollar una idea tan peculiar como la de unas fresas que no dejan de hablar en «Strawberries».
Así, el disco transforma la atmósfera oscura que suele caracterizar al shoegaze y la vuelve más juguetona y onírica, con pasajes en los que su sensibilidad pop adquiere mayor protagonismo.
«Nefi+ Girly» representa otro de los grandes momentos de su repertorio: una aproximación sutil al post-punk, acompañada de un estribillo épico. La canción alcanzaría mayor reconocimiento tras aparecer en una de las escenas de la emblemática serie británica «Skins».
Sin embargo, el tema que inspiró esta recomendación es «New Years», una muestra notable de la química entre las dulces voces de Chikudate y las guitarras estridentes de Hanna. El clímax alcanza una belleza casi cinematográfica, realzada por la participación de Haji en el bajo, quien se incorporó a la formación durante la etapa de grabación.
«Citrus» también fue el primer lanzamiento de la agrupación en contar con Chris Zane a cargo de la ingeniería de sonido, un nombre importante en el fenómeno de revival del rock neoyorquino durante la década de los 2000.
Aun así, las sesiones de grabación no estuvieron exentas de particularidades. Los propios integrantes contaron que incluso llegaron a encontrar chinches durante los primeros días en las inmediaciones del estudio.
Después de aquel lanzamiento llegarían otras dos producciones, acompañadas de nuevos cambios en la alineación y conflictos internos derivados del desgaste de las giras. «Fluorescence», de 2011, apostó por una paleta sonora cimentada firmemente en el dream pop, mientras que «Hush», de 2013, otorgó mayor protagonismo a las agresivas guitarras de Hanna. Pese a conservar el brillo distintivo del proyecto y contar con la producción de Zane, ninguno de los dos consiguió llevar su popularidad a una nueva cúspide.
Finalmente, en noviembre de 2013, el dúo principal anunció un hiato indefinido que se ha mantenido hasta la actualidad. En 2014, ofrecieron una última presentación en vivo como teloneros de Slowdive, por invitación de la propia agrupación británica, en una noche que quedó grabada en la historia del shoegaze.
Desde los primeros años de su trayectoria, Chikudate expresó abiertamente las dificultades de enfrentarse a una industria musical tan titánica y demandante. El desgaste acumulado terminó provocando cambios importantes entre cada ciclo de lanzamientos y, con el tiempo, acabó mermando el trabajo conjunto de ambos integrantes.
No obstante, su propuesta ha resistido el paso del tiempo y se ha convertido en un emblema de la faceta multicultural del shoegaze. Durante más de una década, Asobi Seksu transitó entre el underground y el mainstream, hizo del muro de sonido una de sus principales señas de identidad y consolidó una colección de obras imprescindibles para los amantes del estilo. En cualquiera de ellas podrás encontrar más de una joyita que merece ser descubierta.