«Jeff Buckley Live À L’Olympia»
“Merci, beaucoup, beaucoup!” dice reiteradamente Jeff Buckley en esta grabación que revisamos hoy en Lunes de Icónicos. Se siente su agradecimiento, su emocionalidad y la complicidad con el público, que corea y vitorea las canciones de ese mítico disco llamado «Grace» de 1994, y los covers que él añade. El artista nunca escondió a quienes admiraba profundamente ni su amor por esas canciones; por eso, estos conciertos grabados en París el 6 y 7 de julio de 1995 y compilados en «Jeff Buckley Live À L’Olympia» contienen más de cuatro reversiones que oscilan desde el soul de Nina Simone y el rock de Led Zeppelin hasta el proto-punk de MC5.
Esta grabación como tal se hizo pública en el año 2001, luego de que su familia encontrara entre las pertenencias de Buckley un cassette con la grabación de ambas presentaciones en L’Olympia. No era conocido por grabar sus conciertos, pero al parecer estos los quiso guardar de alguna manera. Venía muy cansado de tocar incesantemente varias fechas promocionando su disco «Grace», un disco que resalta a partir de la diferencia en sonidos con la escena de esa época, dominada por la distorsión del grunge.
Él, en cambio, eligió la vulnerabilidad. Se sentía agotado, pero tocar en París, en ese teatro, tenía un significado mucho mayor para él. Allí se habían presentado varios de sus ídolos, Edith Piaf, James Brown, entre otros. Esto, sumado al premio «Grand Prix International du Disque 1995» que le fue entregado a principios de ese año, hizo que estas presentaciones fueran generando una alta expectación de su parte y del público francés que lo recibió con los brazos abiertos.
Escuchar este disco es placentero, doloroso y emocionante a la vez. Comienza de una manera que destroza inmediatamente a cualquiera que se haya enamorado, perdido y añorado a ese otro ser: «too young to hold on and too old to just break free and run» (muy joven para quedarse y muy viejo para liberarse y salir corriendo), nos canta Jeff en «Lover You Should’ve Come Over», con una intensidad que nos sumerge, nos hace sentir ahí, a pesar de no haberlo vivido nosotros mismos. Añade implorando, en el puente: «baby, I’ll try to be better for you» a esa ya bellísima y desgarradora canción. Le promete a alguien que será mejor, y esa noche nos demuestra que puede ser magnífico. Este disco es para valientes.
Luego de ese sublime momento, una vez inmersos en la experiencia, sintiéndonos en el concierto, ocurren momentos memorables, como en «Eternal Life», saca todo su espíritu y esencia punk y no deja las guitarras tranquilas, para luego pasar a su primer cover, «Kick out the jams» de MC5. Una versión igual de pesada que la original, haciéndonos olvidar por un momento del remezón sentimental de la apertura. Buckley nos muestra su virtuosismo como guitarrista. Recuerda su madre que pasaba horas practicando. Pero él no se hace el tonto y vuelve a golpearnos con su vulnerabilidad al interpretar «Lilac Wine», un dulce versión reversionada también por otra de sus maestras, Nina Simone.
De esta misma intérprete, provienen otros de los covers de este disco, indiscutiblemente uno de los puntos más altos de la jornada, «That ‘s All I Ask». Es esta canción y su interpretación, cuando Jeff Buckley ya se encuentra totalmente cómodo, con su voz, su guitarra y la fuerza física para presentarle a la audiencia la añoranza y la belleza de la melancolía que sus presentaciones.
«All that I ask is for your smile each day/ Nothing in this world would be too good for you/ I’ll give you love that will never go away» (Todo lo que pido es tu sonrisa todos los días/ nada en este mundo sería suficientemente bueno para ti/ te daré amor y eso nunca desaparecerá).
No es casual que elija ese tema en aquel momento culminante la presentación. Esa canción es la esencia de hacer a otro feliz, y eso es lo que quería Jeff Buckley, generar esas sensaciones en el público para quien tocaba. Tal como finaliza el primer tema: «it ‘s not too late», nunca es tarde para conocer, escuchar y disfrutar de la maestría de este gigante de la voz.