«The Crow» (1994)
La película «El Cuervo» (1994), dirigida por Alex Proyas, no solo marcó un hito cinematográfico bajo un diluvio perenne, sino que se convirtió en un mito viviente de la cultura gótica. La trágica muerte de Brandon Lee elevó el film al estatus de leyenda, otorgándole un impulso mediático impensable en su época, que terminó por mimetizarse con el aura sombría de la producción.
Su trascendencia no se limita a la pantalla, pues su icónica banda sonora logró capturar una atmósfera de oscuridad, melancolía y añoranza tan desgarradora y empapada de dolor que ha resistido brillantemente el paso del tiempo. En este Jueves de cine nos sumergimos en las entrañas musicales de El Cuervo.
Más que un simple acompañamiento, cada pieza musical describe a la perfección el descenso y la metamorfosis de Eric Draven (Brandon Lee), a través de la densa bruma gótica. La trágica historia del hombre asesinado junto a su prometida, Shelly Webster (Sofia Shinas), en la víspera de Halloween, cobra vida un año después cuando él resucita bajo una tormenta incesante.
Dotado de poderes sobrenaturales, el protagonista camina entre las sombras de una ciudad lúgubre para mutar en un implacable antihéroe guiado por la venganza: El Cuervo. Su traje, ya legendario, consiste en el rostro pintado de blanco, con los ojos cruzados por una línea y los labios con una sonrisa de Glasgow de color negro, más un atuendo del mismo color con una chaqueta de cuero larga; perfecta para la lluviosa noche en la cual acontece su venganza.
El viaje inicia con el pilar gótico e industrial del filme, donde la música se confunde con el sonido del agua golpeando los callejones. El momento definitivo de la transformación ocurre bajo los acordes de «Burn» de The Cure, una pieza escrita exclusivamente para la película; su línea de bajo hipnótica y batería tribal musicalizan la icónica escena en la que Eric se maquilla frente al espejo, asumiendo su identidad en medio del dolor. La desesperación y el vacío del protagonista se profundizan con «Dead Souls» de Nine Inch Nails, un devastador cover de Joy Division que suena mientras Eric corre febrilmente por los tejados de la ciudad bajo una lluvia torrencial, atrapado entre la futilidad de sus recuerdos y su sed de justicia.
La inclusión de canciones de The Cure y Joy Division es sumamente interesante, ya que ambas bandas cimentaron las bases estéticas de la melancolía y el desespero en el cómic original. James O’Barr, el creador de «The Crow», imprimió la letra de la canción «The Hanging Garden» de The Cure en una página entera para reflejar la soledad de su obra, y algunos capítulos del cómic llevan el nombre de temas de Joy Division, como «Atmosphere» y «Atrocity Exhibition». En una viñeta, Eric Draven incluso cita una línea de la canción «Disorder», del disco «Unknown Pleasures», reforzando el ADN post-punk y oscuro de esta trágica historia.
La distorsión y las guitarras pesadas marcan el ritmo de la cacería de los asesinos en aquella larga noche. «Big Empty» de Stone Temple Pilots introduce una melancolía texturizada con tintes de grunge y blues que encaja perfectamente con el tono lúgubre, húmedo y desesperanzado del filme. La agresión explota con «The Badge» de Pantera, un potente cover de Poison Idea que inyecta una dosis de furia absoluta a las secuencias de venganza urbana, complementado por la atmósfera pesada de «Darkness» de Rage Against the Machine (regrabación de su demo de 1993, lado B de su primer disco homónimo), que añade una vibra de crítica social oscura al entorno de violencia y podredumbre gótica suscitada en la trama.
El paisaje sonoro se completa con matices alternativos y de shoegaze que definen el sonido sucio, triste y oscuro de la época. «Snakedriver» de The Jesus and Mary Chain aporta su característico ruido melódico y distorsión para sumergirnos en la atmósfera de ensueño, cementerios y pesadilla de la ciudad, mientras que el ritmo pesado de «Milktoast» de Helmet y el rock sombrío de «Color Me Once» de Violent Femmes terminan de musicalizar este laberinto de añoranza, dolor y redención. Mención especial merece «Time Baby III» de Medicine; el grupo regrabó su tema original «Time Baby II» (que es el que tocan en vivo en el club de la película) exclusivamente para el disco, añadiendo la celestial y etérea voz de Elizabeth Fraser, vocalista de Cocteau Twins, lo que aporta un aire fantasmal que contrasta con la crudeza del entorno.
Sin embargo, el corazón emocional de la película es «It Can’t Rain All the Time». Coescrita por la cantante canadiense Jane Siberry y el compositor de la banda sonora instrumental, Graeme Revell, la canción se convierte en el gran himno de redención y esperanza frente al profundo desgarro de la película. Una versión orquestal y profundamente melancólica de esta melodía aparece de manera intermitente a lo largo de todo el filme, envolviendo los recuerdos más dolorosos de Eric mientras llueve copiosamente. Finalmente, la desgarradora interpretación vocal de Siberry cierra el álbum cargada de poesía, resignificando para siempre la frase que Eric y Shelly compartían en vida como una promesa de que, incluso en la tormenta más copiosa y oscura, el dolor no puede ser eterno.