Tamaryn
Ante una realidad colectiva que pareciera darnos un martillazo nuevo cada día, cantar desde la ensoñación y las profundidades de las emociones se vuelve un acto de contención necesario para navegarla. En esta línea, la música de Tamaryn pareciera entregar al mundo este necesario destello lleno de intimidad y fragilidad humana.
Este miércoles de recomendaciones está dedicado a esta artista de sonoridad multifacética, que se despliega bajo el alero del dream pop. Su carrera se desenvuelve con letras interpretadas desde un amplio abanico de sensaciones gracias a su amplio registro vocal, e instrumentalidades cargadas de melodías y distorsiones oníricas. En definitiva, un viaje desde lo cotidiano hacia lugares interiores e interpersonales poco transitados.
Tamaryn Sitha Brown, nacida en Nueva Zelanda, criada por su madre y madrina, bajo el halo de sus profesiones como terapeutas Junguianas –y según algunos medios, también un poco hippies–, tuvo una niñez y adolescencia marcadas por la transitoriedad, tanto propia como externa.
Su familia funcionó como casa de acogida para adolescentes sin hogar. Esto, sumado a las múltiples mudanzas entre Nueva Zelanda y Estados Unidos, la hizo familiarizarse desde temprana edad con la idea de lo impermanente y el desarraigo: “30 hermanos y hermanas, niños que habían estado en distintas pandillas: Mongrel Mob, Black Power… Algunos blancos, algunos māori, algunos mestizos” (Popmatters, 2015), fueron el contexto familiar que potenció este sentir, creciendo rodeada de distintas culturas y códigos de calle.
Este ir y venir, literal y metafórico, se manifiesta como una tensión constante en su música: “Durante años había estado haciendo música que tenía muchas reglas en contra de cosas como la electrónica, los samples y distintos tipos de grabación”, explicó en una entrevista para el medio Popmatters (2015); . “Me gustaba mucho ese sonido y estaba bastante bien, pero siempre quise explorar otros territorios”.
Es bajo esta consigna que desarrolla cuatro álbumes de estudio que, aún teniendo una misma estética, suenan todos muy diferentes entre sí. Su primer álbum de estudio «The Waves» fue publicado en el año 2010 y fue muy bien recibido por el público. Para muchos de sus seguidores, este álbum constituye un clásico de nicho que sabe dejar complacidos a seguidores de bandas como Slowdive o My Bloody Valentine. «Tender New Signs», su segundo álbum de estudio, publicado el año 2012, sigue esta misma premisa y la consolida como artista para este nicho musical. Hasta aquí, su propuesta es consistente y prometedora.
El año 2015 publica su tercer álbum de estudio «Cranekiss», donde aquella tensión de tránsito se consolida y se presenta bajo una mezcla de sonidos que van desde el dream pop, hasta el new wave. Esta tonalidad oscura, la hace coquetear con un romanticismo gótico que se refuerza con sus vocalizaciones casi líricas, siempre acompañadas de guitarras melancólicas y melodías con distorsiones oníricas. Con esta fantasía dream pop, Tamaryn se abre paso a un público más variado y fresco, con hambre de moverse al ritmo de la nostalgia y dispuestoo a abrirse a nuevos estilos.
Su último álbum a la fecha fue publicado el año 2019: «Dreaming of Dark» es un manifiesto de amor y oscuridad, entendiendo que su existencia justifica el tono luminoso que muchas de las canciones de este disco presentan. La producción y la escritura estuvieron acompañadas por Jorge Elbrecht –Frankie Rose, Wild Nothing, Gang Gang Dance. Tamaryn comenta a la revista Under the Radar que, tras su disco anterior , atravesó un período de pausa, de desconexión con el proceso de creación musical , y con ello, la reconsideración de su lugar como artista. Esta toma de distancia le permitió hacer un mayor énfasis en las letras, donde su voz se convierte en el elemento fuerte de su música por sobre las cuerdas y distorsiones
De este modo, su propuesta no ha pasado desapercibida en ninguna etapa de su carrera: con remixes de artistas como Robin Guthrie, The Horrors y otras colaboraciones con bandas como Soft Kill, Tamaryn se consolida como una creadora, cuya evolución mantiene en espera a sus seguidores, quienes esperan su pronto regreso. Tal vez esa espera cobre aún más sentido a la luz de sus propias palabras, cuando en entrevista con Hero Magazine (2018) reconoce que su búsqueda artística ha llegado a un punto de comunión: “Ahora entiendo que se trata más de comunicar con las personas: mientras más me ven, más pueden ver la verdad de la música, y mientras más clara es mi voz, más pueden conectarse.”
Su pausa no parece una retirada inminente, sino un nuevo gesto de madurez creativa: repetir el ejercicio de esperar el tiempo necesario para que su voz vuelva a surgir desde la ensoñación romántica y el misticismo oscuro que caracterizan su música.