a 10 años de «Puberty 2»

17-06-2026 | Reseñas

El ineludible paso por la autodestrucción para volver a armarse

Reseña por Jota

A los 25 años ya sabemos muchas cosas; ya pasamos por la pubertad y la adolescencia y estamos aprendiendo a ser adultos más funcionales, a relacionarnos con otras personas, a mantener un trabajo o quizás sacar a flote una carrera, a manejar el dinero, a cuidar de nosotros mismos… o no. Y a veces ese aprendizaje requiere un par de golpes, un par de caídas y una ración considerable de dolor.

Mitski nos regaló «Puberty 2» el 2016, cargado de canciones icónicas tanto por sus letras como por su sonido, y una década más tarde no deja de ser relevante para todxs quienes lo descubren, a cualquier edad. Y es que «Puberty 2» es exacto eso; si la pubertad es un período incómodo y doloroso, lleno de cambios físicos y hormonales, donde no nos sentimos cómodos en nuestro propio cuerpo ni en relación a los demás… 

Bueno, la segunda pubertad es lo mismo pero a nivel emocional, intentando formar relaciones amorosas con las peores personas, dejándose tratar de las peores formas, y todo por su propia mano, teniendo que aprender a parar y encontrar mejores formas de sobrellevar la vida.

A través de sis 11 tracks, «Puberty 2» nos muestra la única forma que encontró en el momento de enfrentar esta nueva etapa de la adultez, a través de relaciones fracasadas, la soledad, la depresión y la recurrencia de sus actos autodestructivos, pero también sus intentos por alcanzar la felicidad. Y todo comienza con «Happy», que comienza con un incómodo sintetizador marcando un ritmo monótono, y en la letra, nombra “Happy” a su pareja sexual, pero que al final es solo eso, sexo sin nada más, un momento de “felicidad” similar a un orgasmo que se va tan rapido como llega, al igual como se sienten los momentos felices mientras atraviesas una depresión.

«Dan the Dancer» cuenta la historia de un chico que tiene los brazos muy largos por colgar de un precipicio todos los días, como metáfora de la depresión, pero Dan se enamora y la chica le pide que tome su mano, por lo que suelta una de sus manos del precipicio para dársela, volviendo todo demasiado agotador. Pero ¿qué importa si la chica le gusta más que la vida misma?… Con sus guitarras disonantes y la voz suave y pausada de Mitski, nos muestra lo bien que se puede sentir el amor en medio de un episodio depresivo, cómo se espera que pueda aliviar algo de este sentir, pero descubriendo que sólo lo empeora.

En «Once More to See You» nos habla de una relación que se mantuvo en secreto y que ya terminó, por lo que está llena de “lo que pudo ser”. Nos muestra que a pesar de haber amado y de gritarlo dentro de su corazón, la soledad nunca la abandonó, y ahora que terminó es aún peor porque no puede contar con nadie para consolarla. «Fireworks» habla sobre el anhelo de salir de la depresión, no necesariamente hacia la felicidad, sino sólo a algo que no sea depresión; quizás sentir nada sea mejor que sentirse así de mal. No pensar en los problemas, olvidar cómo llorar, ignorar las emociones… Todo esto funciona hasta cierto punto, pero luego vienen los fuegos artificiales, la explosión de toda esta emoción reprimida que te estalla en la cara cuando menos lo esperas.

Para cuando llega «Your Best American Girl», Mitski ya nos mostró más o menos la paleta con la que está trabajando, y crees estar preparado… pero no. Aquí Mitski nos habla sobre el deseo de ser alguien más para encajar mejor, en este caso, una chica completamente americana y no mitad japonesa como ella. Al inicio remarcando esas diferencias en el coro con “Your mother wouldn’t approve of how my mother raised me, but I do, I think I do” (tu madre no aprobaría cómo mi madre me crió, pero yo sí, yo creo que sí), para luego aceptar esas diferencias, cambiando la frase final a “I do, I finally do” (yo si, finalmente lo hago). No está diciendo que dos personas con diferentes culturas no puedan amarse, pero sí que a veces esas diferencias pueden ponerse en el camino.

Finalmente llegamos a la joya de la corona de este álbum, y una de las canciones que encapsula de mejor manera los hábitos amorosos autodestructivos que intenta mostrar Mitski a través del disco: «I Bet on Losing Dogs». Usando la metáfora de una pelea de perros y de apostarle al perdedor, Mitski revela cómo es caer en relaciones con personas tóxicas, muchas veces incluso sabiendo que lo son y que no hay nada bueno que pueda salir de la relación; aún así pagamos por nuestro lugar, aún así nos quedamos hasta el final y perdemos con ellos, solo por sentir algo. Con una voz suave y algo monótona pero cargada de sentimiento, nos lleva con sus guitarras, sintetizadores y baterías por este camino destructivo pero desprovisto de ingenuidad. 

En la estridente «My Body’s Made of Crushed Little Stars» saltamos bruscamente de la voz suave y controlada exclamaciones y gritos derechamente, acompañados solo por una guitarra tocada sin mucho cuidado, mientras declama “I don’t know how I’m gonna pay rent, I wanna see the whole world”(no sé cómo voy a pagar la renta, quiero ver el mundo entero). Todos estamos hechos de polvo de estrellas, y aun así a veces no podemos ni levantarnos de la cama, viviendo vidas mundanas sujetos al sistema: tener un trabajo para tener dinero para poder vivir… pero cuando no quieres vivir, ¿cuál es el punto de todo?

En «Thursday Girl» Mitski le ruega a alguien, cualquiera, que le diga que no, que pare, que la ayude a dejar de sentirse así. Quiere que la despojen de sus comportamientos autodestructivos, de su carga mental, de sus necesidades, de su dolor. El título hace referencia a un poema corto llamado “Monday’s Child”, donde aparece la línea “Thursday’s child has far to go”( la niña de jueves tiene mucho por recorrer), implicando que está en el camino para salir de su situación, que aún le falta atravesar cosas, pero que tiene un final eventual. 

En «A Loving Feeling» el ritmo animado puede despistar del significado. Resulta que hay infinidad de maneras de estar con alguien, muchas de ellas terriblemente indefinidas, entonces ¿qué pasa cuando esa persona solo nos quiere en secreto y estando solos? Te dejan teniendo que fingir que te sientes bien con la situación, cuando en realidad estás desesperado por más, preguntándote qué hacer con ese sentimiento de amor, si te dejan sin ningún lugar para dejarlo. 

«Crack Baby» usa la idea de un bebé nacido de una mujer adicta a la cocaína como metáfora de una adicción emocional, adicción a algo que no sabes exactamente qué es, pero estás desesperado por conseguirlo de nuevo porque alguna vez lo tuviste, tal como el bebé adicto a la cocaína sin saber qué es ni cómo conseguirla. Anhelando la felicidad del pasado, de la niñez, explora diferentes formas de conseguir un poco de felicidad rápida, a través de drogas, sexo casual y relaciones condenadas.

El último track del álbum es la hermosa «A Burning Hill», donde reflexiona sobre lo que ha estado haciendo a través de las 10 canciones anteriores con esta línea: “I’ve been a forest fire, I am a forest fire, I am the fire and I am the forest and I am the witness watching it” diciendo que ha sido un incendio forestal, que sigue siéndolo, que es el fuego (lo que la destruye), es el bosque (lo que se destruye) y es el testigo mirándolo todo (está consciente de lo que está haciendo y sigue haciéndolo). Pero no basta con saber lo que está haciendo si no se detiene, entonces tiene que buscar otras formas, en lugar de seguir destruyéndose con sus métodos conocidos, ahora tiene que conformarse con las pequeñas cosas, con la rutina, encontrar satisfacción amando las pequeñas cosas de la vida.

Producido por Patrick Hyland, el álbum nos lleva por melodías suaves, por estridentes momentos punk, por montañas rusas emocionales e inserta algunos de los sonidos más extraños de forma en la que suenan familiares, mientras Mitski alterna entre susurros y gritos con una energía que impresiona y cautiva, guiándonos por un terreno emocional que solo ella se sabe de memoria, pero que al llegar nos damos cuenta que también conocemos porque hemos estado ahí, de alguna u otra forma.

Abarcando temas enormes, malabareando con apuestas musicales atrevidas y cavando profundamente en ella misma con pura y cruda emoción, Mitski nos pone un espejo de lo que nos hemos hecho a nosotros mismos y nos da una luz de esperanza. Dentro nuestro continúa la lucha de poder entre lo que sentimos y lo que queremos sentir, pero mientras tanto podemos practicar el amar las pequeñas cosas.

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Clairo

Con una presencia sencilla pero inolvidable, una sensibilidad única y un talento que habla por sí solo, el día de hoy, en este nuevo viernes de mujeres bacanes hablaremos de: Clairo