«Finding Emily»
Las buenas romcom parecen estar en peligro de extinción. Cada vez cuesta más encontrar una historia de amor que no se sienta repetida, una pareja con química real y, sobre todo, un soundtrack que termine resonando en tu cabeza. Este jueves de cine viajamos hasta Manchester para hablar de «Finding Emily» (2026).
Todo comienza con Owen (Spike Fearn), un joven ingeniero en sonido y músico que conoce a una chica llamada Emily durante un turno nocturno de su trabajo. Hay química, hay conexión y, obviamente, hay un intercambio de números. El problema aparece al día siguiente: el número que le dio está incompleto. Convencido de que se trata de un simple error, Owen se embarca en una búsqueda bastante desquiciada para encontrar a la misteriosa chica.
En medio de su indagación aparece Emily Raine (Angourie Rice), una estudiante de psicología que, para desgracia de Owen, no es esa Emily. Sin embargo, decide ayudarlo y ambos terminan involucrados en una búsqueda que rápidamente se sale de control, convirtiéndose en un fenómeno dentro de la universidad (y bueno, también en internet).
La película llega de la mano de Working Title Films, productora detrás de algunas conocidas romcoms británicas, entre ellas «Bridget Jones’s Diary». Esta vez, sin embargo, la dirección quedó en manos de Alicia MacDonald, quien debuta en el largometraje, y de la guionista Rachel Hirons, para trasladar ese espíritu de comedia romántica británica a un campus universitario y a una generación que vive el amor y las relaciones románticas de una manera bastante diferente.
Y es precisamente en la relación entre Owen y Emily Raine donde la película encuentra uno de sus mayores encantos. Porque aunque la premisa podría hacernos pensar que estamos frente a otra historia sobre dos personas destinadas a enamorarse, «Finding Emily» se toma su tiempo para construir el vínculo inesperado entre ambos. No se trata simplemente de una atracción inmediata, sino de dos personas que, en principio, están buscando objetivos completamente diferentes y que terminan encontrando en el otro algo más.
Owen llega a esta historia con una idea bastante definida de lo que quiere. Su búsqueda de Emily está impulsada por esa idea romántica de que existe una persona especial que está destinada a él. El problema es que esa idea puede ser mucho más atractiva en su cabeza que en la vida real. Y mientras más insiste en encontrar a la Emily que conoció aquella noche, más evidente se vuelve que quizás está persiguiendo una fantasía.
Emily Raine, en cambio, funciona como un contrapunto perfecto. Como estudiante de psicología, observa las situaciones de una forma mucho más racional, aunque eso no significa que tenga todas las respuestas, ni que haga lo correcto. Su participación en la búsqueda comienza casi como una ayuda circunstancial, pero de a poco la relación con Owen se convierte en algo mucho más significativo, ya que utiliza a Owen como sujeto de investigación de su tesis, que tiene como premisa la idea de que “el amor romántico es un estado de locura temporal (una especie de psicosis) y un impulso evolutivo de autosabotaje que lleva a las personas a hacer estupideces y delirios”, pero al mismo tiempo termina sintiendo algo por el, invalidando por completo su teoría.
Entre ambos existe una dinámica que permite que la película juegue entre el humor y momentos más genuinos, sin que ninguno de los dos personajes termine reducido al típico estereotipo de una comedia romántica. Además, la película aprovecha muy bien su escenario universitario. El campus se transforma en un lugar muy importante, ya que más que ser un espacio lleno de estudiantes y rumores, es donde la búsqueda de Owen adquiere una dimensión cada vez más absurda y ridícula.
Uno de los grandes aciertos de «Finding Emily» está en su selección musical. El soundtrack recorre distintas generaciones y estilos, mezclando clásicos como «Blue Monday» de New Order con canciones más actuales de la mano de Chappell Roan con «Super Graphic Ultra Modern Girl», Billie Eilish con «bad guy» y Carly Rae Jepsen con «Call Me Maybe». También hay una fuerte presencia de artistas británicos, como Blossoms, incluso la banda hace un cameo tocando durante el baile de fin de año de la universidad, interpretando «There’s A Reason Why (I Never Returned Your Calls)».
Y la música no se queda solamente en el soundtrack. Uno de los momentos más icónicos ocurre cuando Owen y Emily llegan a una especie de tocata durante su búsqueda. Es ahí donde Emily conoce otra faceta de Owen: la de guitarrista. Ella lo ve desenvolverse en un espacio donde claramente se siente cómodo, y la escena consigue algo que la película hace bastante bien, mostrarnos la conexión entre ambos sin necesidad de explicarla demasiado. Por un momento, la búsqueda de la misteriosa Emily queda en segundo plano y simplemente vemos a dos personas conociéndose desde un lugar mucho más íntimo.
La música vuelve a tomar protagonismo cuando Owen aparece en el noticiero de la universidad para dar una declaración sobre la búsqueda. En lugar de limitarse solo a hablar frente a las cámaras, decide cantar una canción que escribió para la Emily que está buscando. Es una escena que podría haber resultado cursi, pero que funciona precisamente porque resume la manera en que Owen procesa sus emociones, a través de la música. Y ese tema tiene, además, una particularidad: no se trata simplemente de una canción escogida para acompañar la escena. «Catch You Up» forma parte de la música creada específicamente para la película y es interpretada por el propio Spike Fearn.
En ese sentido, la música no funciona únicamente como decoración. En una película protagonizada por un ingeniero de sonido y músico, tiene sentido que tenga un peso tan importante. Owen vive y entiende el mundo a través de ella. Hay canciones que acompañan momentos de euforia, otras que refuerzan la nostalgia y algunas que simplemente consiguen instalarse en la cabeza, como ocurre con esas películas que años después recordamos tanto por una escena como por la canción que sonaba de fondo en ese momento.
Bajo la apariencia de una comedia romántica sobre un chico buscando a una chica, encontramos una historia sobre las expectativas y las idealizaciones. Por eso, aunque «Finding Emily» tiene todos los elementos clásicos de una romcom; el encuentro, el malentendido, la búsqueda, la química y las situaciones absurdas, su mejor versión aparece cuando deja que sus personajes sean un poco más contradictorios. Owen puede ser romántico y obsesivo al mismo tiempo; Emily puede ser racional, pero también dejarse llevar y entre ambos existe una relación que se construye justamente a partir de esas diferencias.
En definitiva, «Finding Emily» es una película que apuesta por una fórmula conocida, pero que encuentra suficiente personalidad en sus personajes, su humor y, especialmente, en su propuesta musical para hacerla sentir fresca. No pretende descubrir qué es el amor por primera vez, pero sí preguntarse qué ocurre cuando confundimos aquello que creemos querer con aquello que realmente necesitamos.