«Manifiesto» de Alex Anwandter
Hay luchas que nunca terminan del todo. Uno quisiera pensar que las cosas van mejorando con el tiempo, pero basta ver un poco hacia el lado para darse cuenta de que el odio no desaparece, solo cambia de forma. Para la comunidad LGBTQ+, encontrar un lugar propio en el mundo sigue siendo una pelea de todos los días, una que muchas veces se pasa en silencio, con un cuerpo que ya no quiere esconderse más. Para este nuevo domingo de gente triste, queremos hablar de una canción que nace justo de esta lucha: «Manifiesto», de Alex Anwandter.
Alex Anwandter es un cantautor, productor y cineasta chileno que, tras la disolución de la banda Teleradio Donoso, se convirtió en una de las voces más influyentes del pop en español, siempre desde un lugar político. «Manifiesto» está en el disco «Amiga» (2016), y es una canción incómoda de escuchar, en el buen sentido. No hay nada detrás de lo cual esconderse, ni para él ni para quien la escucha. Habla de un cuerpo que no encajó nunca en lo que se esperaba de él, de una familia que a veces no es la de la sangre, sino la que uno construye; y de una violencia tan concreta que ya no hace falta explicarla, solo queda defenderse.
Y ahí está, quizás, lo más triste de todo. El propio Alex lo ha dicho en entrevistas: “Manifiesto es una canción que casi obliga a gritarla”, porque de eso se trata, de gritar quién eres, estés donde estés. Cantarla en vivo se vuelve una especie de actuación de la propia letra, no solo un relato de algo que pasó, sino el acto mismo de plantarse frente a un público y decir en voz alta lo que durante años solo se pudo decir en susurros o no se pudo decir nunca. Esa mezcla es la que la hace tan dura de escuchar, la letra habla de dolor, de miedo, de tener que defenderse solo, pero la forma en que se canta no se queda en el lamento, sino que se convierte casi en un grito de guerra.
Ahí entra una de las frases más fuertes de la canción, esa que dice «Hoy soy mujer, el maricón del pueblo». El mismo Alex ha explicado que gritar eso arriba de un escenario tiene algo de loco, y tiene sentido, no es solo una declaración sobre identidad, también carga con todo lo que significa nombrarse mujer en una realidad donde eso sigue siendo peligroso. En esa misma entrevista, Alex habla de lo difícil que es hablar de progreso cuando los femicidios siguen ocurriendo constantemente y la violencia hacia la comunidad no se detiene. La canción no separa esas luchas, las junta en una misma frase, como diciendo que el odio, aunque tome distintas formas, viene siempre de la misma raíz.
Lo que le da otro peso a la canción es conocer el texto de Pedro Lemebel que la inspiró: «Manifiesto (Hablo por mi diferencia)». Lemebel lo leyó en 1986, en plena dictadura, frente a una reunión política de la izquierda, y lo que hace tan fuerte ese texto es la honestidad con la que habla desde su propia diferencia, enfrentando a un mundo que prefería etiquetarlo y mantenerlo a distancia antes que entenderlo. Lo más duro es que ni siquiera su propio grupo político lo respaldaba del todo ahí, en el espacio donde se suponía que debía sentirse acompañado, su condición sexual pesaba más que su compromiso con la causa que compartían. Y aun con todo eso encima, el texto no se cierra en el dolor, al final, Lemebel piensa en las generaciones que vienen después y desea que les den un lugar donde puedan vivir siendo libres.
Ahí está el puente con la canción de Alex, que pareciera un discurso que trasciende de generación en generación repitiendo una idea simple pero potente. La de alguien que también ha tenido que insistir en existir, incluso frente a quienes deberían estar de su lado. Describiendo desde dentro hasta dónde puede llegar el odio, y que, aún así, decide no callarse.
Y ahí está, quizás, lo más triste de todo. El propio Alex lo ha dicho en entrevistas: “Manifiesto es una canción que casi obliga a gritarla”, porque de eso se trata, de gritar quién eres, estés donde estés. Cantarla en vivo se vuelve una especie de actuación de la propia letra, no solo un relato de algo que pasó, sino el acto mismo de plantarse frente a un público y decir en voz alta lo que durante años solo se pudo decir en susurros o no se pudo decir nunca. Esa mezcla es la que la hace tan dura de escuchar, la letra habla de dolor, de miedo, de tener que defenderse solo, pero la forma en que se canta no se queda en el lamento, sino que se convierte casi en un grito de guerra.
Ahí entra una de las frases más fuertes de la canción, esa que dice «Hoy soy mujer, el maricón del pueblo». El mismo Alex ha explicado que gritar eso arriba de un escenario tiene algo de loco, y tiene sentido, no es solo una declaración sobre identidad, también carga con todo lo que significa nombrarse mujer en una realidad donde eso sigue siendo peligroso. En esa misma entrevista, Alex habla de lo difícil que es hablar de progreso cuando los femicidios siguen ocurriendo constantemente y la violencia hacia la comunidad no se detiene. La canción no separa esas luchas, las junta en una misma frase, como diciendo que el odio, aunque tome distintas formas, viene siempre de la misma raíz.
Lo que le da otro peso a la canción es conocer el texto de Pedro Lemebel que la inspiró: «Manifiesto (Hablo por mi diferencia)». Lemebel lo leyó en 1986, en plena dictadura, frente a una reunión política de la izquierda, y lo que hace tan fuerte ese texto es la honestidad con la que habla desde su propia diferencia, enfrentando a un mundo que prefería etiquetarlo y mantenerlo a distancia antes que entenderlo. Lo más duro es que ni siquiera su propio grupo político lo respaldaba del todo ahí, en el espacio donde se suponía que debía sentirse acompañado, su condición sexual pesaba más que su compromiso con la causa que compartían. Y aun con todo eso encima, el texto no se cierra en el dolor, al final, Lemebel piensa en las generaciones que vienen después y desea que les den un lugar donde puedan vivir siendo libres.
A más de una década de su estreno, la canción se ha convertido en una melodía atemporal, demostrando cómo la historia es cíclica y cómo pareciera que, como sociedad, damos un paso adelante y tres para atrás. Cada cierto tiempo los discursos de odio ya no se dicen a media voz, se dicen fuerte y, a veces, hasta se aplauden. Cuesta cada vez más ponerse en el lugar del otro, y es más fácil mirar para el lado cuando el dolor no es propio. «Manifiesto» incomoda y entristece un poco, solo que ahora con otro nombre y otras formas.
«Manifiesto» no tiene un mensaje de esperanza, al menos no del tipo que promete que todo va a mejorar. Pero sí tiene algo parecido a lo que es la compañía: la certeza de que otros ya pasaron por ahí antes y lo convirtieron en palabras. Lemebel primero, Alex después. Y quizás esa sea la única forma honesta de esperanza que una canción así puede ofrecer: no la de que todo estará bien, sino la de que no hay que pasar por esto en silencio.
Ahí está el puente con la canción de Alex, que pareciera un discurso que trasciende de generación en generación repitiendo una idea simple pero potente. La de alguien que también ha tenido que insistir en existir, incluso frente a quienes deberían estar de su lado. Describiendo desde dentro hasta dónde puede llegar el odio, y que, aún así, decide no callarse.