A 15 años de «Ceremonials»
Purgamos nuestros pecados en el agua y nos rendimos ante una nueva religión
Reseña por Jota
Muy acorde con las vibras de la última semana de octubre y en vísperas de Halloween, nació un disco lleno de fantasmas, demonios, espíritus, amores condenados, rituales, muerte y el poder transformador del agua. «Ceremonials» llegó hace 15 años, que se vuelven nada cuando lo escuchas y te transportas de vuelta, pero pesan cuando abres los ojos y te das cuenta de cuánto han cambiado las cosas en todo ese tiempo.
El sucesor de «Lungs» nos devuelve la inconfundible voz de Florence Welch, las temáticas usuales y las melodías de fantasía, pero esta vez es a una escala mucho mayor, mucho más profunda y espiritual, tal como sugiere su título. Florence se muestra más que cómoda en este imaginario oscuro lleno de espíritus y dramas épicos, y nos vemos envueltos en arpas, órganos, campanillas y coros fantasmales.
Nos encontramos de pronto en la catedral de Florence, participando en sus ceremonias y haciendo culto al amor, al desamor, la tristeza y la esperanza. «Ceremonials» tanto a iglesia como a rito pagano, tan ostentoso como orgánico, atiborrado de sonidos que van construyendo capas cuidadosamente, que suelen estallar en una catarsis que no es fácil encontrar.
El álbum abre con «Only if For a Night», donde nos relata un sueño muy vívido que tuvo con su abuela fallecida, en el que la alienta a seguir adelante y a concentrarse. Le llama la atención que en lugar de los susurros de amor que esperaría haber escuchado, recibió consejos muy prácticos, pero al menos para ella y solo por una noche, su abuela volvió a estar viva. Este eco onírico nos da una probada de lo que viene, un montón de fantasmas y referencias a la muerte.
«Shake it Out» pinta la imagen de demonios que nos cuelgan del cuerpo, como metáfora de los miedos, inseguridades y culpas, y nos invita a sacudirnos para eliminarlos y poder seguir avanzando, detener la autodestrucción y renacer, ya que siempre está más oscuro antes del amanecer.
A partir de este punto el agua gana protagonismo, tomando diferentes significados en las canciones, pero siempre presente. En «What the Water Gave Me» el agua simboliza la vida, tanto porque la da como porque la quita. Pone como ejemplo el suicidio de Virginia Woolf, quién llenó sus bolsillos de piedras y se sumergió en un río cuando una enfermedad la estaba consumiendo junto a su esposo, por lo que sintió necesario el sacrificio; pero también se inspira en padres que entran al océano para rescatar a un hijo, a quien el oceano suele devolver sano a cambio de la vida de sus padres. Nos advierte que la vida es cruel y que demanda sacrificios e intercambios por amor, que nada es gratis y hay que recordarlo.
«Never Let Me Go» nos arrastra a las profundidades del mar de una forma más literal, ya que relata un suicidio en primera persona, donde el fondo se siente placentero y tranquilo, frío pero dulce. Purga sus pecados y se libera de su peso con la muerte misma, pero al mismo tiempo pide que no la dejen ir. Otro sacrificio necesario lleno de contradicciones resumido en una de las frases más poderosas de la canción: “I’m not givin’ up, I’m just given’ in”, en la que explica que no se está rindiendo ante los problemas de la vida, solo se deja llevar al terrible e inevitable desenlace.
Las melodías alegres y animadas de «Breaking Down» se contradicen con la letra de la misma, en la que habla de la depresión como una compañera que ha estado con ella desde siempre, eternamente al acecho, esperando el momento oportuno (o el menos oportuno) para abalanzarse sobre ella.
En «Seven Devils» los pecados capitales toman forma para ayudarla a cobrar venganza sobre alguien que le causó mucho daño, pero el mal trae maldad y todo se revierte, por lo que termina acabando también con ella misma. Para cuando llega a «Lover to Lover» ya tiene una aceptación radical de su destino, no le importa ser juzgada por Dios, por los ángeles o cualquiera, y si no va a ir al cielo al final, pues que así sea.
«Heartlines» con su percusión tribal y sus numerosas metáforas sobre adivinación del futuro, nos invita a seguir nuestra intuición por sobre todas las cosas. «Spectrum» representa los colores de la bandera LGBTI+ como las miles de posibilidades de amar y expresar, así como al espectro de emociones que se sienten a lo largo de una relación.
En el podio de las canciones más épicas y emocionales del álbum se encuentra «No Light, No Light», un grito desesperado por salvar una relación que se cae a pedazos por la falta de comunicación y el no saber qué hacer, lo que nos lleva a «All This and Heaven Too», donde nos habla sobre el idioma particular de las emociones, tan difícil de traducir en palabras.
Todo culmina en «Leave My Body», donde ve el cuerpo como una limitante, donde estamos atados a una historia, a traumas y cargas terrenales, y quiere salir de él para vivir completamente en el presente. Una hermosa forma de cerrar el álbum.
Es quizás el álbum más grandilocuente de Florence + the Machine, y nos muestra a una artista muy joven (25 años en ese momento), que sí estaba llena de preguntas y aún le faltaba vivir muchas cosas, pero también estaba llena de sabiduría que pudo plasmar y esparcir en la forma de este conjunto de canciones. Y aunque está repleto de metáforas que dificultan el entendimiento tan literal de las letras, es tremendamente personal y pasional. Nos invita a reflexionar y a seguir navegando en el océano de la vida, saber hacer sacrificios y sacudirnos todos nuestros demonios, con una banda sonora épica.