Frank Ocean

19-06-2022 | Gente Triste

Un mito de la actualidad, que se ha escabullido entre la facilidad de la información y la ligereza del día a día, Frank Ocean, se escapa del estereotipo del prostético glamour de la figura tradicional de una celebridad, mientras nos conmueve con una voz que nos relata en carne sus personajes cuidadosamente dibujados, sin dejarnos escapar de sus historias, nos deja ver cómo se mantiene alérgico a las tonterías y nos demuestra que aún es posible convertir, solo con un par de frases, un corazón en nada más que una pila de polvo. 

En sus no más de 34 años Frank ha engullido el mundo desde las sombras, con una carrera brillante llena de nombres de alto calibre, que empieza con la influencia del jazz local en New Orleans y los cds de música de su madre, justo después de abandonar forzosamente sus estudios por la catástrofe del huracán Katrina. Eventualmente el 2005 llegaría a Los Ángeles a continuar sus grabaciones en el estudio de un amigo, pero terminaría componiendo y escribiendo canciones para figuras como Justin Bieber, John Legend y Beyoncé. Siempre trabajando entre las sombras ya se hacía notar la timidez y sutileza del trabajo de alguien que se siente cómodo en el lado oscuro de LA, donde la luz no llega directamente, sino que refracta para crear la hiperrealidad de la música pop que tanto caracteriza la costa oeste.

No sería hasta el año 2011 donde, tras el consistente esfuerzo de su círculo más cercano se atrevería a lanzar su primer trabajo en solitario llamado «Nostalgia, Ultra» de forma gratuita en su Tumblr, después de que el pequeño sello discográfico con el que había firmado recientemente Def Jam decidiera ignorarle, Frank declaró públicamente “que se joda Def Jam y cualquier empresa que llegue al extremo de fichar a un chico con sueños y talento sin intención de seguir adelante” es aquí donde nos muestra finalmente que es una figura abiertamente apasionada y sincera, pero también atractivamente descentrada y humilde.

La música de Frank Ocean, es simplemente como cuando ves un edificio cayendo por una demolición controlada, puedes apreciar cada una de las explosiones desde la seguridad de una voz que recita una historia de forma elegante y tranquila, mientras desborda en entrega y melancolía, su obra se trata de la vida cotidiana, de la hazaña de simplemente existir, es una declaración por derecho propio sobre el desborde de sentimientos e ideas repletas de amor profundo, filosofías embriagadoras y pérdidas abatidas. 

El poder del trabajo de Frank a menudo proviene de una transparencia extrema, ingenio, encanto, inteligencia y una humanidad inefable. Un ser humano dinámico claramente de un futuro donde han explotado los viejos binarismos y se han derretido las divisiones raciales o así nos deja ver esperanzado con cada devastador giro de frases o rápidos saltos a falsete, tal intimidad atrae al oído, burbujea en el cerebro y eleva la humanidad por sobre la carne, sin dejar de lado que efectivamente, carne es lo que somos.

Ocean abraza y mima su parálisis ante el amor y se ve obligado a buscar las respuestas de la vida en una balada sangrante, donde podemos verlo ofreciendo sus más apasionadas súplicas como en su canción «Bad Religion» donde nos cautiva con su cruda emocionalidad «Este amor no correspondido, para mí no es más que un culto de un solo hombre y cianuro en mi vaso de espuma de poliestireno, nunca podría hacer que me amara«.

Frank trasciende enormemente la musicalidad convirtiendo cada uno de sus discos en obras de arte completas y sencillas dentro de su complejidad, alimentando su trabajo de iconos de fácil reconocimiento como en la breve secuencia «Bitches Talkin», se escucha un amoroso fragmento de «Optimistic» de Radiohead, mientras nos exclama muy lentamente sobre la banalidad de la costa Oeste con la que Ocean tiene una recelosa relación amor/odio «¿Por qué ver el mundo cuando tienes la playa?«. 

Su obra transmite la declaración de alguien que constantemente se auto define de forma confiada y abierta que vive conscientemente en un exquisito mundo propio, sin sacrificar su fascinación con todo lo que lo rodea. El canto tipo R&B que tanto lo caracteriza se ve enaltecido por la experimentalidad de su composicion musical, la cual de forma casi anónima esta repleta de nombres conocidos, así es como en su obra más aclamada «Blonde» un relato idiosincrásico, profundamente personal y transgresor de su lucha por declarar su propia identidad, sus letras y su voz suave, pero bellamente poderosa, ocupan un lugar central, mientras canta sobre un conjunto de bellos, mínimos y escasos instrumentos. Frank es capaz de encontrar la belleza en la sutileza como nadie más ha podido en la memoria reciente, así es como de todas las personas podemos encontrar a Beyoncé en «Pink + White» haciendo una breve aparición en coros, y otras colaboraciones de nombres como Kanye, Johnny Greenwood o Yung Lean, sin siquiera la necesidad de hacer gran fanfarria de ellos, sino mayormente como una fetiche artístico.

Frank disfruta de su privacidad y esto es un eufemismo, constantemente se embarca en pausas prolongadas del ojo público y se aleja por completo de las redes sociales. En estos días, los eslóganes de sus poleras dicen todo lo que piensa, ya sea sobre el cómo se distorsionan los privilegios de la clase acomodada en Los Ángeles en «Super Rich Kids» o sobre el entumecimiento aburrido de la generación de Coachella en los cinco minutos que dura  «Novacane».

«Quiero ser invisible, quiero volar y quiero ser invencible«. Sus ojos brillantes se asoman por debajo de una gorra de Supreme y un pañuelo rosa. Mientras con solo su mirada nos demuestra que puede lograrlo. Al principio, Frank Ocean era simplemente un gran narrador, después se convirtió en la historia, respiró esperanza y luego simplemente se marchó. Nos habla sobre la humanidad, sobre la sensibilidad a través de capturas de pantalla con historias de Internet, un precioso reflejo de nuestra sociedad y su fragilidad, nos permite aún conectar con lo que creemos o experimentamos como nuestros mundos personales, frases como “Quizás, tener un buen llanto por ti ” o la sinceridad de un “haría lo que fuese por ti (en la oscuridad)” como luz que se escapa entre los dedos, diluidas lentamente en guitarras etéreas que secan las pocas lágrimas que aún permanecen en nuestras mejillas, en completa negación, mientras sigo sin dejar de pensar en que “habrán montañas que no podré mover”.

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