Cher
¿Alguna vez has escuchado la frase “Mamá, yo soy un hombre rico”? O quizás alguna vez te has topado con «Believe», aquella canción emblemática que no solo marcó la historia del dance, sino que también se convirtió en un himno indiscutido para la comunidad LGBTIQA+.
Marcando un antes y un después en la cultura popular, en este nuevo viernes de Mujeres Bacanes, hablaremos de una de las grandes matriarcas de la industria musical. Prepara tus lentejuelas y tus mejores accesorios, porque esta es la historia de Cher.
Nacida en 1946, la vida de Cheryl Sarkisian, más conocida como Cher, estuvo llena de altibajos. Su infancia estuvo marcada por una compleja relación con sus padres, quienes se divorciaron cuando ella era muy pequeña, los constantes matrimonios de su madre, el deseo de esta por alcanzar la fama y un breve paso por un orfanato debido a las dificultades económicas de la familia.
Desde muy pequeña desarrolló un carácter fuerte. Estaba convencida de que su destino era convertirse en una estrella, aunque todavía no sabía en qué disciplina. Su baja autoestima tampoco le jugó a favor: no encajaba en los cánones de belleza de la época. Sin embargo, el constante apoyo de su madre, quien siempre le repetía que era alguien especial, sería el impulso que necesitaba para levantarse una y otra vez.
Destacando entre sus compañeres por su personalidad extravagante y enfrentando un diagnóstico de dislexia, Cher abandonó la escuela a los 16 años para perseguir cada oportunidad que se cruzara en su camino. Audición tras audición, presentación tras presentación, comenzó a hacerse un nombre dentro de la industria. Fue entonces cuando conoció a Sonny Bono, con quien primero establecería una relación estrictamente laboral que, poco a poco, evolucionaría hasta convertirse en una historia de amor y en una exitosa sociedad artística, que marcaría su vida para siempre.
Su primer proyecto juntos fue el dúo Caesar & Cleo, que pasó prácticamente desapercibido. Sin embargo, esa experiencia la llevó a conocer al legendario productor Phil Spector, quien la incorporó como vocalista de apoyo en distintas grabaciones, entre ellas «Be My Baby» de The Ronettes.
Aquello sería apenas el comienzo. En 1964, Cher firmó su primer contrato discográfico como solista, con Sonny como productor. Aunque publicó sus primeras canciones bajo su propio nombre, la idea de trabajar como dúo seguía rondando sus cabezas. Así nació Sonny & Cher.
El éxito llegó rápidamente. Canciones como «I Got You Babe» los convirtieron en una de las parejas musicales más populares de los años sesenta. Sin embargo, como suele ocurrir, no todo sería eterno. Los fracasos cinematográficos impulsados por Sonny, las diferencias artísticas y una serie de sencillos con resultados discretos comenzaron a afectar la carrera del dúo. Fue entonces cuando recibieron la oportunidad que cambiaría nuevamente sus vidas: protagonizar su propio programa de televisión.
El espacio fue un fenómeno. Durante cinco años lideró los índices de audiencia y consolidó a Cher no solo como cantante, sino también como una de las figuras televisivas más importantes de la década y un verdadero ícono de la moda, recibiendo críticas constantes de los medios, quienes veían en ella a alguien provocativo y bastante liberal para la época, aunque eso no repercutió en ella.
Impulsada por ese éxito, comenzó a enfocarse con mayor fuerza en su carrera solista. Nuevos álbumes, colaboraciones con distintos productores y nominaciones a premios como los Grammy parecían confirmar que su carrera atravesaba el mejor momento. Sin embargo, detrás de las cámaras, su matrimonio con Sonny Bono se deterioraba debido a constantes infidelidades y conflictos financieros. Finalmente, ambos pusieron fin a su relación, cerrando también una de las etapas más importantes de sus vidas.
Tras obtener su primer Globo de Oro en 1974, llegó una nueva oportunidad para ella: protagonizar su propio programa de televisión. No obstante, este sería cancelado poco después debido a su segundo embarazo, fruto de su relación con Gregg Allman. Más tarde, Cher y Sonny intentarían reunirse para un nuevo espacio televisivo, aunque nunca lograrían replicar el éxito de su programa original.
Ahora bajo el sello Warner, Cher buscó reinventarse. La discográfica intentó orientarla hacia un sonido más cercano al rock comercial, pero el experimento no dio los resultados esperados. Aun así, ella decidió tomar el control absoluto de su carrera. Dejó atrás el peso de sus relaciones familiares y sentimentales, y optó por presentarse simplemente como Cher, convencida de que no necesitaba ningún otro apellido ni la referencia de algún hombre para definir quién era.
Tiempo después, firmó con un nuevo sello y abrazó por completo el sonido disco. Publicó los álbumes «Take Me Home» y, posteriormente, «Prisoner». Este último provocó críticas de algunos grupos feministas, quienes interpretaron erróneamente su estética como una glorificación de la esclavitud sexual. Paradójicamente, el mensaje era exactamente el contrario: Cher hablaba sobre la libertad, la autonomía y la necesidad de romper con las expectativas que la prensa y la sociedad imponían sobre una mujer y madre soltera.
Su constante experimentación entre el pop, el rock y el disco, dio origen a numerosos álbumes, aunque ninguno parecía devolverle el éxito masivo. Decidió entonces alejarse temporalmente de la música para concentrarse en el cine y el teatro durante los años ochenta.
La apuesta fue todo un acierto. Ganó Globos de Oro, obtuvo nominaciones a los premios Óscar y terminó consagrándose como una actriz de primer nivel. En 1988, ganó el Óscar a mejor actriz por «Moonstruck», demostrando que su talento iba mucho más allá de la música. Ese mismo año, regresó a los estudios de grabación y volvió a conquistar al público.
Su décimo álbum, «Heart of Stone», fue un éxito rotundo. Sin embargo, la década de los noventa traería nuevos desafíos. Problemas de salud, una difícil experiencia durante el rodaje de «Mermaids» y el constante cuestionamiento de la prensa hicieron que volviera a replantearse su futuro artístico.
La muerte de Sonny Bono en 1998, las burlas de los medios y quienes aseguraban que su carrera estaba terminada, golpearon profundamente su ánimo. Buscando respuestas, incluso consultó a una médium. Según contaría años más tarde, allí sintió que Sonny le transmitía un mensaje muy claro: el público todavía la estaba esperando. Y tenía razón.
Contra todo pronóstico, ese mismo año Cher lanzó «Believe», una canción que revolucionó la música popular, popularizó el uso creativo del auto-tune y se convirtió en uno de los himnos más importantes del pop y de la comunidad LGBTIQA+. El álbum, del mismo nombre, fue un éxito mundial y aún hoy es considerado uno de los discos dance más influyentes de todos los tiempos.
Su historia, marcada por caídas, transformaciones y constantes renacimientos, terminó convirtiéndola en un símbolo del feminismo dentro de la industria musical. En un mundo que una y otra vez le pidió bajar el perfil, cambiar o desaparecer, Cher respondió haciendo exactamente lo contrario: siguió avanzando.
Sus declaraciones, muchas veces polémicas, su irreverencia, su extravagancia y su visión sobre la independencia femenina la transformaron en un referente para generaciones completas de artistas como Dua Lipa, Lady Gaga o Madonna. Su esencia camaleónica, su permanente apoyo a la comunidad LGBTIQA+ y su inagotable capacidad para reinventarse la convirtieron en mucho más que una cantante: en un símbolo de libertad.
Cher nunca necesitó demostrar que podía sobrevivir al paso del tiempo, lo convirtió en su mayor aliado. Mientras otros buscaban reinventarse para mantenerse vigentes, ella reinventó la propia idea de lo que significa ser una estrella.
Más de seis décadas después de su debut, sigue siendo una presencia imposible de ignorar. Una mujer que desafió a la industria, rompió todas las reglas y transformó cada caída en una nueva oportunidad, demostrando que los hombres están sobrevalorados y que el verdadero poder está en ella misma.
Y quizá esa sea la mayor lección de Cher: que las estrellas no pueden apagarse, simplemente encuentran una nueva forma de brillar, volviéndola la Mujer Bacán por excelencia y una artista que, pese a las críticas sobre su edad, nos repite constantemente que el único límite es el que nos damos a nosotres mismes.