Las Áñez
Mundos resonantes en los que la voz toma diferentes personalidades, dimensiones donde el pasado se conoce con el futuro, y construcciones líricas honestas, cargadas con interpretaciones cristalinas: este es el prisma musical con el que llegan Las Áñez a teñir este Viernes de mujeres bacanes.
La música de estas hermanas bogotanas, sumamente estética y singular, nos sumerge en temáticas sociales, medioambientales y de la vida cotidiana, a través de un hilado consciente entre voz y elementos musicales puntuales. Su trayectoria en el jazz y en la experimentación se sienten como un eje fundamental en la propuesta artística de esta agrupación, que cuenta ya con cinco álbumes lanzados.
Nacidas como gemelas idénticas, Juanita y Valentina han compartido su amor por los escenarios y la música desde niñas. Durante su infancia, fueron criadas como una unidad, recorriendo los mismos lugares, usando los mismos atuendos y descubriendo el mundo al mismo tiempo.
La singularidad de un compartir tan profundo, se ve reflejada en su propuesta artística, con voces tan similares que parecen ser cantadas por una misma persona. Sin embargo, tanta similitud no es sinónimo de monotonía, pues pareciera que la seguridad de un vínculo tan cercano les ha abierto también la puerta a la exploración y la experimentación.
Luego de tomar clases de canto, guitarra y piano durante su adolescencia, Juanita y Valentina fueron aceptadas en el programa de jazz de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Allí conocen a Santiago y Daniel Mendoza, otros dos hermanos estudiantes de batería y bajo, con quienes crean la banda de jazz experimental, Bituin, en 2010. El folklore colombiano y la música latinoamericana están en el origen de la banda, pues los cuatro músicos coincidieron por primera vez para interpretar una canción de la cantante colombiana, Lucía Pulido. La versión original incluía un formato a trío compuesto por bajo, batería y voz solista, que alteraron para la dupla de las Áñez.
De esta manera, la experimentación entra a la mezcla sonora de la agrupación, la cual empieza a explorar con los formatos y las músicas propias del folklore al combinarlos con sus trayectorias en el free jazz. Bituin lanza su primer álbum titulado «Paisaje abierto» en 2011, un trabajo compuesto por nueve canciones en las que hacen homenaje a músicos latinoamericanos como Simón Díaz, Homero Expósito, y Violeta Parra, reinterpretadas a partir de arreglos propios que nos muestran una cara diferente de estas canciones. Con un formato músical tan pequeño, el hilado de las voces de las hermanas resalta por sus timbres complementarios y la forma en la que expanden la construcción sonora.
La idea de componer con instrumentos limitados, eligiéndolos con propósito y dilatando su uso, se extrapola al proyecto homónimo de las Áñez. En 2014, lanzan su primer álbum como dúo titulado, «Silbidos», con un total de doce canciones. El trabajo utiliza instrumentos como la marimba y la caja chayera, además de elementos electrónicos, entre los cuales, el más llamativo es el pedal de loops, usado para extender el uso vocal de las hermanas. Este componente se volvería recurrente en las composiciones del dúo y de sus presentaciones en vivo. «Pocahontas», la segunda canción del álbum, reúne estos elementos, creando un espacio para el rito y la fuerza. El trabajo también incluye «Semillas», la primera canción compuesta por las hermanas con el pedal de loops.
Cuatro años después del lanzamiento de su álbum debut, Las Áñez nos comparten «Al Aire». Este cuerpo de trabajo de once canciones nos muestra un acercamiento diferente en la exploración musical, al estar más enfocada en la temática de las letras, con canciones como «Don Tomate», en la que hablan de su amor por este alimento. El álbum también representa un nuevo hito para la agrupación, al incluir colaboraciones con otros músicos de renombre, como Marta Gómez, Andrea Echeverri y Edson Valencia.
En 2020, la agrupación participa en una iniciativa local para promover la oferta cultural durante los periodos de aislamiento por la pandemia. La versión casera de «Señal de Viento», grabada con un teléfono celular y utilizando el tono de un teléfono descolgado como base y único acompañamiento tomó popularidad por su creatividad y su temática dedicada al medio ambiente. La canción fue incluida en el álbum «Paralelas», y contó con la colaboración del Cholo Valderrama, cantautor colombiano de música llanera. «De Curvo Cuerpo», también resalta en esta entrega del dúo por sus letras feministas, que reivindican la igualdad.
«Dualismo mágico» es la última entrega de la agrupación, tomando como inspiración la novela de Gabriel García Márquez, “Cien Años de Soledad”, cuya adaptación audiovisual contó con la colaboración de Las Áñez en la composición de la banda sonora. Con este marco, el álbum es un homenaje a su país natal y a sus ritmos. A lo largo de las doce canciones del álbum, y como es propio de Las Áñez, encontramos colaboraciones con otros artistas latinoamericanos como Chancha Vía Circuito y La Muchacha, además de contar con la participación de su familia en la creación y grabación de la canción «Asumo», compuesta para el hijo de Valentina.
La abundancia de Las Áñez radica en su compromiso con la honestidad, en su respeto profundo por la música y por el acto de crear, y en considerar que cada aspecto de la vida merece ser cantada y cada canción compartida. Que su originalidad nos inspire a ver la profundidad de lo simple y los recovecos sonoros que allí se ocultan.