a 35 años de «Ten»

27-08-2026 | Reseñas

uno de los discos más intensos del grunge

reseña por: Natalia Hurtado

«Ten» cumple 35 años el día de hoy, álbum debut de Pearl Jam y que se convirtió en el inicio apabullante para una banda que, en estricto rigor, apenas comenzaba a reconocerse como un grupo propiamente tal.

Pearl Jam nace de las cenizas de otras bandas fundamentales de la escena de Seattle, principalmente Mother Love Bone y Green River, a las que se suman nuevos integrantes y un vocalista que, hasta ese momento, llevaba una vida bastante alejada de los circuitos musicales de la ciudad: un surfista proveniente de San Diego llamado Eddie Vedder. La formación que terminaría registrando el disco ni siquiera sería completamente estable durante el proceso, con el baterista Dave Krusen abandonando poco después de terminar las sesiones. En ese sentido, el álbum captura a la banda en un momento particularmente frágil, cuando todavía estaban construyendo una identidad propia y tratando de entender qué clase de banda querían ser.

Esa sensación de consolidación aparece incluso en la célebre fotografía de portada. Jeff Ament, bajista del grupo, ha explicado que la imagen de los integrantes con los brazos levantados frente a un gran letrero de madera con el nombre «Pearl Jam» buscaba representar, de alguna manera, la necesidad de afirmar la existencia de la banda. Más que una simple fotografía promocional, la imagen parece funcionar como una declaración: “aquí estamos, somos una banda”. Y resulta especialmente significativa considerando que todo aquello todavía se sentía precario para sus propios integrantes.

Este álbum también constituye un debut poco convencional para los estándares de la industria. Su recorrido inicial fue más bien lento: publicado en agosto de 1991, necesitó varios meses para comenzar a ganar verdadera notoriedad, justo cuando el panorama musical estadounidense estaba a punto de experimentar una transformación profunda. El punto de inflexión llegaría con «Smells Like Teen Spirit», de Nirvana, lanzada como sencillo en septiembre del mismo año y convertida rápidamente en uno de los grandes catalizadores de la explosión del grunge y del rock alternativo. «Ten», que hasta entonces avanzaba con relativa discreción, terminó beneficiándose de esa enorme ola de interés por la escena y alcanzó una repercusión que probablemente habría sido mucho más difícil de anticipar durante sus primeros meses.

La historia de «Jeremy», tercer sencillo del álbum, profundizó todavía más esa relación entre Pearl Jam y la creciente exposición mediática del grunge. Lanzada como sencillo en 1992, la canción recibió una enorme atención gracias a su temática y, especialmente, a un video promocional que abordaba de manera explícita el suicidio de un estudiante frente a sus compañeros. El impacto de aquellas imágenes fue enorme: no solo convirtió la canción en uno de los mayores éxitos de Pearl Jam, sino que también abrió un debate sobre la responsabilidad de los medios y de los propios artistas al representar la violencia, el suicidio y la fragilidad de la salud mental juvenil. Ante la posibilidad de que una representación tan gráfica pudiera resultar problemática o incluso contribuir a fenómenos de imitación, la banda decidió tomar distancia de ese tipo de exposición visual y dejó de producir videoclips durante varios años, hasta regresar en 1998 con «Do the Evolution».

Esta decisión sería una de las primeras manifestaciones de una postura que terminaría definiendo buena parte de la relación de Pearl Jam con la industria musical. La banda comenzó a cuestionar progresivamente las reglas del mercado, la exposición mediática, el precio de las entradas, los grandes circuitos de conciertos y la manera en que la industria utilizaba la imagen de los artistas. Por eso, mirar «Ten» únicamente como un exitoso debut de grunge resulta insuficiente, ya que el álbum aparece en medio de una transformación cultural mucho más amplia, conservando una mirada profundamente introspectiva y humana.

En ese sentido, «Ten» es un trabajo áspero, emocional y de enorme intensidad. Sus canciones hablan de pérdida, abandono, aislamiento, enfermedad, desigualdad, violencia y desamor, pero lo hacen desde una perspectiva íntima, casi claustrofóbica. La música puede ser monumental, con guitarras expansivas, solos cargados de dramatismo y una voz que constantemente parece estar al borde del quiebre, pero debajo de esa grandilocuencia existe una vulnerabilidad que terminaría convirtiéndose en una de las principales marcas de Pearl Jam. Es precisamente esa combinación entre fuerza y fragilidad la que hace que 35 años después, siga sintiéndose menos como el documento de una moda y más como el nacimiento de una banda que marcaría a generaciones.

En términos formales, «Ten» es un disco de 11 canciones, al que se suma como pista oculta «Master/Slave», una pieza instrumental que aparece al final del álbum y que funciona casi como una coda atmosférica. El disco tuvo cuatro sencillos oficiales, acompañados de sus respectivos videos promocionales: «Alive», «Even Flow», la anteriormente mencionada, «Jeremy» y «Oceans». Sin embargo, hay una canción que, pese a no haber sido escogida inicialmente como sencillo, terminó convirtiéndose en el verdadero corazón emocional del álbum y en una de las composiciones más reconocibles, coreadas y perdurables de Pearl Jam: «Black». Su presencia dentro del disco resume buena parte de las virtudes del mismo: una estructura aparentemente sencilla que, sostenida por la interpretación vocal de Eddie Vedder, nos entrega una intensidad difícil de ignorar.

Pero cada historia tiene un inicio y los orígenes del álbum se encuentran en un conjunto de composiciones instrumentales desarrolladas principalmente por Stone Gossard y Jeff Ament después de la disolución de Mother Love Bone, banda fundamental dentro de la escena de Seattle y cuyo cantante, Andrew Wood, había fallecido en 1990. En ese período, Gossard comenzó a registrar una serie de maquetas que terminarían reunidas en el cassette instrumental «Stone Gossard Demos ’91». El material contenía cinco composiciones que serían decisivas para la futura identidad de Pearl Jam: «Dollar Short», que se transformaría en «Alive»; «Agytian Crave», convertida posteriormente en «Once»; y «E Ballad», que dio forma a «Black». Las dos restantes composiciones también encontrarían posteriormente un lugar dentro del universo de la banda, aunque como material complementario y lados B.

El demo llegó a manos de Eddie Vedder gracias a Jack Irons, antiguo baterista de Red Hot Chili Peppers y amigo de Vedder, quien le sugirió que escuchara las grabaciones. Vedder recibió aquellas pistas en San Diego y, según la conocida historia de la gestación del álbum, salió a surfear mientras escuchaba las maquetas. A partir de ellas comenzó a escribir y grabar sus propias ideas vocales, desarrollando una particular forma de responder a aquellas estructuras instrumentales ya existentes. De ese proceso surgió una pequeña secuencia narrativa que conectaba tres canciones: «Alive», «Once» y «Footsteps». El conjunto, posteriormente conocido como «Mamasan Trilogy», construía una historia marcada por el trauma familiar, la locura y el asesinato, estableciendo desde el comienzo una de las características más particulares de Vedder como letrista: su capacidad para transformar experiencias personales, imágenes ambiguas y personajes ficticios en relatos cargados de angustia y conflicto.

Lo interesante es que «Ten» nace, en buena medida, de la superposición de elementos que originalmente no fueron concebidos como un todo: las estructuras instrumentales de Gossard y Ament, las aportaciones de Mike McCready, la batería de Dave Krusen y la llegada de un vocalista que construye nuevas historias sobre canciones que ya existían. Es, en ese sentido, un disco ensamblado a partir de capas, encuentros y accidentes creativos.

De esta manera, el disco, al igual que la propia formación de la banda en aquella época, parece construido a partir de distintos fragmentos, influencias e ideas que terminan confluyendo en un mismo espacio. En él conviven referencias al rock clásico, con nombres como Jimi Hendrix o Led Zeppelin, junto con sonidos más contemporáneos para la época y una sensibilidad lírica que se distancia de la grandilocuencia del rock tradicional para abordar conflictos profundamente humanos.

Las letras, principalmente a cargo de Vedder, conforman un amplio abanico de intensidades y temáticas en el que prácticamente no existe espacio para la ligereza. El desgarro del desamor aparece en «Black»; la inequidad social, la precariedad y la codicia atraviesan «Even Flow» y «Garden»; mientras que «Why Go» y «Jeremy» se aproximan al abandono, la marginación y las consecuencias de la falta de contención. «Release», por su parte, se mueve hacia un terreno más íntimo y doloroso, asociado a la pérdida, la ausencia y las heridas familiares. Esta colisión entre sonidos pesados, atmósferas sombrías e historias profundamente humanas terminó consolidando a «Ten» no sólo como un debut comercialmente exitoso, sino también como un viaje sonoro denso, honesto y profundamente visceral.

En este sentido, «Ten» no es necesariamente un disco cohesivo ni lineal en términos de sonido o estructura; sin embargo, esa naturaleza fragmentada no le resta valor, sino que constituye precisamente una de sus mayores virtudes. El álbum parece contener múltiples direcciones posibles y, aun así, logra mantener una identidad reconocible. Prácticamente todas sus canciones poseen la fuerza suficiente para haber funcionado como sencillos, ya que incluso aquellas piezas menos difundidas, como «Why Go», «Garden» o «Deep», cuentan con una intensidad musical y lírica capaz de impactar desde la primera escucha.

La riqueza del período, además, no termina en las canciones incluidas en el álbum. Sus lados B, como «Footsteps» y la nostálgica, enigmática e inclasificable «Yellow Ledbetter», originalmente asociadas a distintos sencillos, demuestran que la banda estaba produciendo material de una calidad excepcional incluso fuera de la selección final. Ambas composiciones serían posteriormente recopiladas en «Lost Dogs» (2003), ampliando retrospectivamente el universo creativo de aquella primera etapa. «Yellow Ledbetter», en particular, terminaría adquiriendo una vida propia: su letra deliberadamente ambigua, la interpretación vocal casi improvisada de Vedder y los extensos pasajes de guitarra de Mike McCready la transformarían en una de las piezas más queridas por los seguidores de la banda y en un cierre habitual de sus presentaciones en vivo.

Ese legado precisamente es lo que hace de este disco una obra maestra. Basta ver cómo esos temas suenan y son coreados en vivo hasta 35 años después para comprender el impacto transgeneracional que han tenido. Queda hacer una mención especial a las diversas encarnaciones en vivo de «Black» (desde los comienzos en el festival Pinkpop 1992, con un Eddie Vedder casi ahogándose de la emoción; la intimidad acústica del MTV Unplugged y su desgarrador “We belong together” al final del tema; hasta la masiva y sobrecogedora comunión en Chile el 2011 en el Estadio Monumental) para comprender que Pearl Jam es, ante todo, una banda que apela a la intensidad pura.

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